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La reforma tributaria y el debate constitucional

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La actual Constitución, está hecha para que sólo se implemente en nuestro país un tipo concreto de políticas públicas –neoliberales- y, por lo tanto, si las mayorías pretenden ejercer el principio democrático, los defensores de la Constitución ideológica (como el columnista) dirán que el proyecto que se presenta es contrario a las bases constitucionales.  

Durante las dos últimas semanas, distintos columnistas, académicos y políticos de derecha vienen anunciando la posible incompatibilidad de la reforma tributaria, que impulsa el gobierno de Michelle Bachelet, con la Constitución Política de la República.

En ese sentido, Rodrigo Delaveau, en una columna reciente, luego de advertir sobre algunas posibles inconstitucionalidades del proyecto tributario en cuestión, señala a modo de cierre que: “La Constitución es una expresión sobre consensos mínimos sobre cómo limitar el poder del Estado en favor de las personas y sus derechos y no un instrumento de solución de políticas públicas específicas”.

Junto con disentir del concepto de Constitución del columnista precitado (cosa en la que no me extenderé por no ser el objeto de la presente columna), anotaré dos aspectos que saltan a la vista como evidentes de los argumentos que ha esgrimido y finalizaré con un comentario sobre la estrategia que está desplegando la derecha en lo concerniente a este punto.

Un primer aspecto a destacar de los argumentos que se desprenden de la opinión del columnista y de otros representantes de la derecha, es que para ellos la Constitución Política (en términos abstractos) tiene como función proteger a los ciudadanos del supuesto poder opresor del Estado, el que en el contexto actual, sólo se entiende como una protección para un grupo de privilegiados  sobre la voluntad de las mayorías. Para justificar dicha concepción, parten de la base que la actual Constitución es fruto de un consenso y que su legitimidad viene dada del ejercicio del poder democrático desde 1989.

El argumento anterior presenta claros problemas lógicos. Junto a las dificultades obvias de legitimidad de origen de la actual Constitución, cabe agregar que la actual Constitución define y defiende un tipo de Estado que podríamos caracterizar por su carácter neoliberal. Ello implica una construcción teórica, normativa y operacional, que se encuentra lejos de ser un consenso mínimo. Nuestra Constitución Política es un claro ejemplo de lo que el famoso jurista Alemán Karl Loewestein entendía por una Constitución ideológica, que en este caso corresponde a una Constitución con un claro programa neoliberal. Dicho lo anterior, la idea de que la Constitución debe ser un consenso de mínimos no parece cumplirse en el caso chileno. Se trata más bien, de una carta fundamental que posee un contenido cargadamente ideológico (neoliberal), que ha sido impuesta por una minoría -también ideológica- y que no permite el ejercicio legítimo del principio democrático.

Como segundo aspecto, comparto la idea de que la Constitución no debe propender a contener en su seno soluciones de políticas públicas específicas. Sin embargo, la contradicción del columnista en este punto es flagrante. La actual Constitución, contiene claramente una guía económica para el Estado, lo que han llamado –algunos- un orden público económico refundacional del capitalismo o derechamente neoliberal. Así la Constitución es famélica en la protección de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales y, por el contrario, robusta en la protección de la propiedad privada y las libertades económicas.

Asimismo, la Constitución se encuentra inspirada por el principio de subsidariedad y, por ende, rechaza implícitamente la actuación del Estado en la economía. Nuevamente, no parece que la Constitución actual cumpla la idea del columnista, más bien todo lo contrario. La actual Constitución, está hecha para que sólo se implemente en nuestro país un tipo concreto de políticas públicas –neoliberales- y, por lo tanto, si las mayorías pretenden ejercer el principio democrático, los defensores de la Constitución ideológica (como el columnista) dirán que el proyecto que se presenta es contrario a las bases constitucionales.

Sobre la estrategia política desplegada por la derecha para argumentar la inconstitucionalidad del proyecto de reforma tributaria, debo decir que ella deja en evidencia la necesidad que tenemos como país de dotarnos de una nueva Constitución. Si la estrategia de la derecha es efectiva y sus argumentos logran que el Tribunal Constitucional declare, el día de mañana, que el proyecto de reforma tributaria es inconstitucional, demostrará (una vez más) la necesidad que existe en Chile de un cambio total de la Constitución. Pero bueno, mejor será, que las mayorías ejerzan el principio democrático y se comience el reemplazo de la actual Constitución, mediante un procedimiento participativo, democrático, inclusivo y deliberativo, lo que se conoce en el derecho comparado como Asamblea Constituyente.

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Comentarios

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jose-luis-silva

18 de abril

Efectivamente el estado puede o no tener un poder opresor según como se administra. Puede servir para los que quieren que los ciudadanos sean libres, se ayude a quienes lo necesitan y se promueva el crecimiento para llegar al desarrollo. También puede servir para imponer ideologías como el fracasado estado socialista, con temáticas para privar de libertad a las personas imponiendo reglas, estructuras y valores odiosos para clasificar a los ciudadanos.

El autor del artículo, que se muestra con tanto pergamino como para considerarlo una persona ilustrada, se suma para “que haya otra constitución”, o sea se suma a la incapacidad crónica que tiene la gente de izquierda para escribir una constitución y publicarla para que todos podamos leerla y aprobarla. De hecho lo reconoce al terminar su artículo con su aprobación a la Asamblea Constituyente, la vieja y podrida cuchufleta para dar por aprobada una constitución sin que nadie la lea.

Este es otro “ilustrado” para denunciar las nubes que tapan el sol y que a cambio de eso propone la noche oscura.

Saludos

18 de abril

Jose Luis, muchas gracias por la lectura y el comentario. Al respecto, mis puntos son:
1. La actual Constitución, no es un pacto de mínimos. Es una Constitución ideológica (neoliberal).
2. La actual Constitución, tiene mecanismos contramayoritarios excesivos, mas de lo usual en el derecho comparado. Ellos no permiten que la voluntad mayoritaria pueda llevar a cabo su programa electoral y, por ende, debilita a la democracia chilena en su conjunto.
3. La derecha, usa y abusa de los mecanismos contramayoritarios, lo que no permite el ejercicio del principio democrático.
4. Por todo lo anterior, es necesario que la sociedad chilena se dote de una nueva Constitución, mediante un mecanismo amplio y democrático, como el que se ha usado en múltiples países del mundo y es conocido como Asamblea Constituyente.
Por cierto, no sólo la “izquierda” entiende la necesidad de una nueva Constitución. Afortunadamente, hay luces de que una parte de la derecha también lo ve así. En ese sentido, son las declaraciones del Senador Espina en una entrevista reciente: http://www.elmostrador.cl/pais/2014/04/17/espina-y-reforma-a-la-constitucion-lo-que-acordemos-en-el-congreso-se-plebiscita/

Saludos

jose-luis-silva

18 de abril

Gracias por replicar. La constitución puede parecerle ideológica a usted, a mi me parece que al no seguir conceptos estatistas fracasados la aleja de ideologías, pero en fin, obviamente se hizo a la pinta de quines la hicieron, imposible hacerla a la pinta de quines rehusaron participar en su creación.

Los mecanismos que llama “contramayoritarios” (me imagino que se refiere principalmente al sistema binominal) no me parecen que lo sean, al menos no más que cualquier otro sistema eleccionario. El antiguo sistema proporcional obstaculiza mucho mas cualquier programa electoral. Por ejemplo al elegir la “minoría mas numerosa” el presidente siempre tenia apoyo de 1 tercio y dos tercios se oponían, lo que lo hacia mucho mas ingobernable e incompatible para realizar cualquier programa. De hecho Chile ha tenido el periodo de mas gobernabilidad y prosperidad de su historia bajo el actual sistema.

No se si se necesita o no una nueva constitución, eso no es lo medular. Solo le insisto que si UD. o una asamblea tiene una nueva constitución para someter a aprobación ciudadana, muéstrela de una vez para que podamos aprobar o rechazar esta nueva constitución despues que la leamos señor, porque el único objetivo de buscar aprobación ciudadana para que una asamblea la haga es dar por aprobado algo sin que nadie lo lea.

Antes de criticar y calificar como quiera la constitución vigente, tanto en su génesis como en su contenido, le sugiero primero revisar su propuesta con criterio.

Saludos

Alfredo

18 de abril

Se necesita urgente una nueva Constitución, porque la actual es ilegítima y fabricada por unas dudosas eminencias como Jaime Guzmán.
La desesperación de la derecha Udi en particular, es perder lo que pograron instalar en Chile con una dictadura asesina y represora, que por 17 años tuvo secuestrado el poder.
Durante esos 17 años la Udi y los empresarios estuvieron felices y fueron cómplices activos.
La nueva constitución la tendremos que hacer entre todos, incluyendo a la derecha. Asi que no se pongan tan histéricos, solo perderán privilegios que no merecen.

jose-luis-silva

18 de abril

Señor desde varias décadas antes del gobierno militar un sector quiere cambiar con urgencia la constitución vigente sin ser capaz de proponer una alternativa. A lo mas que se ha llegado (y en los 60 pasó lo mismo), es buscar aprobación ciudadana para una “Asamblea Constituyente” y asi dar por aprobada una constitución sin que nadie la lea. De hecho también por esta patológica crítica a la institucionalidad vigente sumado a la incapacidad de elaborar una nueva caímos en un gobierno militar, el cual llamó a todos los sectores para crear una nueva constitución, lo que se supone era la oportunidad para hacerla, pero también ese mismo sector rehusó participar.

Demuestre alguien alguna vez en la historia que son capaces de hacer una constitución y someterla a aprobación ciudadana, tal como lo hicieron los únicos que han demostrado esta capacidad: los militares y quienes los apoyaron.

Saludos

19 de abril

Jose Luis,

De nada, la conversación con argumentos siempre es fructífera.

1. Creo que hay un consenso dentro de la academia sobre la ideología de la constitución. Hay alternativas al binomio (constitución neoliberal o estatista) y ellas son las constituciones que se limitan a organizar el poder y establecer derechos fundamentales. Dejando abierta las opciones en lo relativo a la intervención pública en la economía.

2. Los mecanismos contramayoritarios de la Constitución no sólo es el sistema binominal. Lo son también: a) los altos quorums para la reforma constitucional; b) las leyes orgánicas constitucionales y sus altos quorums de aprobación; c) la composición y facultades del Tribunal Constitucional, especialmente el control preventivo de constitucionalidad. Todos ellos actuan en conjunto como mecanismo de protección de la Constitución de la voluntad de las mayorías. Neutralizan la voluntad del pueblo y, por ende, debilitan la democracia.

3. Hay muchas propuestas, tanto desde la ciudadanía como de la academia. Coincido con usted, lo mejor será que dichas propuestas se “muestren” en un espacio público, pero que dicho espacio sea para cambiar la Constitución (en ello disentimos). Una vez que se “muestren” se podrá deliberar. Son un convencido de las ventajas de la deliberación para mejorar los proyectos y para afianzar la democracia. Eso sí, la deliberación requiere requisitos, uno de los cuales es el debido respeto a las opiniones de todos. Creo que en ello todos los sectores del país deben mejorar.

Saludos

jose-luis-silva

19 de abril

Jaime me equivoqué con usted porque sí es una persona de argumentos y un verdadero aporte al debate. No se donde estaba UD. escondido porque acá no hay muchos así.

Probablemente es una Constitución cargada al neoliberalismo, pero la crítica de “ideológica” no me parece de peso porque no concibo una que no lo sea: La hacen seres humanos según sus concepciones sobre la sociedad. Una constitución “antineoliberal”o “antiideologica” seria igual de ideológica.

El que la constitución no facilite cambios bruscos que hagan mayorías circunstanciales para dar así estabilidad y gobernabilidad al país no significa que debilite la democracia sino todo lo contrario. La prueba está en que nos ha dado un prolongado período con gran estabilidad, inédito en Chile hasta donde sé. Supongo que eso tambien es ideologia pero que quiere que le haga.

No sé que tan en contra de otra constitución puedo estar si no la he leído. Estoy en contra de algo tan absurdo como una Asamblea Constituyente porque pienso que nada bueno puede salir de ahí.

Ud. es una persona ilustrada y decente que aporta mucho. No dejaré de leer lo suyo acá o donde me aparesca.

Saludos

19 de abril

Jose Luis, muchas gracias por tus comentarios.

Sobre lo último que señalas:

1. Comparto contigo, muchas constituciones son “ideológicas” de distinto signo. Sin embargo, hay constituciones que permiten que en materia económica el grupo político mayoritario tenga un margen de acción mayor para el desarrollo de su programa. Ello, en el caso chileno no es posible y he ahí mi principal crítica.

2. Personalmente, también considero que la estabilidad es un valor. Sin embargo, creo que el marco de convivencia que nos entrega la actual Constitución se encuentra agotado. Justamente, por ello y, para tener estabilidad, entre otras cosas, deberíamos cambiar la Constitución.

3. No considero que haya que tenerle miedo a una Asamblea Constituyente. Creo que se la ha estereotipado mucho. En general se habla de ellas con tono despectivo, colocando ejemplos como el de Venezuela o Bolivia (que, por cierto, merecen todo mi respeto). Sin embargo los mismos que hablan de ella despectivamente, tienen una amplia estima por otras Constituciones y democracias que han sido fruto de procesos constituyentes similares, como el caso de la Convención Constituyente de Filadelfia (1787) de la cual es fruto la Constitución de los Estados Unidos, o la actual Constitución Española. Por lo anterior, la imagen de caos por la posible convocatoria a una Asamblea Constituyente o a un proceso constituyente, no me parece razonable.

Saludos.

jose-luis-silva

19 de abril

Jaime tus reflexiones son bastante válidas y me hacen revisar mi postura.

Tengo claro que hay una mayoritaria opinión crítica y descalificatoria a la actual constitución (a veces con razón y a veces sin) pero no tengo muy claro “el” programa constitucional alternativo de la mayoría. Mi postura no es un rechazo terminante a una alternativa sino que mas bien es mantenerse firme sostenido de una liana y sólo dejarla cuando haya otra sólida donde sostenerse, porque cortarla antes de tiempo tiene un costo que no sabemos pero sabemos que será mucho mayor a sostenerse a la actual alternativa. Solo espero que la mayoría se dé cuanta a tiempo que criticar no es lo mismo que proponer para así evitar escenarios extremos y que hasta pueden ser tan dolorosos como ya los hemos vivido en el pasado reciente.

La asamblea puede ser muy útil para partir de cero sin duda, pero proponerla ahora solo puede ser para algo muy turbio y te quedará claro con este ejemplo. ¿Quienes votan por la asamblea? Los que no están conformes con la constitución. OK, yo no estoy conforme con la constitución porque no especifica claramente que los militares sean los últimos garantes de la institucionalidad, por lo tanto doy mi voto a la asamblea, y tu no estas de acuerdo con la actual porque tampoco especifica que los militares nunca tengan nada que ver, por lo tanto la asamblea ya tiene dos votos. Absurdo porque el que estemos en desacuerdo con algo no significa estar de acuerdo en otra cosa. ¿Para que votar por la asamblea entonces? Solo para que después se diga: OK señores esta es la constitución o como se le llame a lo que resulte de la asamblea, les guste o no porque uds. aprobaron la asamblea que la hiciera. Por lo tanto el único propósito de la AC es dar por aprobada la constitución antes de que la ciudadanía la lea, no hay otro propósito para algo tan absurdo y claramente no es un acercamiento a la democracia. Nada bueno obtendremos de eso y se confirma mi postura expresada en el párrafo anterior.

Saludos

20 de abril

Jose Luis,

Me queda clara tu postura. Tomo nota de tus argumentos, sobre todo de tus preocupaciones sobre un proceso constituyente, los que considero que genuinos. Hacernos cargo de ellas, implica un desafío para quienes sostenemos la importancia de un proceso constituyente.

Saludos.

jose-luis-silva

21 de abril

Agradesco el diálogo. Tu actitud es ejemplar

Espero leer mas de lo tuyo.

Saludos

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