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¿Cómo debiera ser una ciudad como Santiago?

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Si llenásemos la ciudad de edificios de departamentos de 4, 5 o 6 pisos, simplificaríamos sus problemas habitacionales. Pero permitiendo una cierta similitud o regularidad, de forma que los edificios no se anulen unos a otros, sino que se potencien entre sí. Una ciudad como Santiago debiese estar masivamente construida con este tipo de edificios, y tener una extensión en superficie menor a la que tiene actualmente.

Se dice que cualquier realidad comienza primero en el pensamiento, esto suena tal vez a principio metafísico pero es más bien una verdad práctica, ya que para llevar a cabo cualquier idea o proyecto, se debe primero imaginar y visualizarla. Como sea, la fantasía es útil para pensar y resolver problemas, y nos ayuda a imaginar de mejor manera las nuevas situaciones.
Imaginarnos la ciudad de Santiago en su forma ideal es un ejercicio necesario, y para ello debemos basarnos en nuestra realidad concreta, en los datos y realidades sobre los que se asienta.

Debemos tener en cuenta, para comenzar, que Chile no es un país con muchos habitantes. Si la ciudad de Santiago tuviese la población de Nueva York o Buenos Aires, prácticamente toda la población del país se concentraría en un solo lugar. Tampoco nuestro país es denso, como en el caso de Holanda, que concentra en un pequeño territorio una gran cantidad de personas. En realidad, lo que más abunda en nuestro país es suelo, y territorio para ser habitado. Esto no significa que una sola ciudad deba tener toda la superficie que quiera, pues eso significa ir en desmedro de otras ciudades (y de la misma ciudad). También es preciso reservar los mejores terrenos para el cultivo, no construyendo sobre ellos.

Santiago, actualmente, presenta dos rasgos contradictorios: por una parte, está muy extendida en superficie; y por otra, tiene una elevada densidad de población y abundante construcción en altura en algunas zonas. Es decir, presenta dos desventajas, pues continúa siendo una ciudad extensa, pero cada vez disfrutando menos las virtudes que podía tener, como las casas aisladas con patio y jardín.

Una ciudad ideal

La ciudad ideal no es tan difícil de concebir, ni de poner en práctica. Ante todo, hay que tener en cuenta que aquello que funciona mejor es aquello que en provee bienestar. No hay que suponer que lo ideal es sinónimo de costoso, pues lo “no ideal” acarrea, por definición, costos y provoca problemas. Una ciudad muy extendida en superficie, o con muchos edificios altos, consume muchos recursos, en términos energéticos y económicos. Las ciudades “poco ideales” no son “practicas”, sino “problemáticas”.

Debemos tener en cuenta que una ciudad ideal debiese tener una extensión en superficie, óptima, y una altura, también, adecuada.

Si la ciudad de Santiago o cualquier otra tiene mucha construcción de viviendas de un piso, o de baja altura, el problema no se soluciona construyendo ocasionalmente una torre de muchos pisos. Esto, porque una torre de departamentos arruina la habitabilidad de las casas o construcciones más bajas que la rodean. Para lograr un equilibrio habría que construir muchas torres de departamentos alrededor de esa torre, lo que es claramente imposible, extendido a toda la ciudad.
La solución obvia, entendida de manera intuitiva, es la construcción de edificios de altura media, los cuales se encuentran en un promedio entre ambos tipos de construcciones.

Si llenásemos la ciudad de edificios de departamentos de 4, 5 o 6 pisos, simplificaríamos sus problemas habitacionales. Pero permitiendo una cierta similitud o regularidad, de forma que los edificios no se anulen unos a otros, sino que se potencien entre sí.

Una ciudad como Santiago debiese estar masivamente construida con este tipo de edificios, y tener una extensión en superficie menor a la que tiene actualmente.

Las urbes de otros países

A menudo se pone el ejemplo de las ciudades europeas como referente de calidad de vida. Las urbes de Europa no tienen mucho misterio. Son, básicamente, ciudades pequeñas en superficie y con edificación de altura media.

Una ciudad típica del viejo continente está llena de casas de varios pisos (entre 4 u 8), habitualmente divididas en departamentos, o bien de edificios nuevos de escasa altura. La construcción en ellas no excede ciertos límites de altura y superficie. Y dan cabida a un gran número de habitantes.

Para unir las ciudades se usa masivamente la conexión por ferrocarril. Es un error suponer que todos los trenes del viejo continente son de última tecnología, y todos de alta velocidad. Se trata de trenes normales que cubren distancias en un tiempo razonable, que tienen buena tecnología pero no necesariamente la última. Para eso, la tecnología de punta se desarrolla e implementa en ciertos lugares especiales.

Además de eso, las ciudades del continente tienen, generalmente, edificación continua, que significa que presentan una fachada continua a lo largo de la calle, que permite también una densidad algo mayor de habitantes. Esto puede ser así o no en el caso de Santiago, pero no es tal vez el rasgo más destacable, sino el hecho que la mayoría de sus habitantes vive en departamentos, ya sea nuevos o reacondicionados en casas antiguas, y que estos edificios son de altura mediana, y no baja, ni alta.

Beneficios de la altura media

Una altura media para un edificio de departamentos presenta ciertas ventajas, tales como que no se requiere, en muchos casos, de ascensores. En el caso de tenerlos, no se necesita usarlos siempre ni de manera excluyente, ya que todos los pisos se encuentran a una distancia razonable. Esto constituye un ahorro energético, y financiero. Por otra parte, las personas que habitan en edificios de altura media, no pierden contacto con la vida urbana, ya que pueden ver a las personas en la calle, e incluso conversar en algún caso. Tampoco pierden contacto, por ejemplo, con la vegetación, como sucede con los árboles.

A nivel de ciudad, es una visión más integradora por cuanto una urbe no demasiado extensa en superficie facilita que los habitantes de todos los sectores tengan contacto entre sí. Al tratarse, además, de edificios más pequeños (los edificios altos pueden albergar una enorme cantidad de personas y de familias), se produce un fenómeno similar dentro de los mismos: es más fácil que los habitantes de un edificio pequeño se conozcan. Este constituye un beneficio para las personas que lo habitan.

La altura media, además, permite que la ciudad pueda tener un tamaño razonable, sin que se produzcan bolsones o espacios donde la concentración de población sea muy abundante, frente a otros que tienen una densidad más baja. La ciudad se regulariza, se hace más regular y consistente. Adquiere una concentración y conformación que resultan más compactas.
Una ciudad como Santiago, no debiera, en general, tener ni muchas casas de un piso ni muchas torres de departamentos, arruinando esporádicamente barrios enteros, sino una concentración uniforme y racional de edificios de 4, 5 o 6 pisos, con ciertas excepciones como pueden ser los edificios de finanzas, o algún hito urbano.

Foto: Wikimedia Commons

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Comentarios

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Nestor Jara

18 de diciembre

Interesante texto sobre una definion tipologica y urbana para la ciudad, hace bien difundir miradas.

Seria interesante pudieran profundizar en el tema desde una mirada mas integral. Urbanismo sin una mirada politica no es urbanismo. Y sabemos bien que la ciudad NO IDEAL que tenemos no es asi por falta de conocimientos tecnicos o voluntades. Es como es porque el modelo de desarrollo inmobiliario actual tiene poco de urbano y mucho de inversion de capitales y rentabilidad.

Difundir esa discusion, sus actores, cuotas de poder y el rol de las instituciones que la componen, seria un paso siguiente muy interesante de dar.

Saludos, y que viva la ciudad!

composit

19 de diciembre

El arte no debe volverse más politico, sino que la politica y la sociedad debe valorar el papel de las artes, la arquitectura y el urbanismo, el arte no debe volverse «util» sino que la sociedad debe darse cuenta de su intrinseca utilidad, el arte no se vuelve más util o mas valido si se politiza, es la politica, en una democracia activa, inclusiva, la que debe entender el papel de las distintas profesiones artisticas, para no quedarse relegada a unas pocas areas de intereses, consideradas «practicas», y asi no desaprovechar recursos y conocimientos. La politica, si queremos hablar de politica, debe entender el papel de las artes, en este caso de la arquitectura y el urbanismo, en resolver problemas sociales como la exclusion, la desigualdad, o el progreso economico. El arte tiene un papel y una utilidad que cumplir y la sociedad tiene que descubrirlo, y darle un espacio, si no se estará perdiendo una gran parte de sus conocimientos, y en suma, de su cultura. Saludos

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