Debemos hacer la critica interna para poder volver a tener el mismo poder de incidencia en la politica pública del Estado Chileno, porque sino estaremos condenamos a hundirnos en el más deshonroso de los destinos: el olvido

El agotamiento del movimiento estudiantil

Asumamos lo que no queremos: tenemos un movimiento estudiantil agotado. ¿Comó es que llegamos a esta situación, teniendo tan buen aspecto el año pasado?

Si bien durante el 2011 no se consiguieron las demandas que enarbolaban tanto los secundarios como los universitarios, hubo un afán de continuar en la lucha por ellas, de que no nos íbamos a ir para la casa sin haber conseguido algún triunfo que mostrar a las nuevas generaciones, algo que permitiera decirle a ellos “miren, si siguen esta vía lograran cambiar este país”.

Durante el año pasado teníamos un movimiento estudiantil con una alta eficiencia en comunicación, con la gran masividad y convocatoria, que conjugaba a su vez la cautividad de la prensa y de los ciudadanos con la candidez revolucionaria de Camila Vallejo, el liderazgo intelectual de Giorgio Jackson y el manejo político de Camilo Ballesteros.

Comunicacionalmente el movimiento del 2011 logró tomar y usar todo lo que tenía en sus interiores para construir tres personajes públicos y políticos que simpatizaron con millones. Lo que realmente pasaba detrás de bambalinas no importó mucho: Camila Vallejo estaba dirigida en sus pasos por el Partido Comunista (en un país eminentemente anti-comunista), Giorgio Jackson tuvo en gran parte el tiempo a su universidad en clases (a excepción de la toma de Campus Oriente) y Camilo Ballesteros negociaba cada movida en la Usach con Zolezzi (por algo pasan a segunda vuelta los troskos). Pero nada importó la verdad, pues todo era impecable ante las cámaras: el gobierno estaba de rodillas y no podía hacer nada para contener, y la gente nos estaba apoyando cada día más.

Gracias a esto se generaron importantes cambios en la sociedad, donde se tomaron en cuenta por fin temas tales como la calidad de la educación, el lucro en los establecimientos, la municipalización de la educación secundaria, el aporte del Estado a sus universidades. Contenidos simples, que eran comprensibles para la “señora Juanita”, que apuntaban a una necesidad de cambio. Todo esto, paradójicamente, marcado por una estrategia que no se entendía en los pasillos de la Confech. Petitorios y exigencias a Piñera que cambiaban semanalmente luego de cada sesión de la Confederación, reflejando indirectamente la falta de acuerdo.

Así llegó fin de año y con ello los cambios de mando en las federaciones, con nuevos líderes estudiantiles. El gobierno, por su parte, logró levantar de a poquito durante el verano el discurso de “dejemos que las instituciones funcionen”, sumando a un experto en Educación como Beyer a sus filas.

Aparecieron los que prometían ser los próximos líderes: Gabriel Boric, Noam Titelman, Eloísa González y Sebastián Donoso, todos hablando de nuevas propuestas y formas de movilización, junto con darle un impulso al movimiento, uniéndose a otras protestas en el país y estableciendo articulación con otros actores sociales.

Hoy por hoy tenemos a la Feuc y a la Fech perdiendo su oportunidad, siendo abandonadas por la prensa y por los ciudadanos. Ni hablar de la Feusach, que brilla por su ausencia. En este momento, la característica esencial del “nuevo movimiento estudiantil”, limpio de partidos políticos y de la clase política, es que cada uno se mueve en su propio discurso. Queda de manifiesto en la última marcha del 8 de agosto: mientras Boric hablaba de montajes, Titelman lo desmentía, Donoso estaba en su casa y Eloísa Gonzalez llamaba a tomarse los colegios. Perdimos a los dirigentes que pensaban en el colectivo, o al menos en intereses superiores, dando paso a la defensa de formas e intereses propios, y en conjunto, sonando peor que una banda de payasos.

Mención aparte para el presidente de la Fech, Gabriel Boric, que ha sido un rostro frecuente en la prensa. Realizó un conjunto de críticas contra Bachelet que quedaron en nada, declaró que el gobierno era el “adversario” del movimiento estudiantil, dijo que creerle a Piñera o Bachelet “sería atentar contra nuestra inteligencia”, se paseó por programas de televisión precisando y reafirmando dichos, lo vimos en el Costanera Center llamando a una marcha, y llegó hasta las oficinas de Anglo American para pedir la renacionalización del cobre.

Como vocero de la Confech, Boric ha mantenido en todo momento una doble agenda; por un lado refleja la división e incapacidad de tomar definiciones del dentro de la Confech, y en contraposición, una agenda propia y escapadas de libreto variadas.

El movimiento estudiantil, en términos de contenido, no tuvo nada que aportar el primer semestre. No funcionó sumar a los estudiantes de universidades fuera de la Confech, y las distintas organizaciones que componen dicho organismo estaban dedicadas a sus diferencias y peleas doctrinales sobre quién es más “amarillo” y quien es más “rojo”, y la creación de extensos documentos donde se plasmaban visiones ideológicas particulares, apoyando las más variadas causas y acciones sociales.

Hace poco más de un mes supimos –algunos- de la reformulación de exigencias del movimiento estudiantil, y sin más consideraciones, Gabriel Boric reclama que nadie escucha a los estudiantes. Y Boric tiene razón, ya nadie escucha a los estudiantes. Pero para buscar culpables no hay que ir muy lejos, pues se debe a dos factores.

El primero. La estrategia del gobierno funcionó; se desconectaron de la presión del movimiento estudiantil y enviaron proyectos de ley que solucionan aspectos problemáticos de la educación. Y la población así lo siente, quedando manifestado en las encuestas sucesivas, en la aprobación del ministro Beyer, y en el avance de los proyectos de ley. Así Ejecutivo y Congreso se lograron mostrar como los únicos que hablaron con seriedad del tema educacional, siendo el centro de la discusión. Y frente a eso, no se han hecho esfuerzos por lograr puentes con la oposición parlamentaria. Se tiene una actitud reaccionaria, infantil y crítica por parte de dirigentes como Boric, que poco ayuda a volver a la senda del año pasado, cuando la Concertación estaba tirada en el piso siguiendo lo que decía el movimiento estudiantil.

El segundo. Boric & Compañía consolidaron su abandono a la estrategia comunicacional que hizo exitoso al movimiento estudiantil, y a partir de la cual lograron poner temas de grueso calibre sobre la mesa. Los actuales dirigentes estudiantiles aprovecharon la atención ciudadana para hacer comentarios políticos personales, apoyar causas ideológicas que la mayoría de los chilenos no apoya, y hacer llamados a marchas en las que no había un fin claro, repitiendo incansablemente conceptos y consignas que se terminaron por agotar.

Los estudiantes resultaron ser los verdugos de su propia causa. Abarcamos mucho y apretamos poco. El contexto hizo que sus dirigentes se fueran en sus propias voladas, y ahora, cuando aterrizan en la realidad, ya no tienen piso.

Sin estrategia, manteniendo los vicios comunicacionales del primer semestre, con una actitud muy errática por parte de los líderes y con proyectos de ley en tramitación en el Congreso, los dirigentes estudiantiles exigen ser escuchados. Pero su solicitud está basada en algo que significa retroceso; piden al gobierno que se retiren los proyectos de ley actualmente en tramitación y se dialogue otra vez, un nuevo petitorio. Todo lo anterior, hasta que las Federaciones de Estudiantes tengan nuevas elecciones, lleguen nuevos dirigentes y nuevos petitorios.

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Fuente de fotografía

Rodrigo Muñoz