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Autonomía energética y empoderamiento ciudadano

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La bicicleta es liberación, autonomía, convivencia, cordialidad, ritmo y escala humana, en definitiva, humanización, salud y vida. La cultura del automóvil, por el contrario, es dominación, sometimiento, dependencia, violencia, velocidad y muerte.


El siglo XX tuvo como energía el petróleo y la competencia, como protagonista al automóvil, las armas, las drogas y las transnacionales. De nosotros depende producir un cambio de era, que el siglo XXI se mueva con la energía limpia, sustentable y democrática de los seres humanos.

Para los seres humanos usar diariamente el cuerpo y consumir la energía producida en los procesos metabólicos del organismo es una necesidad fisiológica y aunque las fatales consecuencias de no hacerlo se evidencien sólo con el tiempo y no nos demos cuenta sino hasta que ya es tarde, usar nuestro cuerpo y la energía que producimos es tan importante como alimentarnos o respirar. No deporte ni ejercicio físico, no gimnasia pasiva con electrofísicos, sino movimiento corporal de intensidad moderada, producido por acción voluntaria de nuestros músculos, que aumente nuestro gasto de energía; el uso de nuestro cuerpo y de nuestra energía en actividades físicas prácticas, utilitarias, incorporadas a nuestra vida cotidiana.

Un 63% de los chilenos declaran no practicar ningún tipo de actividad corporal física y pasar sus días sentados. Sedente es aquel que pasa sus días sentado y su gasto energético es inferior a 2.000 calorías semanales. El sedentarismo nos está matando lentamente en un genocidio global autoprovocado por una sociedad maquinizada, que exalta un concepto de comodidad y confort extremo, donde el esfuerzo físico, el gasto energético, el cansancio y el sudor no tienen cabida. Sedentes y ansiosos por cargas energéticas ingeridas en alimentos que no podemos quemar, la humanidad cruza rauda las fronteras de sobrepeso a obeso. A causa de la obesidad muere en Chile cada hora 1 persona y, anualmente mueren en Chile 97.930 personas, un tercio de ellas por enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) originadas por la misma fatídica mezcla de sedentarismo y calorías ingeridas y no quemadas.

Los procesos de urbanización, la construcción acreciente de vías para automóviles y políticas de mercado que los vuelven cada día más accesibles expanden nuestras ciudades, transformando la movilidad y/o el transporte en una de las principales necesidades del ser humano actual. El recambio de nuestro pasivo, alienador y contaminante sistema de transporte actual por un sistema democratizador y sostenible de movilidad activa a energía humana se impone. Movilizarse a energía humana, a pie y en bicicleta, en lugar de sentarse y ser transportado por máquinas impulsadas por motores exógenos. La masificación de la movilidad activa, moverse a pie, en bicicleta y en cualquier medio a energía humana, patines, patinetas, triciclos, etc. debe ser una meta central de nuestra sociedad, una política intersectorial y central de Estado, con financiamiento, metas, planes y programas de corto, mediano y largo plazo.

Usar diariamente el cuerpo y la energía del cuerpo humano constituye una necesidad fisiológica para conquistar y preservar la salud, pero también para conquistar y preservar la libertad política y la autonomía económica.

Iván Illich, vigencia de un maestro

El sacerdote jesuita austríaco avecindado en México Iván Illich, a principios de los años 70 nos advertía visionariamente en su ensayo Energía y Equidad que en un planeta de recursos naturales finitos existe una contradicción entre querer alcanzar, al mismo tiempo, un estado social basado en la equidad y un nivel cada vez más elevado de crecimiento industrial y maquinización. Que aquello de pensar que se puede sustituir indefinidamente la energía metabólica del hombre por la potencia de la máquina, manteniendo la libertad, la dignidad y la autonomía es una ilusión. Illich sostiene que la incorporación de más de un cierta cantidad de energía en un producto industrial inevitablemente tiene efectos destructores, tanto en el ambiente sociopolítico como en el ambiente biofísico. Que en el desarrollo de una sociedad existe un momento en el que el uso de energía ambiental/exógena sobrepasa el total de la energía metabólica humana utilizada. Cruzado este umbral, inevitablemente los individuos y los grupos de base tienen que abdicar progresivamente del control y someterse a una tecnocracia regida por las máquinas…

Nuestras ciudades han sido paulatinamente transformadas a la forma y ritmo dictadas por las máquinas. El automóvil -con el petróleo abundante y “barato” (guerras, golpes de estado, tráfico de armas, matanza de población civil, etc.), con la venia de todos y la estrategia artera y exitosa de un grupo de empresas petroleras- desplazó a los peatones y expulsó a la bicicleta de las calles, transformándose en el símbolo y encarnación del sueño de poder, velocidad y libertad de cada niño, de cada joven y adulto del siglo XX. El crecimiento y concentración de la población, el “desarrollo económico” y el aumento del poder adquisitivo y del crédito han multiplicado la cantidad de automóviles hasta hacer colapsar cada vez más ciudades, defraudando dramáticamente la promesa original de poder, velocidad y libertad. Hoy son sus propios usuarios los más necesitados de ciudades reformadas, reorganizadas de forma tal, que puedan ofrecer nuevas opciones de movilidad activa de calidad y eficiencia, para poder moverse de otra forma y liberarse al fin de la esclavitud del automóvil.

¿Qué hacer?

Avanzar hacia la figura del auto productor, consumidor de energía propia, de energía humana, movernos, trasladarnos a energía humana y cosechar, recolectar la energía residual del pedaleo, potenciarla con la energía libre y gratuita del viento y del sol, para independizarnos de las máquinas y de los motores, desenchufarnos de la Matrix, independizarnos de las transnacionales, conquistar nuestra libertad y autonomía, como un imperativo político, de equidad y sustentabilidad.

Organizarse para gestar un cambio en la valorización social de la bicicleta y la movilidad activa a energía humana, alcanzar el reconocimiento de la bicicleta como vehículo de utilidad pública e interés nacional, cuya masificación debe estar al centro de las políticas públicas de movilidad, salud, economía, cultura, educación, protección social y ambiental.

Energía humana, renovable y no convencional (ERNC)

Hoy es posible ampliar el concepto de energía renovable a todas aquellas que permitan el desarrollo de las actividades humanas sin recurrir a combustibles fósiles o nucleares y lograr la clasificación de la energía humana como energía renovable, ya que efectivamente se trata de una energía que se obtiene de medios naturales y en teoría es inagotable, ya que es capaz de regenerarse constantemente por medios naturales.

Paralelamente, surge la necesidad política de incorporar la energía humana -EH- a la plataforma de Energías Renovables No Convencionales, ERNC. Si bien esta categoría incorpora a aquellas formas de producir energía que no son muy comunes en el mundo y cuyo uso se ve limitado todavía debido a sus costos de producción, calza perfectamente para el caso de que nuestro objetivo sea además de movilizarnos, la “cosecha” o recolección de la energía térmica, cinética o de la fuerza motriz residual generada por el pedaleo o los pasos del caminante para generar energía eléctrica y activar instrumentos, artefactos y máquinas a EH. Esta categoría y esta plataforma de las ERNC fue creada precisamente como un instrumento para estimular, fomentar y subvencionar desde el Estado el desarrollo y producción de este tipo de energías renovables.

De ahí el objetivo político de este movimiento ciudadano de cambio de incorporar la EH a las ERNC para conseguir inversión de Estado, políticas públicas concretas, con planes, programas y metas medibles, con fondos de investigación, innovación y desarrollo, franquicias, subsidios y generación de una normativa de fomento a la aplicación y uso de la energía humana.

El siglo XX tuvo como energía el petróleo y la competencia, como protagonista al automóvil, las armas, las drogas y las transnacionales. De nosotros depende producir un cambio de era, que el siglo XXI se mueva con la energía limpia, sustentable y democrática de los seres humanos, y tenga como protagonista al ser humano, libre, sano, en equilibrio consigo mismo, con las y los otros y con el planeta.

Este artículo corresponde a la conferencia magistral impartida por Amarilis Horta Tricallotis, directora y fundadora de Bicicultura, en el marco del Quinto Foro Mundial de la Bicicleta – Chile 2016, en  la Plaza de Maipú, el sábado 02 abril de 2016. El título de la jornada, compartida entre 3 expositores; Gary Fisher, Theo Jansen y Amarilis Horta fue “Autonomía Energética y Empoderamiento Ciudadano”.

TAGS: #Bicicleta energía humana Energías Renovables No Convencionales

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