#Cultura

Una «gota-de-leche» pa’l derrame de vejentudes

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“Verde que te quiero verde”, escribió Federico García Lorca.
“Duna que te quiero solo duna”, responde F. Viveros Collyer.

¿Gota de leche o torrente de vetustas e impotentes ideas cuasi-sentimentales?
¿Documental con cualidades estético-reflexivas, o capítulo de telenovela de las 3 de la tarde en canal abierto y deficitario, y en la playa?

En lugar de “gota de leche”, mejor decir, de una vez por todas, millones de toneladas de finas y rubias arenas que nunca más, ni otra vez, producirá la Tierra
En lugar de declaraciones rimbombantes y llorosas que poco saben del “no te quedes en el pasado, baby”.

En el espacio de repetición de algunas frases tajantes de la “verdad” incontestable (¿o inconfesable?) de unas ciencias objetivas —las mismas que han generado el problema que ahora “por fin” lo van a solucionar (y tal vez pa’ siempre)…

Estuvimos en un hermoso y tranquilo, sosegado y venturoso centro cultural de gestión privada en Las Cruces.
Litoral de los poetas, de los artistas, o de los intrascendentes… o de los ‘¡Familiares, aplaudan!’.

Ellos quieren “Salvar Gota de Leche”.

Por supuesto: los salvadores. Los buenos. Los bien pensantes. Los que aman su infancia —esa que ya nunca más estará. Y, ante todo, los amiguis de los que piensan igual que ellos…

La parte “juvenil” del movimiento declara, impúdicamente, que “hablamos con evidencia científica”. Cero autocrítica de la ciencia moderna. En vez de eso, arrogancia humildemente afirmada en un sinfín de publicaciones… que solo unos poquitos de ellos han leído.

Repetición de una simple hegemonía…

—¿Cómo? ¿Cómo dijo? ¿He…, he…, gemo…? ¿Cuánto?

Hegemonía. Palabrota al uso pa’ decir: pacífico poder sobre las conciencias contemporáneas.

Antes de “salvar a la Naturaleza” —noten el despropósito—, la confesión de su supuesto e implacable poder: ellos van a salvar a la Naturaleza. La pobrecita. La que tal vez acaba de leer “El principio de responsabilidad” de H. Jonas… y ahora duerme asustada…

La Naturaleza los necesita a ellos para continuar “siendo”…
Sálvense antes ustedes, por favor, de la caja o celda de hierro mental donde apenas ya respiran las brisas marinas “que tranquilas nos refrescan”.

—Usted…

—Perdón, llámeme “don Tábano”.

—Don…, ¿qué?

—Atenas. El “famosillo” del tábano de Atenas.

—Como se llame, usted, don… Usted es alguien “de derecha” cuando dice esas cosas en contra de todos nosotros. Usted debe ser un “infiltrado” entre todos nosotros “que nos queremos tanto”. No, hasta aquí no más. Nosotros NUNCA nos separaremos porque NUNCA dejaremos de amarnos, etcétera…

Termino: ¿demoraron casi 5 años de filmaciones para 15 minutos de tomas con dron, o planos casi fijos de las dunas, y otros 30 minutos donde consagran, ante la cámara, sus inmensos conocimientos de todo lo relevante?

¿Por qué escabullen siquiera una palabra sobre el establecimiento fabril instalado en medio de las dunas, con sus muros antiestéticos destruyendo el eje mismo del roquerío y la ex playa?

Antes de 'salvar a la Naturaleza' —noten el despropósito—, la confesión de su supuesto e implacable poder: ellos van a salvar a la Naturaleza. La pobrecita. La que tal vez acaba de leer 'El principio de responsabilidad' de H. Jonas... y ahora duerme asustada

Hipótesis de trabajo:

“Nosotros estamos contra las autoridades comunales de turno 

(en sordina: nosotros, los joven-pensantes, queremos reemplazarlas).

En cambio, la trasnacional instalada en medio del frente marino de

‘Gota de Leche’ significa financiamientos —los que, a la postre,

(el postre de esta nueva fiesta del ambientalismo del siglo XXI),

es lo que importa. Comprar nuevos equipos.

Más tecnología de producción.

Exportar el próximo documental pa’ ganarnos, ahora sí, los premios

mayores del Mediterráneo, Cannes, el Globo de Oro, el León de Berlín,

o algo simbólico en ese Nepal lleno de post-hippies…”

Ya amigos. Son las nueve y se hace tarde.
No vinimos a conversar, sino a confirmarnos entre nosotros y nuevamente lo que ya todos sabemos.
Vamos a ver, a esta hora, la nueva serie de Netflix. Les recomiendo esta…

Afuera, en calle Errázuriz, ya era imposible decir palabra. No por censura humana —“antidemocrática”, se esgrimió ante el diferente—, sino porque el Pacífico bramaba su furia contra tanta verborrea de lenguajes aburridos e impotentes para algo trascendente…

No, me equivoco completamente:
“Gota de Leche”, ese pleno de poesía nombre, esas humildes dunas, recibieron la “bendición” del Estado de Chile, del Ministerio del Medio Ambiente, de Maisa Rojas, de los sacrificados y aburguesados-ultrones frentes de defensa del patrimonio-de-todas-partes…
Y las han proclamado “Santuario de la Naturaleza”.

Tremendo logro. Felicitaciones.

Sin duda. Haberse ido para la casa solo con estos 50 minutos de film habría sido “pa’ llorar a gritos”.

Saludamos las juveniles alegrías de estos representantes de lo mejor y más granado del porvenir lleno de esperanzas que nos promete un litoraleño futuro esplendor

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1 Comentario

Fernando Viveros

Un haiku resulta una obra maestra oriental de sintesis y sabiduría. Como el zen: muucho menos es más. En cierta casa de Las Cruces, Litoral central de Chile, no atinan a tanto. Bastan dos líneas ambiguas y «abiertas», cierta violencia con los diferentes, y… ya te aplauden los amiguis…
En cambio, «Gota de Leche» –un nombre perdido en algunas memorias locales (o simplemente ya idas)–, resuena como arenas poderosas que, a la larga, saben + que las doctrinas ambientalistas rtruchas del sXXI …. (a quien le quede este sayo, se lo puede ternear a su gusto)