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Brasil en la encrucijada: más democracia o regresión

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Para comprender a fondo las causas del movimiento, cabe señalar que, en el plano social, desde la llegada del PT al poder en el 2003 hasta nuestros días, Brasil ha vivido profundas transformaciones gracias a políticas asistenciales.

Las movilizaciones sociales que se han desarrollado en Brasil durante los recientes días, en el marco de la iniciativa gubernamental de aumentar a 3 reales ($700 pesos chilenos aproximadamente) la tarifa del transporte público, han sorprendido a todo el mundo por su espontaneidad, heterogeneidad, masividad y radicalidad. Las manifestaciones fueron convocadas principalmente por el “Movimiento Passe Livre”, movimiento ciudadano autonomista cuya principal demanda es la gratuidad de la tarifa del transporte público. Al poco andar, las protestas han convocado también a organizaciones sociales tradicionales como la Central Unitaria de Trabajadores del Brasil, ligada al Partido de los Trabajadores; y la Unión Nacional de Estudiantes del Brasil, liderada por las juventudes del Partido Comunista del Brasil.

Las condiciones sociales y económicas de la protesta
Para comprender a fondo las causas del movimiento, cabe señalar que, en el plano social, desde la llegada del PT al poder en el 2003 hasta nuestros días, Brasil ha vivido profundas transformaciones gracias a políticas asistenciales como “La Bolsa Familia”, el aumento del gasto público en Educación y Salud, y el aumento de los salarios reales mediante políticas de diálogo social. De acuerdo a la Fundación Getulio Vargas, la clase media ha pasado de un 37% a un 55% de la población. Por otra parte, The Economist señala que la pobreza ha bajado de un 35% a un 20%, mientras que la desigualdad se ha reducido levemente de 0.60 a 0.54 puntos, y el desempleo ha pasado de un 10% a un 6,5%
Pese a las positivas cifras sociales, hoy la economía Brasileña muestra serias complicaciones derivadas de la crisis económica internacional y una progresiva des-industrialización que afecta la competitividad global del país. El crecimiento económico a caído a cerca de un 1.5% y la inflación se alza en los 6.5 puntos, hechos que han incidido tanto en la adopción de recortes del gasto público y la privatización de empresas por parte del gobierno, así como en el aumento del coste de la vida de vastos sectores de la población. La crisis de expectativas, y la demanda por una mayor redistribución de la renta nacional que ha articulado una clase media joven en crecimiento es una variable importante a considerar.

El “minoritario” gobierno Petista
El gobierno de Dilma Roussef se enmarca en una continuidad con los gobiernos Petistas encabezados por Lula Da Silva, los cuales han enarbolado las banderas del integracionismo latinoamericano, y el cambio por un Brasil justo y democrático. Pese a la militancia de dichos presidentes y los eslóganes manifestados, estos gobiernos se caracterizan por ser de una heterogénea y frágil coalición que agrupa tanto a partidos izquierdistas (como el PT, el PDT, y el PCdoB), centristas (PSC, PS) y derechistas representantes de sectores medios y empresariales nacionales (PMDB, PP, PR, PRB). Los partidos de izquierda solo agrupan a un 25% del electorado y la representación parlamentaria, por lo cual, los principales puntos del programa redistributivo y democrático han quedado postergados, ocasionando una patente crisis de expectativas, desafección y fragmentación del electorado Lulista y de izquierda. Este hecho, sumado a los casos de corrupción que han afectado a altos funcionarios gubernamentales y el viraje pragmático que ha adoptado la cúpula del PT, en especial durante el periodo de Roussef, permite explicar la importante votación de descontento cercana al 20%, que obtuvo la candidata del Partido Verde Marina Silva en las elecciones del 2010.

Una contingencia política crítica y en disputa
La actual coyuntura política Brasilera se caracteriza por la discusión en torno a 4 puntos: 1) El rol del Estado en la economía, hecho que se manifiesta en los conflictos derivados de los recortes fiscales y las privatizaciones; 2) una profunda reforma política que busca establecer, entre otras cosas, transparencia y primarias al interior del los partidos, el plebiscito, el referéndum e iniciativa popular de Ley; 3) la democratización de los medios de comunicación; y 4) las candidaturas y programas que disputaran las elecciones generales 2014. Es en este contexto en que en el gobierno de Dilma acontece una disputa entre sectores programáticos vs pragmáticos, en donde la figura de Lula da Silva se alza como el referente capaz de aglutinar a las facciones en disputa.
Aprovechando la actual coyuntura crítica y el confuso pragmatismo de la administración Roussef, la reacción de la Derecha y los Medios de Comunicación no se ha hecho esperar. Partidos como el PSDB, Demócratas y PTB, han comenzado a indicar al PT como responsable de las protestas sociales apelando a la “falta de ética”, y criticando su participación en las movilizaciones callejeras. A su vez, a la par con las movilizaciones, han concretado un tácito y amplio acuerdo electoral presidencial (que incluiría a la derecha tradicional, al Partido Socialista y al Partido Verde) para arrebatarle la presidencia al PT. En una declaración pública en relación a las protestas, el presidente del PTB ha sido enfático en señalar que la candidata del Partido Verde Marina Silva, podría canalizar el actual malestar ciudadano. Por otro lado, los principales medios de comunicación han ocultado el resto de las demandas del diverso movimiento social que ha salido a las calles, poniendo en la palestra la crítica a los excesivos gastos gubernamentales relativos al Mundial de Fútbol del 2014, y el carácter anti-partidista y violentista de algunas movilizaciones.
Conforme a ello, la reacción de los partidos de izquierda ha sido de poner en la conducción de las manifestaciones a las organizaciones sociales tradicionales como la CUT, UNE, y MST, para propiciar las reformas que duermen en los salones del Congreso. Pese a los intentos y la considerable capacidad de movilización de dichas organizaciones, de acuerdo a diversos informes han acontecido actos de violencia en contra de los manifestantes partidistas, lo que pone en una seria interrogante la conducción de una manifestación que se ha proyectado pese a la conquista parcial de congelamiento e incluso rebaja de la tarifa del transporte público.

Escenarios probables
De acuerdo a este somero análisis se pueden prever probables escenarios, tales como: 1) Que el comité político de emergencia convocado por Roussef logré generar una propuesta política que satisfaga a los manifestantes, esto principalmente ligado a reformas políticas democráticas debido al carácter anti-partidista y ciudadano que ha adoptado la movilización; 2) Que no se vean satisfechas las demandas de la ciudadanía, situación que podría repercutir en mayores hechos de violencia, contingencia favorable para un viraje conspirativo de la derecha actualmente oficialista y la génesis de un “golpe blando”; 3) Que como gran parte de los movimientos sociales espontáneos, este pierda progresivamente su efervescencia pero logrando repercutir en la opinión pública de forma negativa para el PT, en vista a la próxima contienda electoral, tal como lo ha avizorado Roberto Jefferson, Presidente del centro-derechista PTB. El objetivo de la derecha más dura del Brasil, como ha sido habitual en gobiernos anteriores, es detener el progresivo aumento salarial y focalizar los recursos públicos en subvenciones de la actividad económica de los grupos exportadores, para así supuestamente promover el crecimiento y la competitividad sistémica del país.
Estos escenarios probables, de profundización democrática o regresión hacia modelos tradicionales de acumulación, dependerán en gran parte de la “muñeca política” de Roussef y la cúpula petista, así como del grado de lealtad o conspiratividad que puedan tener los oficialistas partidos del centro y la derecha, como el PMDB y el Partido de la República. No hay que olvidar que Brasil ya vivió un juicio político presidencial en los 90 en contra del Presidente derechista Collor de Melo, y que actualmente el Vicepresidente del Brasil es un declarado Liberal del PMDB, Michel Temer.

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