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Carta abierta al alcalde de La Reina, Raúl Donckaster

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Pedir la construcción subterránea de una autopista finalmente es la lucha por el mal menor, porque este proyecto es una consecuencia más de que hemos votado una y otra vez por presidentes y alcaldes que han privilegiado a los automóviles como modo de transporte, en vez invertir en mejoras al sistema de transporte público y la movilidad en modos no motorizados como la bicicleta y la caminata.

Señor Alcalde,

El miércoles 2 de enero escuchaba sus palabras a propósito de la protesta que hacían los vecinos de su comuna, por la confirmación del trazado de la nueva autopista Vespucio Oriente.  No puedo evitar el impulso de comentar algunas de las ideas que plantea, porque a pesar de que han pasado algunas horas de haberlo escuchado, el disgusto no me abandona.

Primero le cuento que compartimos algo de la idea: el proyecto de la autopista no me gusta.  El resto de su discurso es el que encuentro algo anticuado, injusto y no sustentable. Creo que se equivoca al relacionar el concepto de “autopista” con “desarrollo”, pensando que podrá asegurar el desarrollo (en el más amplio sentido de la palabra) de los vecinos a quienes representa con la construcción de una autopista subterránea. Creyendo que se anulan las externalidades de nuestra política de transporte, que privilegia el automóvil por sobre otras forma de movilidad, sólo remplazando el proyecto de una autopista a nivel por una subterránea.

Estamos claro, será difícil oponerse por completo a la construcción de la autopista. Bien sabemos que la opinión de los vecinos y los buenos deseos de algunos alcaldes pesan menos que un paquete de cabritas ante el Ministerio de Obras Públicas. Perdone la crudeza, pero así es. La experiencia que tuvo Ciudad Viva hace más de 10 años al discutir con el MOP el trazado de la Costanera Norte y la que hoy tienen los vecinos de La Pintana por la construcción y operación del Acceso Sur a Santiago son una muestra de ello.

Entonces, ¿por qué en vez de pelear por la construcción subterránea de Vespucio Norte, no luchamos por una política de movilidad urbana verde, justa y centrada en las personas? Pedir la construcción subterránea de una autopista finalmente es la lucha por el mal menor, porque este proyecto es una consecuencia más de que hemos votado una y otra vez por presidentes y alcaldes que han privilegiado a los automóviles como modo de transporte, en vez invertir en mejoras al sistema de transporte público y la movilidad no motorizada, como el uso de la bicicleta y la caminata.

Por ello creo que tenemos conceptos de desarrollo distintos. Defender una “La Reina amiga del medio ambiente” como usted decía en la entrevista no pasa sólo por pedir la construcción subterránea de una autopista, pasa por pedir al Ministerio de Transporte y al de Obras Públicas una nueva política de movilidad. Y aquí aprovecho de contarle que el Ministro Errázuriz anunció en su cuenta pública que en enero de 2013 su cartera presentará el “Plan Maestro de Transportes Para la RM al 2025”, que incluye más autopistas y no menciona los modos no-motorizados; y qué decir de nuestra participación como usuarios, si anuncian orgullosos que nos la “presentarán”.

Lo invito a conversar, aunar fuerzas y no sólo protestar por la construcción a nivel de una autopista, sino a trabajar juntos por un sistema de transporte para nuestros barrios centrado en las personas y no en las máquinas ni en los intereses inmobiliarios.

Le saluda atentamente,

Sofía López Carrasco.

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