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Centralismo y representación política de las regiones

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Se ha reinstalado en el debate público el siempre pendiente tema de la reforma al sistema electoral binominal. Este ha sido un asunto cuestionado prácticamente desde el retorno mismo a la democracia; sin embargo, nunca se han alcanzado los quórums parlamentarios ni los acuerdos necesarios para encaminar el sistema electoral hacia otras fórmulas.

Independiente de los incentivos a la competencia intra coaliciones y las polémicas elecciones de terceras mayorías, uno de los argumentos que se suelen utilizar para criticar al actual sistema de elección de parlamentarios es la gran asimetría de representación entre los candidatos electos en distritos y circunscripciones con poca población y los que lo hacen en zonas ampliamente pobladas. En Aysén, para elegir dos senadores, el año 2009 votaron 41.167 personas, mientras que en Santiago Poniente, para mismo número de senadores, el año 2005 votaron 1.503.986; es decir, un voto en Aysén vale por casi 40 votos de Santiago Poniente.

Esta distorsión provoca que Santiago (4 senadores) escoja poco más del 10% del senado, teniendo casi al 40% del electorado del país. En el caso de los diputados, esta asimetría es menor, pero sigue existiendo. Esta particularidad del sistema electoral chileno ha provocado no pocas propuestas para ampliar el número de parlamentarios electos en la Región Metropolitana como parte de una reforma más amplia al sistema binominal.

El problema de una eventual reforma aumentando los cupos por Santiago, es que actualmente la capital ya tiene una sobrerrepresentación importante de parlamentarios en regiones. En el caso del senado, la ley no exige tener domicilio ni algún tipo de vínculo histórico con la región que representa, y eso ha llevado a que, actualmente, una parte importante de los senadores “regionales” no tengan más relación con su región que algunas oficinas parlamentarias o un departamento para alojarse durante las esporádicas visitas a sus zonas. Esto es lo que, senadores como Carlos Bianchi, han llamado repetidamente como “turismo electoral”.

Analizando las declaraciones patrimoniales de los senadores actualmente en ejercicio, se encuentra que más de la mitad de los senadores (21 de 38) tienen su domicilio en Santiago, pese a que a esta zona sólo le corresponde elegir 4 senadores. Visto de otra forma: de los 34 senadores que les corresponde a las regiones, 17 viven en la capital. Esto es particularmente notorio en la zona norte del país donde, entre las regiones de Arica y Coquimbo, sólo dos senadores (Carlos Cantero y Baldo Prokurica) no residen en Santiago. Si bien en la zona sur las cifras no son tan evidentes, sí llama la atención, por ejemplo, la situación de la Región de los Ríos, donde los dos senadores (Carlos Larraín y Eduardo Frei) no son precisamente líderes formados en la región.

Dada la masiva presencia de figuras de Santiago en la política regional, queda la duda sobre qué tan conveniente sea aumentar los cupos para una ciudad ya sobrerrepresentada políticamente a nivel nacional; considerando además que desde esta misma ciudad se designa a gobernadores e intendentes regionales sin participación alguna de las ciudadanía local.

Es un hecho que la actual política de “subsidiar” políticamente a las regiones, con una dotación de senadores y diputados superior a lo que representa su electorado a nivel nacional, no ha tenido los efectos descentralizadores que se pudieron prever en su momento. También es efectivo que la reforma del 2005, que eliminó el requisito de residencia para los senadores, no contribuyó precisamente a aumentar la participación política de las regiones. Sin embargo, antes de pensar en acabar con la actual distribución de escaños entre Santiago y regiones, deberíamos plantearnos otras iniciativas para fomentar la aparición de liderazgos regionales, como podrían ser la elección democrática de intendentes y consejeros regionales.

Aumentar los escaños parlamentarios de Santiago, dejando constante la situación de dependencia política -y económica- de las regiones, sólo significará una mayor representatividad para los intereses de la capital, en desmedro de más de la mitad del país que reside fuera de ella.

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Foto: Eduardo Frei / Licencia CC

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