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Evangélicos, ¿nuevos actores políticos?

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Los evangélicos hemos crecido mucho en número, pero no en ideas.  Esa falta de mensaje me hace pensar en que algunas candidaturas de nuestro sector obedecen a un interés -más bien- personal antes que colectivo. Ese no es el camino; es más de lo mismo.


La Iglesia no puede -y no debe- convertirse en un partido político, su función es otra. Sin embargo, tampoco podemos obviar que somos una fuerza emergente que, bien coordinada y unida en propósitos trascendentes, podría llegar a definir los destinos de nuestra nación.

La actividad política y el accionar superideologizado y amoral de la politocracia chilena -gobierno y oposición-, al menos en nuestro país, está muy desprestigiada. La corrupción está presente en todas las esferas del ámbito público. Por ejemplo, cuando se desvían fondos para campañas políticas; cuando empresarios y políticos se coluden para estafar a la gente a través de sus grupos económicos; cuando se descubren redes de narcotráfico al interior de las policías; o cuando se aprueban leyes por la presión de montajes comunicacionales (como la ley antidiscriminación). Esto es una clara evidencia de que la clase política chilena no es tan transparente como se dice. Así ha sido en el pasado, así es en el presente, y -por lo que se avizora- así será también en el futuro.

En ese -corrupto- contexto vale la pena considerar la validez del creciente interés evangélico por alcanzar representatividad política. Cabría preguntarse: ¿es posible que la Iglesia -y sus miembros- se mezclen en este tipo de actividades? ¿Qué relación tiene la dimensión espiritual con la temporal (la santidad de la actividad eclesiástica con la corrupción de la actividad política)? A simple vista, ninguna. Por eso, llama la atención cuando pastores evangélicos que “dicen predicar la Santa Palabra de Dios” desde un púlpito, hacen lo propio -usando el mismo púlpito- para llamar a votar por una corrupta coalición política. Claramente no hay coherencia.

La Iglesia no puede -y no debe- convertirse en un partido político, su función es otra. Sin embargo, tampoco podemos obviar que somos una fuerza emergente que, bien coordinada y unida en propósitos trascendentes, podría llegar a definir los destinos de nuestra nación. Hay que hacer, por tanto, la diferencia entre lo político y lo eclesiástico, y es ahí donde se requiere sabiduría. En ese sentido, existe evidencia histórica que nos habla de la intervención de la CIA en el pensamiento político del pueblo evangélico latinoamericano. Esa domesticación nos habría llevado a asumir -muy profundamente- que la actividad política es satánica. Desde muy temprano se nos enseña que si el principal objetivo de la salvación es la transformación del corazón humano, entonces los cristianos no deben comprometer su misión desafiando el orden social. Deben ser apolíticos (David Stoll; 1982:27). No conviene que interpretemos la biblia observando la realidad social, política y económica. Eso es satánico. Como si fuéramos infantes nos dicen: ¡¡¡no, caca, malo!!! No cabe duda de que las convicciones norteamericanas han tenido un gran impacto en los evangélicos latinoamericanos (Stoll; 1982).

La satanización de la política nos ha llevado a caer en errores como los que vemos en las presentes elecciones municipales. El sincretismo entre lo político y lo eclesiástico -lo santo y lo profano- es fruto de la falta de preparación. Esa carencia nos impide tener una visión de país y un discurso claro y contundente que dé cuenta, como hicieran los profetas en el antiguo testamento, de la paupérrima realidad económica, social, política y espiritual del país.

La ignorancia ha llevado a pensar que “cualquier micro nos sirve” para alcanzar representatividad. Rotundo error. Por ejemplo, he escuchado a candidatos -supuestamente- evangélicos decir: “creo en el progresismo, pero no quiero matrimonio homosexual”. Aquellos no son más que simplones oportunistas e ignorantes que pretenden, con el rótulo de “cristiano o evangélico”, “pastor” o “teólogo” hacerse un nombre a costa de la Iglesia para disfrutar de los manjares que Nabucodonosor o Faraón les ofrece.

Si una persona cristiana tiene interés en servir desde el ámbito político es imposible que -a la vez- predique en un púlpito como pastor, mucho menos si ese interés se canaliza en ideologías progresistas. El pastor interesado en política debe delegar la administración del ministerio en otra persona. En ese sentido, creo que jamás habrá una actividad más digna que la actividad de ministro de culto (como le llama el gobierno). La autoridad espiritual de un verdadero pastor no tiene ninguna comparación con la autoridad natural de un político.

Necesitamos construir una propuesta en conjunto y esta elección municipal nos tiene que entregar las herramientas necesarias para comenzar a avanzar en ese ideario. Por lo demás, la diferenciación entre lo político y lo eclesiástico será producto de una reflexión seria en torno al rol de la Iglesia en nuestra sociedad. Para ello, ya contamos con un gran acuerdo por la defensa de la fe, la vida y la familia.

TAGS: #PartidosPolíticos Evangélicos Iglesia Católica

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24 de julio

Como saben los evangélicos, los dones que da Dios son muy variados, entonces, perfectamente puede haber en algunos cierto donde administración pública, por darle un nombre alusivo al tema.

David le dejó el trono a su hijo Salomón, éste pidió sabiduría a Dios y él se la concedió. Sus primeros casos juzgados y documentados tuvieron relación con impartir justicia. Su trono se afirmó en el reino mediante ello y el caso más emblemático, posiblemente, es cuando decide quién es la madre de un niño al que había mandado cortar en dos con una espada… Esa parte del texto termina diciendo que el pueblo reconoció en él “sabiduría de Dios para aplicar justicia”…

Y eso lo resume todo, posiblemente. Si una persona tiene sabiduría de Dios para aplicar justicia, o para discernir entre le bien y el mal, es posible que sea un buen servidor público y difícilmente será un buen servidor de las causas políticas, sino que su preocupación será el proceder con justicia y rectitud, en general.

Entonces, no perdiendo de vista que las autoridades las coloca Dios, bien se puede dar el caso que algún evangélico llegue a ser una autoridad.

Para el caso del proceso de una candidatura a algún cargo, si existe el apoyo del pueblo evangélico a esa candidatura, son ellos mismos quienes tienen que evaluar a la persona. Por su puesto que él es posible que no tenga todos los dones necesarios para hacer todo o comprender todo, pero, no estará solo en su candidatura o en su trabajo y si Dios le coloca como autoridad porque es un varón justo y de su agrado, lo más probable es que él actúe en justicia y lejos de aspiraciones personales que pueden asociarse principalmente a un político que actúa de forma no justa, o bien corrupta…

Ariel Durán

31 de julio

“montajes comunicacionales como la ley antidiscriminatoria…” ¿EN QUE MUNDO VIVEN LOS EVANGELICOS???????

31 de julio

¿Qué es ser “progresista”? ¿Es realmente estar a favor del matrimonio homosexual, o por el aborto, o tener ideas socialistas? ¿O no es en realidad usar y abusar de lo que se llama “corrección política”, o sea, precisamente tener comentarios como lo de “creo en el progresismo, pero no quiero matrimonio homosexual”, porque DEPENDE DE A QUIEN SE DIRIGEN Y QUIENES QUIEREN QUE LOS VOTEN?

Porque la cuestion de fondo es: ¿votamos por quienes realmente van a hacer algo medianamente provechoso para la comunidad, o votamos por quien piensa como nosotros aunque lo que pensemos este equivocado? Parece que votamos por quien piensa como nosotros, o mas bien finge pensar como nosotros. Y por eso nos caemos.

En ese sentido, no veo realmente la diferencia entre un candidato pastor evangelico y lo que tenemos hoy en dia en el Congreso o alcaldias. Porque la realidad es que sí, “cualquier micro nos sirve” en materia de candidaturas. Han ido actores, modelos, hijitos de, esposa de, marido de, etc., con cero meritos, salvo el ser actores, modelos e hijitos de o esposa o marido de… El vehiculo usado por esa gente es precisamente ese, y nada mas que ese, el ser conocidos en un sector que vota. Asi que no veo por qué criticar a los pastores evangelicos por hacer uso de los miembros de su comunidad. Si ellos se dejan usar es asunto de ellos.

Ahora bien, seria bueno que los miembros de las comunidades evangelicas, asi como todos los demas ciudadanos de este país, aprendamos a ser eso, ciudadanos de este pais, y no votemos por gente que como candidatos son patentemente incoherentes. Asi daria lo mismo quien quisiera ser candidato, sabria que tendria que enfrentarse a una ciudadania informada y consciente de su responsabilidad. Y ya no serian usados para fines personales.

angelo

18 de octubre

En el tiempo que vivimos creo que es esencial que el mundo evangélico marque una diferencia no por lo que dice que es, sino por lo que sus frutos dicen que es.
No hemos aprendido nada de la historia es cosa de mirar hacia atrás en los inicios de la iglesia durante los primeros II siglos la iglesia se mantuvo al margen y cuando digo al margen no lo digo de forma literal sino en su total expresión. fue esa separación total de la iglesia la que la llevo a fructificar en sus convicciones y su fe, pues en las primeras persecuciones si bien padecieron de manera terrible pagando con sus propias vidas el seguir a Cristo la iglesia creció en abundancia.
Pero fue hasta que apareció Constantino con sus estrategia diabólica, que los siervos de Dios movidos por la codicia e intereses personales condujeron a la iglesia a una mezcla nefasta que hasta el día de hoy nos acarrea consecuencias.
En mi opinión debemos mantener esa distancia de la política corrupta terrenal no sea que alcanzados por la avaricia y el ansia de poder se corronpa el corazón de aquellos que han luchado por años en mantener el nombre de Cristo en alto.

21 de octubre

Comparto plenamente su opinión.

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