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La ciudad así como la conocemos, no la conocemos tanto

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La arquitectura recoge el estereotipo y plantea bases de diseño según sea el barrio. Es difícil pensar que Karl Brunner haya supuesto que el centro cívico de Santiago iba a ser diseñado para familias pobres. Sin embargo, hay comunas con grandes índices de pobreza pero que aíslan un territorio y lo ponen a disposición de personas con más dinero.

Santiago, ciudad fundada en 1541 y cuyo plan urbanístico comprendió una acotada estructura de distribución; el plano damero. Plano que agrupaba los más importantes servicios y a las más “importantes” familias. La pobreza y el poco glamour se quedaba al margen. La evolución de la ciudad comenzó a impulsar las migraciones de la aristocracia, pero con un patrón crónico: “La periferia”, que no solo es un concepto geográfico, sino también social. Pensar en que el Santiago urbano de clase alta en algún momento llegaba hasta Parque Bustamante suena extraño. Aquel eje albergaba la línea del ferrocarril y que separaba en dos áreas a Santiago, aunque era posible encontrar grandes parcelas de agrado hasta la Calle Lyon y Tobalaba.

Existe un motor en Santiago que logra hacerla evolucionar con rapidez y los grupos, con mucho o poco poder adquisitivo, parecieran tener códigos que los agrupan. La clase media y clase baja quedan desprendidas de los grandes planes urbanísticos. Las configuraciones barriales y el valor del suelo de Vitacura no es igual al valor del suelo de Lo Espejo. Esta desventaja para las comunas más pobres ofrece un suelo cuyas posibilidades de compra se hacen efectivas para un gran porcentaje de la ciudad.

El motor de Santiago ha hecho que la clase alta experimente asentamientos y logre ubicarse en la última cota de la pendiente que define a Santiago. Junto con la clase alta, también escapan sus servicios. Si antes el colegio Pedro Nolasco, Santiago College o el Liceo Alemán se ubicaban bajo Plaza Italia, hoy han logrado emplazarse harto más arriba de ella.

Existe un eje común que puntualiza y estereotipa los estratos y, de los estratos se desprenden conceptos, juicios y creencias.  La arquitectura recoge el estereotipo y plantea bases de diseño según sea el barrio. Es difícil pensar que Karl Brunner haya supuesto que el centro cívico de Santiago iba a ser diseñado para familias pobres. Sin embargo, hay comunas que juegan con una ambigüedad social bastante notoria; como Pudahuel y sus “Lomas de Lo Aguirre”, como Huechuraba y su gran “Pedro Fontova” o Peñalolén y su “comunidad ecológica”. Comunas con grandes índices de pobreza pero que aíslan un territorio y lo ponen a disposición de personas con más dinero.

Hay, entonces en la intención del diseño ideas ocultas cuando se proyecta una idea ¿Habrá arquitectura comunista, fascista, cultural, industrial, para pobres, para ricos, para empleados, para homosexuales, para europeos? Es complejo interpretar las intenciones detrás de un lápiz. Cada rincón de la ciudad tiene intenciones y está sujeto a mutaciones que la sociedad pueda realizarle.

La ciudad empresarial, el Barrio Bellas Artes, El Barrio República, El Barrio El Golf (ícono de la transformación), el Barrio Suecia; hoy expresan un perfil, hace diez años tuvieron otro y tal vez en treinta sean peladeros o parques o el centro de la Ciudad sea Cantagallo.

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