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Asamblea Constituyente: una nueva casa para Chile

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Nuestro país puede entenderse como un gran hogar cuyas normas fundamentales se materializaron en la actual Constitución. Cuando se construyó la casa no se le consultó a casi nadie cuántas habitaciones queríamos, de qué material serían los muros y muchos otros detalles (hay que decirlo con todas sus letras: estábamos en dictadura). Por eso, cuando a más gente se le permitió opinar en el regreso de la democracia, se hicieron varios arreglos a la casa: se le cambiaron las puertas, se la pintó de nuevo y se cambiaron algunos muros interiores.

Ciertamente, aunque la propuesta de la Asamblea Constituyente ha entrado con fuerza inusitada en la agenda pública, hay que reconocer que para la mayoría de los ciudadanos de a pie para los cuales la política no es una preocupación diaria, este concepto -asamblea constituyente- continúa siendo extraño. De ahí que uno de los mayores desafíos en los próximos meses y años es hacer la pedagogía popular para explicarle a todas las organizaciones sociales, a todas las y los ciudadanos y todos aquellos que quieran escuchar (plaza por plaza, colegio por colegio, sindicato por sindicato) qué es una asamblea constituyente y por qué nuestro país requiere una. Aquí, va una versión muy simple y breve de ese esfuerzo.

Nuestro país puede entenderse como un gran hogar cuyas normas fundamentales se materializaron en la actual Constitución. Cuando se construyó la casa no se le consultó a casi nadie cuántas habitaciones queríamos, de qué material serían los muros y muchos otros detalles (hay que decirlo con todas sus letras: estábamos en dictadura). Por eso, cuando a más gente se le permitió opinar en el regreso de la democracia, se hicieron varios arreglos a la casa: se le cambiaron las puertas, se la pintó de nuevo y se cambiaron algunos muros interiores. Es decir, se le han introducido más de 50 modificaciones a la Constitución Chilena desde 1989 al día de hoy.
De hecho, la casa ha sufrido más arreglos que todas las otras casas que ha tenido la familia chilena (la Constitución de 1925 que usamos por 50 años, las de 1833 que utilizamos por casi 100 años) y muchos más ajustes que los que han tenido casi la totalidad de las casas del mundo, inclusive más allá del barrio latinoamericano.

No obstante, diferentes maestros y un número muy importante de los habitantes de la casa, han concluido que la casa chilena -ese acuerdo social básico que representa la Constitución- tiene problemas tan graves y manifiestos que es mejor reconstruirla por completo, realizar una “cirugía mayor”.

Algunos insisten -especialmente los arquitectos que participaron en la construcción de la actual casa hace ya 30 años y que continuan estando orgullosos de ella- que es demasiado costoso rehacer de nuevo la casa y que basta con hacerle nuevos arreglos, que pese a que cruje en varios puntos y el piso está desnivelado, la casa se puede salvar. Argumentan también con malicia que ninguna de las casas de la familia chilena se ha construido preguntándole a todos los integrantes de la familia, que siempre ha sido el padre militar o el tío empresario el que ha tomado las decisiones y que, aunque vivamos en general apretados mientras algunos hijos predilectos viven en piezas espaciosas, todos cabemos dentro de la actual casa.

Quienes están en contra de esta idea argumentan que hacer una asamblea popular es como desmerecer a las autoridades de la casa, como jugar con fuego en su interior o como discutir sobre un mecanismo demasiado excepcional, innecesario para nuestro hogar.

El problema es que los muros están agrietados profundamente, las cañerías fuertemente corroídas y, aunque todos los años se agranda la casa en los pisos superiores, existe el peligro real que la casa completa se desmorone. A lo mejor no hoy ni mañana, pero sí de aquí a unos años. Y mientras más tiempo nos demoremos en comenzar la construcción de la casa, mayor es el peligro que ésta se derrumbe y deje a toda la familia chilena en la calle, de improviso. Sin albergue ni mediagua de emergencia.

Por eso el objetivo es comenzar la construcción de una nueva casa convocando a todos los integrantes del hogar nacional: niños, mujeres, pescadores, estudiantes, pueblos originarios, científicos, comerciantes, transportistas, jóvenes, ancianos, chilotes, pobladores, campesinos. Escuchar cada una de las voces, para que cuando se construya esa nueva Constitución, cada uno de nosotros sienta que la casa es para permitirnos convivir a todos en el mismo espacio, desarrollando nuestra vida en comunidades, aldeas, ciudades. A lo mejor toma más tiempo que si la hacen los expertos, pero es la única forma de sentir que la casa donde vivimos la construimos entre todos, es nuestra.

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Comentarios

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jose-luis-silva

05 de Diciembre

Si tiene una constitución alternativa publiquela para que todos podamos leerla y entre todos decidir si aprobar o desaprobar, no venga con esa cuchufleta para dar por aprobada una cosntitución sin que nadie la lea. Eso de la Asamblea constituyente es cuento para gente ignorante.

05 de Diciembre

Creo que vale la pena profundizar y explícitar cuáles son las grietas y por qué son tan graves. El mero origen ilegítimo no justifica un cambio, considerando que una Constitución de origen ilegítimo se puede legitimar posteriormente por la comunidad (que por razones de contenido no creo que sea el caso de la chilena).
Tarea para una próxima columna, o no?

jose-luis-silva

05 de Diciembre

Estoy absolutamente de acuerdo con el Sr. Winter. Lo que pasa es que las propuestas actuales no apuntan a arreglar la casa, sino a demolerla. Los contenidos siempre son y deben ser discutibles, pero si encuentra que la actual constitución carece de legitimidad en su origen, imaginese como se califica un engendro que nadie ha leido creado por una asamblea.

Saludos

06 de Diciembre

Coincido con Winter. Muchas Constituciones tienen un origen ilegítimo y, no obstante, cuentan con legitimidad y se adaptan a las demandas que surgen de la sociedad.
El problema de la actual Constitución no es únicamente su origen, sino que sus disposiciones no permiten que “todos los integrantes de la casa” puedan tomar decisiones en conjunto. El binominal y los quorum calificados hacen que aunque la mayoría del país quiera ciertos cambios, estos se vean bloqueados por una minoría y prevalezca la situación institucional diseñada por la Constitución del 80. Esto es especialmente evidente en el desprestigio que produce que quien gana la elección, no puede cumplir con parte importante de esa agenda.

Por eso, la Asamblea Constituyente no debiera ser de “izquierda” o de “derecha”, sino que nos permitiría rediseñar la institucionalidad de nuestro país permitiendo que entre todos escojamos qué contenidos se incluyen.

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