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El Ministerio de Ciencia en la encrucijada

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Han sido días complejos para el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (MinCTCI). Tras un período de relativo escaso protagonismo en el contexto de la pandemia (tal vez con la excepción del establecimiento de la red de diagnóstico de Covid-19 en universidades, una tarea que bien pudo conducir la ANID), de pronto su autoridad máxima se vio enfrentada a los medios para explicar cambios metodológicos que acarrearon críticas e incertidumbre. Esta semana, se agregó una carta que solicita su renuncia. Parecería justo decir que hay un segmento de la comunidad de investigación que no está contento con la gestión del MinCTCI. Controversias como la disponibilidad y manejo de datos, por ejemplo, parecen pasarle la cuenta al ministerio, como queda de manifiesto en un lapidario reportaje publicado hoy.

El sometimiento de las ideas a la crítica de los pares es uno de los ejes fundamentales de la ciencia. Sería absurdo, e incluso irresponsable, pretender que el MinCTCI no esté sujeto al escrutinio de la comunidad científica y de la propia sociedad. En este sentido, la carta que ha circulado en días recientes es un reflejo de una creciente sensación de que el MinCTCI ha cometido ciertos errores, que no está cumpliendo las expectativas que conllevó su creación, y que quizás se ha transformado en un organismo hermético y poco dialogante. Lo más lamentable es que, para emplear una frase de moda, esto quizás “sí se vio venir”.


Las decisiones que el ministerio tome hoy serán cruciales no solo para la permanencia de sus autoridades, sino que para la ciencia misma. Este conflicto debe ser resuelto en una forma que permita la continuidad de la instalación del ministerio, que atienda a las preocupaciones legítimas de parte de la comunidad de investigación, y que sobre todo permita que la ciencia ofrezca conocimiento y soluciones en medio del difícil escenario sanitario, social y político.

Cuando las actuales autoridades fueron nombradas en sus respectivos cargos, a fines del año 2018, escribí una columna en la que señalaba que “la historia de la creación del nuevo ministerio demuestra que esta es una obra indudablemente colectiva. Las nuevas autoridades ahora tienen en sus manos una difícil misión, y ciertamente podrán abordarla de mejor manera honrando la historia del ministerio, convocando a los diversos actores para abordar de manera colaborativa los múltiples desafíos que deberán enfrentar”. Pronto quedó claro que las autoridades no honrarían esa historia. En particular, pudimos ver un escaso aprecio por aquellas personas, movimientos y colectivos que contribuyeron a pavimentar el camino hacia la nueva institucionalidad, algo a lo que me he referido en este medio. Si en un principio se decía que “la ciencia había llegado a La Moneda”, pronto quedaría claro que en realidad solo algunos científicos lo habían hecho.

También he señalado en otras ocasiones la falta de instancias verdaderamente representativas de toda la comunidad científica. Ni la Academia de Ciencias, ni las sociedades científicas, ni diversos “frentes” o “académicos autoconvocados”, alcanzan a representar la diversidad existente dentro de nuestra comunidad. Ante esto, la única opción que podía permitir al MinCTCI construir una percepción de integración y apertura era, precisamente, el diálogo amplio y diverso con estas y otras entidades y personas. Sin embargo, este no parecía ser el camino escogido por el MinCTCI (el reportaje publicado hoy señala que “en La Moneda” se consideraría que el ministro Andrés Couve es “incapaz de tomar decisiones sin armar comisiones”; esta es una lectura extraordinariamente errada de la realidad). Un ejemplo particularmente desafortunado vino con el proceso de diálogo en torno a la futura nueva política para el área, proceso del cual muchos nos enteramos por redes sociales, y que tardó en ser abierto a la comunidad, lo que se hizo principalmente por la vía de mesas autogestionadas y no vinculantes. Ahora bien, en defensa del MinCTCI, cabe recordar que su instalación se ha llevado a cabo en medio de un complejo escenario, incluyendo el estallido social de fines del año pasado y la actual pandemia, aunque en ambos escenarios, el MinCTCI debió haber tenido un protagonismo mayor, y sobre todo distinto. Solo el tiempo dirá cuánto de los eventuales errores cometidos por el MinCTCI puede ser explicado por este complejo escenario que ha enfrentado.

Por otro lado, tampoco podemos olvidar que la nueva institucionalidad tiene un claro mandato (“impulsar, coordinar y promover las actividades de ciencia, humanidades y desarrollo tecnológico en todas sus etapas, a fin de contribuir al desarrollo sustentable y al bienestar social”, parafraseando el primer artículo de la ley 21.105). De aquello, desafortunadamente, no hemos visto mucho. Por ejemplo, se anunció la suspensión de ciertos programas (una “repriorización” que el MinCTCI justificó activamente); hemos visto cambios que no apuntan en la dirección correcta, como la decisión de aumentar el “puntaje de corte” de 2.0 a 2.5 en el FONDECYT Regular en la versión de este año, lo que solo acentuará el carácter aberrantemente hipercompetitivo de este programa (una decisión que no ha sido suficientemente explicada); y la flexibilidad administrativa necesaria para las inminentes rendiciones de proyectos de investigación en curso quizás no será suficiente para los cientos (quizás miles) de científicos que hoy se ven impedidos de realizar su trabajo debido a la pandemia.

El escenario para el MinCTCI, entonces, se ve complejo. Sin embargo, es necesario reflexionar sobre las posibles implicancias de una posible renuncia del ministro a menos de un año de la existencia formal del ministerio. Dicho escenario indudablemente podría poner en riesgo la existencia del ministerio, en particular si aún existen voces que quisieran ver un protagonismo menor de la ciencia a nivel político, o que vean en la eliminación de este ministerio una fuente de “ahorro” en un contexto financiero complejo. También hemos visto en años recientes los negativos efectos que ha causado la eliminación de ministerios de ciencia en otros países. Pero, por otro lado, ¿hay tiempo para una autocrítica profunda y sincera de parte de las autoridades del MinCTCI, y especialmente para un cambio de rumbo significativo? Dicho cambio de rumbo debiera estar marcado por la apertura del MinCTCI al diálogo, la colaboración, y la integración de la diversidad de actores, y desde luego a la acogida de las recomendaciones, solicitudes y críticas de la comunidad científica.

Demás está decir que las decisiones que el ministerio tome hoy serán cruciales no solo para la permanencia de sus autoridades, sino que para la ciencia misma. Este conflicto debe ser resuelto en una forma que permita la continuidad de la instalación del ministerio, que atienda a las preocupaciones legítimas de parte de la comunidad de investigación, y que sobre todo permita que la ciencia ofrezca conocimiento y soluciones en medio del difícil escenario sanitario, social y político.

TAGS: #CienciaInnovación #MinisterioCienciaYTecnología #Participación

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