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No botes tu voto: ¡Vota por programas y metas!

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Desde hace décadas que los sucesivos gobiernos manifiestan complacencia ante los logros del país en materia macroeconómica. Sin embargo, mucho menos señeros hemos sido en el crecimiento de nuestra democracia. Los déficits de la “infantilizada democracia a la chilena” son muchos. Pero hay un ámbito particularmente sensible a los ciudadanos, en el que las perversiones de la institucionalidad y la retorcida práctica “democrática” a la que estamos expuestos se vuelven cada vez menos tolerables.
Sin ir más allá que de la propia contingencia, con vergüenza asistimos al triste espectáculo que nos brinda la crisis del Concejo Municipal de la Florida. Hecho que nos enfrenta sin atajos a la debilidad y pobreza democrática de los instrumentos y mecanismos contemplados en la legislación chilena para regular el gobierno local. Y a la complicidad de los partidos sin distinción, del Gobierno y lo que es peor, de los propios ciudadanos espectadores, quienes contemplan divertidos las explicaciones pueriles y soluciones perversas, para un suceso que debiera escandalizar y mover a la acción, o por lo menos, a una reflexión más profunda.
Dado el impacto objetivo y perceptible que este nivel del gobierno tiene en la vida cotidiana de las personas, y las funciones vitales que detentan nuestros sobrecargados municipios en áreas claves no sólo para la vida de los sectores más vulnerables del país, sino también, para la ciudad como bien público (vivienda, infraestructura pública, seguridad ambiental, salud y educación por nombrar sólo algunas), es que como ciudadanos debemos hacernos cargo del derecho y la responsabilidad de demandar que la gestión del municipio y sus tareas de gobierno sean eficientes. Además del Municipio de Valparaíso, que arrastra un déficit presupuestario por décadas y que hoy alcanza a los 19 mil millones de pesos, ¿cuántos otros hay en el país en situación similar?
Como ciudadana militante, y junto con otros ciudadanos agrupados en la Red Nacional por Territorios Justos y Sustentables, estamos promoviendo que el país discuta seria y abiertamente estos temas. Apostamos por la contraloría ciudadana como una estrategia que vale la pena probar, no para fiscalizar o perseguir “a los malos” en una suerte de caza de brujas, sino para involucrar a la ciudadanía amplia en una relación de colaboración con los administradores públicos. Y que esta relación de corresponsabilidad se formalice y legitime a través de instrumentos públicos y no por alguna ética, estrateg,ia electoral o voluntad del Alcalde buena onda.
Queremos por ejemplo, una ley amplia de rendición de cuentas para los cargos de representación popular. Queremos que al igual que otras sociedades en América Latina, tengamos el Voto Programático, de modo que en las elecciones municipales del 2012 o 2016 disminuya la demagogia, que no nos hagan promesas que no se pueden cumplir, que no nos pidan el voto a cambio de un juego de camisetas para el club o una sede que nunca se llegará a levantar. Queremos que los candidatos y candidatas inscriban su nombre junto con un programa de gobierno para la comuna, y que ese acto les obligue de alguna manera a, por lo menos, hacer lo posible para cumplirlo. Queremos que ese programa, cuando el candidato sea electo, se transforme en un plan de metas, construido con participación de la ciudadanía, sobre el cual luego podamos medir todos, cuánto avanzamos y cuánto todavía nos falta para tener la ciudad que queremos.
Junto con invitarlos a un Seminario Internacional para discutir el Voto Programático y el Plan de Metas como instrumentos de contraloría ciudadana para Chile (24 de marzo de 2011, Congreso Nacional) le pedimos a los legisladores, y a los partidos y sensibilidades a los que estos se deben, que tengan la madurez y la lucidez de discutir esta propuesta honesta y seriamente. Podemos asegurarles que esto sería una buena señal para recomponer la ya gastada relación con los ciudadanos, y para comenzar a confiar de nuevo.
Y no nos digan que no estamos preparados que ya estamos bastante creciditos!
* Patricia Beltrán, Red Chilena por Territorios Justos y Sustentables
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