Ministro de Transporte: ¡A mí no me miren! - El Quinto Poder
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Ministro de Transporte: ¡A mí no me miren!

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Espero que dejemos de perder el tiempo pidiéndole peras al olmo. Espero que vayamos a exigirle al arriero y no al buey, que nos diga qué va a hacer para mejorar el transporte, y el Transantiago en particular. Los llamo a que le exijamos al MOP y al MINVU que se dejen de hacer los lesos, y asuman abiertamente que la responsabilidad de las mejoras del transporte están sobre sus hombros, no sobre los del Ministerio de Transporte.

Más temprano que tarde, al nuevo Ministro de Transporte le van a hacer las mismas preguntas injustas que le han hecho a todos sus predecesores: ¿qué va a hacer para arreglar los problemas de transporte? ¿Cómo va a arreglar el Transantiago? Injusto, porque el Ministerio de Transporte nada puede hacer al respecto.

Podrá sonar ridículo y absurdo, pero es cierto: el Ministerio de Transporte no tiene atribuciones para realizar inversiones de transporte. El Ministerio no puede, aunque quiera, decidir inversiones en Metro, corredores de buses, autopistas, ensanches viales, ciclovías, tranvías, y en general, cualquier solución de transporte. No puede. La ley no se lo permite. La ley no le da al Ministerio la capacidad para decidir ni ejecutar esas cosas. La ley le dio esas atribuciones a otros dos ministerios, el de Obras Públicas (MOP) y el de Vivienda y Urbanismo (MINVU).

El caso del Transantiago merece especial mención, por el asunto del subsidio. Como todos sabemos, tras la catástrofe inicial, una ley especial fue creada para darle al Transantiago un subsidio elevado. Cada año, mucha plata fluye al Ministerio de Transporte para entregársela al Transantiago. Sin embargo, el destino de ese dinero es único: subsidiar la tarifa. Eso significa que la plata debe usarse única y exclusivamente para que el pasaje sea más barato. Consecuentemente, ese montón de dinero NO puede usarse para mejorar el sistema. El Ministerio no puede, aunque quiera, usar la plata del subsidio para reparar los paraderos, para hacer nuevas pistas solo bus, para instalar más cámaras de TV que eviten que las pistas solo bus sean invadidas por autos, para mejorar la planificación de las rutas, para contratar inspectores que eviten la evasión, etc. No puede hacerse nada con esa plata, excepto bajar el valor del pasaje. La ley del subsidio en el fondo asegura que el sistema siga igual, pero con un pasaje más barato.

Brutal, ¿no? Pese a que los problemas de transporte, y especialmente los problemas del Transantiago, están dentro de lo que más le importa a los ciudadanos, resulta que el Ministro del ramo no tiene autorización para implementar soluciones.

¿Y entonces qué hace el Ministerio de Transporte?, se preguntará usted. Fácil, en la ciudad sus labores principales son: controlar el sistema de plantas de revisión técnica, controlar los semáforos, fiscalizar junto a Carabineros la Ley de Tránsito, reglamentar los servicios de taxis y colectivos, hacer estudios, hacer licitaciones de servicios de buses, y hacer cumplir los contratos asociados a esas licitaciones.

Estará de acuerdo conmigo que ninguna de esas tareas es muy glamorosa, y ciertamente ninguna tiene que ver con implementar mejoras al sistema de transporte. La única sutil excepción es lo de las licitaciones de buses, y por ello merece un comentario más detallado para el caso de Santiago: hay 7 empresas de buses que operan el Transantiago, y cada una tiene un contrato con el Ministerio que define las condiciones en que se da el servicio. Pero los contratos ya están firmados y andando, así que el Ministerio aunque quiera no puede inventar nuevas exigencias. Su única labor es ser fregado para que las empresas cumplan lo que ya dicen los contratos. El Ministerio por tanto no puede mejorar el sistema por ese lado, solo puede esforzarse porque los empresarios cumplan lo que dice el contrato. Existe en todo caso una pequeña grieta donde el Ministerio puede hacer algo más: las empresas de buses cada cierto tiempo proponen cambios de rutas y/o cambios de frecuencias, y el Ministerio debe aprobarlos. Ahí, solo ahí, existe un pequeño espacio para muñequear: el Ministerio puede tratar de convencer a las empresas de que tales o cuales modificaciones son deseables, y de vez en cuando logra salirse con la suya. Ese es, realmente, el único espacio donde el Ministerio de Transporte puede hacer algo para mejorar el transporte de Santiago.

Por supuesto, el Ministerio debe trabajar en preparar las futuras licitaciones de servicios de buses, para cuando los actuales contratos caduquen, poniéndole todo el empeño posible para que esos futuros contratos sean buenos. Uno espera que el Ministerio confeccione licitaciones que aseguren que los futuros contratos tengan buenos incentivos y exigencias apropiadas, por ejemplo en el trato de los choferes con el público. Pero no se engañe: ningún contrato, por esmero que le ponga, podrá hacer que los buses se muevan más rápido; ningún contrato podrá evitar que los buses sean ahogados por la congestión. La congestión no se elimina por decreto ni por buena voluntad de dos partes firmando un contrato. Para eso hay que invertir en la vialidad, y eso el Ministerio no tiene permiso de hacer.

El Ministerio, tras bambalinas, va y conversa con los ministerios que sí pueden invertir en la ciudad, el MOP y MINVU, y los trata de convencer de hacer ciertas cosas. Les hace ojitos, les soba el lomo, les pide por favor, por favor, por favor que hagan esto o aquello. Pero más que eso no puede hacer. El MOP y el MINVU, lamentablemente, tienen sus propias agendas y prioridades, y eso es letal para los intereses del Ministerio de Transporte. Resulta muy cómodo para el MOP y el MINVU, por lo demás, que si las inversiones de transporte no se concretan, la gente no les pasa la cuenta a ellos: ¡la gente culpa al Ministerio de Transporte!

Los medios de comunicación, muchos políticos, y gran parte de la ciudadanía, no conocen estas cosas. Por esa razón se confunden y le exigen al Ministro de Transporte lo que no puede hacer. Le piden que arregle el transporte de la ciudad, cuando no tiene facultades para hacerlo. Le piden que use el subsidio para el Transantiago para mejorar el vilipendiado sistema, cuando está prohibido hacerlo. El Ministro de Transporte de turno comete siempre además el error de no admitir abiertamente que no puede hacer nada. Eligiendo palabras lindas y vagas, el Ministro trata de que pase desapercibida su falta de atribuciones. Nos habla de que “se están coordinando” con el MOP y el MINVU, que en realidad es una manera educada de decir que el Ministro está afanosamente tratando de convencer a esos dos ministerios de que construyan alguna cosa que a Transporte le interesa.

Ojalá durante este nuevo gobierno que comienza pronto, nosotros los ciudadanos apuntemos mejor los dardos. Espero que dejemos de perder el tiempo pidiéndole peras al olmo. Espero que vayamos a exigirle al arriero y no al buey, que nos diga qué va a hacer para mejorar el transporte, y el Transantiago en particular. Los llamo a que le exijamos al MOP y al MINVU que se dejen de hacer los lesos, y asuman abiertamente que la responsabilidad de las mejoras del transporte están sobre sus hombros, no sobre los del Ministerio de Transporte. La ley distribuyó tontamente las atribuciones entre las instituciones, pero es lo que hay. Y mientras eso siga siendo así, es nuestro deber afinar la puntería para que se hagan realidad nuestras demandas.

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Foto: Wikimedia Commons

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