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Bielsa y lo público

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Vuelvo a escribir después de largos meses sin inspiración. No es que nada haya pasado en este periodo famélico, más bien, acúsome de un letargo acomodaticio. Más fácil era descargar compulsivamente mis ideas en Twitter. Hoy lo hago con inspiración renovada -no por eso ordenada- producto de la emancipante declaración de principios que acaba de hacer el Sr. Marcelo Bielsa. De quedar rastrojos en las púas siempre filosas del pensamiento, se lo achacaré al iracundo estado mental que me provoca la posible partida de don Marcelo.
 
Haciendo homenaje a una charla sabrosa como la del rosarino, llena de anécdotas e infidencias cotidianas, apelaré a una conversación que hace un tiempo tuve con mi amigo Gonzalo Cáceres Quiero, historiador y urbanista, al que conocí en mi etapa en el Instituto de Estudios Urbanos de la UC. Gonzalo, por ese tiempo abocado a tareas administrativas en dicho plantel, me confidenció sus deseos de llevar a don Marcelo a dar una charla a estudiantes de uno de sus cursos. Su sentencia para defender su postura ante mi gesto atónito fue clara: ¡Bielsa es el espacio público! Menuda frase. Aventurada, arriesgada, altisonante, pretenciosa y quizá hasta errada frase, pero no desprovista de la más importante de las virtudes académicas: el llamado a pensar y discutir frases aventuradas (eso suelen ser las hipótesis) con mérito en sus argumentos.
 
El asunto es que tal actividad nunca prosperó. Ni siquiera lo discutimos mucho con Gonzalo. Él atinó a decirme apenas un par de ideas que tenía para convencer a descreídos como yo, y sería todo. Sin embargo, de tanto en tanto, la frase me convoca a pensar acerca del rol de lo público en el urbanismo, del espacio público, en fin, de los valores ciudadanos.
 
El primer argumento de Gonzalo fue simple, limpio: Bielsa no hace diferencias entre los periodistas. El D.T. por esos días recién iniciaba las eliminatorias, y ya se comenzaba a notar su estilo discreto ante la prensa. No había periodista que lograra una entrevista en exclusiva. Éstas, para don Marcelo, son para todos y al mismo tiempo.
 
Desde esa argumentación, fui tratando de establecer ciertos valores presentes en Bielsa que hicieran sentido con mi utópica visión del urbanismo y que no hicieron clic sino hasta la conferencia de anoche en Quilín. Un interés por lo público antes que lo privado. Fácilmente podía yo decir que Bielsa compra sus pastas caseras en algún boliche de Bellavista o se toma el cafecito de la tarde como cualquier mortal en el negocio de la esquina, que compra las verduras en la feria de Pinto Durán (que es su casa) y conferirle a esos actos una carga demasiado simplona de urbanismo. Pero lo importante es el trasfondo del actuar de Bielsa. 
 
Su primer enojo, muy sabido, data de los tiempos de la clasificación de su selección a Sudáfrica 2010. En plena campaña, el hoy presidente Piñera osó utilizar la imagen triunfante de ese proceso con fines propagandísticos. Así como Bielsa es contrario a la exclusividad de sus entrevistas, es contrario a la privatización de lo colectivo, sobre todo cuando aquello colectivo es ajeno. Es, más que todo, una enorme declaración de principios básicos para regular la vida en la ciudad, y que lamentablemente se ha ido perdiendo paulatina pero decididamente con el correr de los años. Qué es sino eso lo que ocurre con aquellos individuos que nos meten la mano en el bolsillo al evadir el pago del Transantiago, o del agua, la luz. Nada más y nada menos, que obtener ganancias a costa de los demás. Para que decir de las plusvalías que el Estado, cada vez más guardián de intereses privados, cuida afanosamente con tal de no tocarle los bolsillos a los privilegiados. Pregúntele a un residente del barrio alto si aguantaría un relleno sanitario (o vertedero, si se quiere). No lo haría, porque mientras usa tal instalación con más intensidad que un poblador pobre, su intención será que la basura se vaya, sí o sí, donde ese pobre. Acá en Chile al menos, solemos irnos bastante frecuentemente “a la cochiguagua”.
 
También emerge en la actitud de Bielsa un sentido de desigualdad. Permitiéndome ser utópico, suele tranquilizarme bastante creer que en el espacio público todos somos iguales (al igual que en las conferencias de prensa de don Marcelo). Podremos estar vigilados, incluso ser reprimidos por el Estado, verdadero dueño del espacio público-público (recalco la redundancia dada la existencia de malls), pero al menos, suelo sucumbir a la fantasiosa idea de que en el espacio público existe una suerte de habeas corpus no escrito que nos otorga una cierta igualdad. Eso que la idiosincrasia chilena malamente ve y utiliza a su favor, es uno de los meollos del derrotero moral cotidiano de Bielsa. En tanto individuos, todos somos iguales, no importando el poder ni la posición social de cada uno. Un espíritu de carnaval cada vez más ausente en este espacio público privatizado.
 
Algo que nuestros políticos y élite en general debería, al menos, tomar en cuenta.
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