#Chile 2030

¿Dónde se reencuentra Chile?

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45 años  y las minorías organizadas siguen haciéndonos creer que Chile es un país polarizado, donde la historia se escribe  o se cuenta  de  acuerdo a politizaciones  propias de fanaticadas  que se empecinan en hacernos creer a  la mayoría  que no se organiza  que ellos son dueños de una verdad, que debe imponerse a estas alturas más  que por la razón, por la fuerza, contradiciendo con ello el discurso  que, quiéranlo o no, da origen a la discusión.


De apoco hemos construido  a través de los medios una  sociedad que  parece dibujarse solo en blanco y negro, sin matices y donde  un si siempre  encontrara como respuesta un no sin dar la posibilidad del más mínimo tal vez

¿45 años  ya desde que aquel Chile casi paradisíaco que tránsito hacia el oscurantismo  que privó de libertades a muchos,  o 45  años ya desde que un grupo de soldados empujados  por los mismos gestores del caos decidieron poner  fin a 1000 días de una mala historia?  Lo cierto es que, desde ese entonces,  cada sector  enarbola banderas, rasga vestiduras y alza la voz  tratando de imponer su razón con la impronta propia de quien  prefiere  omitir que su interlocutor  tiene el legítimo derecho de pensar y de opinar distinto. Desde esa mirada,  no es extraño que los Bolsonaros, Lulas,  Bachellets, Piñeras   pasen de  ser  figuras a apocalípticas para unos a ser casi la reencarnación del mesías para otros.

En Chile se ha hecho  común polarizarlo todo, interpretarlo todo, encasillarlo todo, arrojando  todo con cada argumento hacia  uno de los extremos, como dando por sentado    que existe una inmensa  mayoría que se cobija  en el más allá de o en el mas a acá de.

De apoco hemos construido,  a través de los medios, una  sociedad que  parece dibujarse solo en blanco y negro, sin matices y donde  un si  siempre  encontrara como respuesta un no, sin dar la posibilidad del más mínimo tal vez.  Bajo ese discurso  que construyen  minorías polarizadas,  ser conservador de derecha y vivir en una población periférica es una contradicción  vital,  tanto a más extrema que ser de izquierda.  Ser un  empresario  acaudalado y exitoso, así y todo en el barrio alto  siguen  juntándose en el club de moda aquellos  que en sus discursos nos polarizan,  pero que, en la práctica,  pagan la misma membresía para sentirse  parte de una élite que no está en un extremo, sino  que sobre  todo lo que pretenden polarizar, porque convengámoslo, existe  una inmensa mayoría   que  no se organiza y que mucho menos se hace escuchar. Una mayoría  que no marcha, que no vota, que no participa, porque  los extremos no los representan. Una mayoría donde  no es contradictorio  estar en contra del aborto y creer en la pena de muerte.  Una inmensa mayoría donde la sexualidad de  cada uno es un derecho  que se respeta,  pero que debe mantenerse en parámetros  que no  parezcan imposiciones. Esa misma mayoría celebró el aborto en tres causales,  pero se   avergüenza  cuando piensa en la posibilidad de que su  hija o sobrina  tenga  que tomar la pastilla del día después. Esa misma mayoría  respeta los derechos humanos sin hacer miramientos, pero no le tiembla la voz cuando dice que la castración química  para pederastas debe ser una real posibilidad.

En términos  simples, ser blanco o negro  en una inmensa mayoría no es opción, ser rojo o azul  no produce mayores motivaciones, porque esa mayoría sabe  que aceptar  lo bueno  de un extremo,  no lo hace estar en contra  de algo o alguien,  porque sabe que mañana  en el otro extremo  también puede encontrar algo que los represente. Así las democracias  pasan  de Lulas a Bolsonaros, de Bachellet a Piñera   sin traumas y complejos,  dejando  a las minorías polarizadas,  persiguiéndose la cola  y llenando portadas tratando de explicar y justificar lo que para ellos  simplemente no  tendrá jamás explicación. Sin el mea culpa necesario  en el que se asuma  que, más allá de los extremos,  existe una mayoría  que no se organiza  pero en cada elección  es capaz de sorprender más bien rechazando una oferta  que aceptando otra.

Así y todo,  seguirán polarizándose los argumentos, seguirán los liderazgos de cada extremo  regalándonos portadas , seguirán todos  tratando de administrar  el poder con miradas apocalípticas, olvidando  todos   que hay una inmensa mayoría  que los observa y  que se aburre,  porque finalmente aquellos que  no gozan  de los privilegios que da el poder  seguirán  teniendo posiciones  a favor  o en contra en uno u otro sentido, pero tras cada jornada en el reencuentro familiar de la ultima cena o el ultimo café  se decide todo  con matices  que no permiten extremos y donde los consensos  se hacen mayorías.

TAGS: #Democracia diálogo

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08 de Noviembre

El problema que tiene este país no es que “piensen distinto”. Es que se caen mal y no pueden tolerarlo. A mi me cae mal un montón de gente de derecha, y también alguna de izquierda, y puedo vivir con eso. No es un tema. Acá el problema de la gente es que tiene la idea de que todos deben ser amigos. Entonces toman las simpatias o antipatias como algo de mucha gravedad. No pueden soportarse unos a otros. Y así, sólo pueden llevarse bien con quienes son sus amigos, o quienes les caen muy bien. Porque el hecho de el otro te deteste o tu lo detestes no significa que tengas que pasar a llevar sus derechos o permitir que el otro lo haga. “Nos odiabamos mucho, por eso nos matamos”. Y lo esgrimen como si fuese una tremenda explicación. El problema de este pais no es la intolerancia hacia el que piensa distinto, es una intolerancia de tipo emocional. No es que todos tengan que pensar lo mismo, es que de alguna forma creen que tienen que estar todos en el mismo estado de ánimo, ese es el problema que de verdad tienen.

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