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Los reparos editoriales de El Mercurio al Ministerio de Ciencia

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Acusar una falta de reflexión, sugerir que la comunidad académica y científica actúa atrapada por “lógicas” y no por la evidencia e información disponibles, y negarse reiteradamente a abrir el debate en sus propios medios, no constituye precisamente lo que se podría llamar “altura de miras”.

Han transcurrido algunas semanas desde que la Presidenta Michelle Bachelet anunció su voluntad de avanzar hacia la creación de un Ministerio de Ciencia, noticia que tuvo un favorable recibimiento, al igual que la designación de la comisión asesora que tendrá la misión de generar propuestas en materias de institucionalidad, fortalecimiento de la investigación y cultura científica. El anuncio fue precedido de un proyecto de acuerdo firmado de manera unánime por todos los miembros del Senado, para solicitar a la Presidencia la creación de este ministerio, reafirmando el consenso en torno a la propuesta y demostrando que se ha logrado el objetivo de instalar estos temas en la agenda pública, gracias al trabajo de varias organizaciones.

Sin embargo, un medio destacó por sus reparos al anuncio del proyecto, en dos editoriales publicadas en los días siguientes. Los reparos de El Mercurio resultan injustificados, toda vez que la comisión asesora fue recién nombrada, y que aún faltan algunos meses para conocer sus conclusiones. Es necesario discutir dichos reparos, puesto que el éxito de la comisión asesora y, en definitiva, el futuro de la ciencia chilena, necesitan de un aporte constructivo, y no de objeciones carentes de fundamentos o que son aplicables a cualquier proyecto que se impulse para fortalecer la institucionalidad científica nacional.

Uno de los reparos se centra en la eventual “dinámica de interacción” entre las posibles autoridades del futuro ministerio. Según la editorial, “… no advierten quienes así razonan [quienes promueven la idea del ministerio para la ciencia] que los ministerios, como todas las organizaciones humanas, están sujetos a las dinámicas de interacción que sus miembros tengan con el resto del aparato estatal”. La actual institucionalidad científica se encuentra dispersa en varias carteras, empeorando dichas “dinámicas de interacción” e imposibilitando la cooperación y perfeccionamiento de las diversas agencias, además de llevar a posibles duplicaciones de programas y gastos, al igual que a una posible falta de eficacia de los programas mismos, diagnósticos en los que coinciden las principales evaluaciones del sistema nacional de ciencia e innovación. Por otra parte, si bien es posible reconocer que las dinámicas de interacción pueden constituir un problema, ¿acaso esto no sería cierto para cualquier tipo de institucionalidad que el Estado implemente? La futura institucionalidad deberá establecer roles claros en materia de diseño e implementación de políticas y programas, facilitando entonces dichas “interacciones”. Cabe señalar también que este tema ha sido extensamente discutido, por lo que no se puede aceptar la injustificada afirmación de que quienes llevan años trabajando en esta propuesta “no advierten” estos factores.

El Mercurio vuelve a la idea de la burocracia en una segunda editorial, al afirmar que “… el país está siendo atrapado en una cierta lógica… según la cual cada vez que surge un tema de discusión nacional la forma de canalizarlo es la creación de un ministerio. Pero estos deben insertarse en un esquema institucional, con una burocracia y un formalismo procedimental que muchas veces entorpecen más que ayudan a resolver los problemas”. En el caso de la ciencia, lo que los editores llaman “burocracia y un formalismo procedimental” se ve agravado en un sistema extremadamente fragmentado, sin una clara línea de responsabilidad política, y sin una estrategia y programas diseñados en conjunto con todos los actores pertinentes (llevando a conocidos problemas de diseños de programas y bases, etc.). Éste es precisamente uno de los problemas a los que se busca apuntar con la creación del ministerio (como queda de manifiesto en la propuesta de la comisión asesora nombrada el 2013), aspecto en el que deberá seguir trabajando la actual comisión asesora.

No obstante todo lo anterior, llama la atención el tono soberbio con que el cuerpo editorial analiza el tema, reflejado en una frase de una de sus editoriales: “Chile se merece un debate con altura de miras al respecto”. No se puede sino coincidir con dicha frase. La pregunta de rigor es: ¿opina(n) el(los) editor(es) que el debate que se ha dado los últimos años, y que ha conducido a la propuesta de un ministerio para la ciencia, ha carecido de altura de miras? En los últimos años se han realizado varios encuentros de análisis, incluyendo a representantes de todos los sectores pertinentes, y se han publicado estudios y propuestas, y la comisión asesora presidencial nombrada el 2013 abordó extensamente este tema. El proyecto de acuerdo firmado de manera unánime por el Senado es una muestra elocuente de la altura de miras y el consenso que se ha alcanzado respecto a la necesidad de crear una institucionalidad de rango ministerial para la ciencia en Chile.

Es evidente que resulta imprescindible recoger el trabajo desarrollado por la comisión asesora nombrada en el gobierno anterior (como sugiere una de las editoriales). La actual comisión asesora buscará seguramente ampliar el alcance del trabajo ya realizado, incorporando propuestas en materias de estrategia y de cultura científica, ámbitos en los que aún se necesitaba contar con propuestas más ambiciosas.

El editor (o los editores) acierta en su llamado a debatir con altura de miras. Sin embargo, acusar una falta de reflexión, sugerir que la comunidad académica y científica actúa atrapada por “lógicas” y no por la evidencia e información disponibles, y negarse reiteradamente a abrir el debate en sus propios medios, no constituye precisamente lo que se podría llamar “altura de miras”. El futuro de la ciencia chilena necesita no sólo un debate con altura de miras, sino que también de un mejor periodismo, que otorgue espacio a todos los actores, y que esté dispuesto al debate y al diálogo.

TAGS: Científicos Investigación científica

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