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Diferencias de género: ámbito laboral

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La construcción sobre una igualdad de género ha sido una lucha constante y lenta a lo largo de la historia. La posición femenina en ámbitos políticos, sociales y laborales se ha visto en una desventaja marcada por la desigualdad y discriminación, ya que la sociedad ha puesto  a la mujer en una categoría inferior al hombre, ya sea por una concepción religiosa o cultural. Superar esta posición se ha transformado en un camino pesado, más aun cuando la concepción de “igualdad de oportunidades”  sigue estancada en sociedades marcadas ampliamente por el patriarcado.

En Chile, el rol de la mujer ha tenido una evolución evidente y favorable en algunos casos, se ha demostrado que el desarrollo femenino se liga tanto a un desarrollo social como laboral que la amplia sus posibilidades de esparcimiento en la sociedad actual.

La inserción de la mujer al trabajo forma parte de esta evolución, se ha ganado una independencia que la liga muchas veces a ser el sustento de un hogar o en simplemente en la realización profesional como personal en distintos ámbitos, la cual es fruto de esta constante superación que se ha tenido que someter por décadas y en contra de toda dificultad que se presentó por el hecho de “ser mujer”, pero en éste ámbito la igualdad se ve estancada y nuevamente se hace presente la noción, retrograda por lo demás, de inferioridad femenina frente al hombre, o mejor dicho, una concepción machista. Podemos poner algunos ejemplos claros como el acceso a ciertos puestos de trabajo, que por lo demás suelen ser de alto cargo, ciertas funciones específicas y sobre la diferencia salarial por mismo trabajo realizado.

Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas en Encuesta Suplementaria de Ingresos, a fines del 2011 la brecha salarial entre hombres y mujeres promedio era de 32,8%, pero subía a 35,4% entre los trabajadores con educaciones universitaria y al 38,2% en aquellos con educación secundaria. El sueldo promedio de hombres es de 417.900 pesos mensuales y el de las mujeres es de 280.900 pesos mensuales.

Aunque el acrecentamiento de mujeres trabajadoras es un hecho y con el tiempo fue se expandió considerablemente, se le seguía situando bajo la concepción domestica, familiar y reproductiva, lo que de igual forma pone dificultades a la integración laboral. No está demás  destacar que se entrega mucha más protección a la percepción de “madre trabajadora” con sus hijos, qué de una igualdad de protección a un “padre trabajador”, porque, como mencioné, se ve a la mujer solamente como quién es la que tiene que estar a cargo del cuidado de los hijos, lo que muchas veces en la práctica no sucede. Puede sonar como una realidad lejana, pero también pone en evidencia sobre cómo solo al género femenino está estigmatizado con lo familiar y no pone en igualdad de condiciones al hombre, porque no sirve una idea de igualdad plena si se sigue situando a la mujer con solo ciertos “roles” en la sociedad.  La nueva legislación sobre el post-natal es un avance en el rol paterno, pero su intención no está muy ligada a entregar una igualdad de género.

La desigualdad entre géneros, donde el femenino se ve desfavorecido, quedará obviamente en evidencia si nuestra legislación laboral deja mucho que desear. Si no se entregan normativas laborales que amparen íntegramente a los trabajadores, obviamente se verá una desventaja en las condiciones y remuneraciones que la mujer trabajadora tiene que enfrentar en nuestro país.

Aunque la consagración de Derechos Fundamentales impone la igualdad, en éste ámbito poco se toma en consideración, podemos atribuirlo nuevamente que la noción cultural de una sociedad como la chilena, no crea una real conciencia de esta diferencia, acepta ésta desigualdad de manera cotidiana, entonces se verá reflejado en todo ámbito.

La inferioridad que tiene la mujer en comparación con el sueldo del hombre tiene relación con la poca valoración del trabajo de ésta, ya que como mencionamos, se le ha asignado un rol forzado en la sociedad que desvaloriza su productividad.

Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas en Encuesta Suplementaria de Ingresos, a fines del 2011 la brecha salarial entre hombres y mujeres promedio era de 32,8%, pero subía a 35,4% entre los trabajadores con educaciones universitaria y al 38,2% en aquellos con educación secundaria. El sueldo promedio de hombres es de 417.900 pesos mensuales y el de las mujeres es de 280.900 pesos mensuales.

La Ley n° 20.348 de Igualdad Salarial fue publicada en el 2009, pero entró en vigencia en el 2010. Se introduce de manera principal al Código del Trabajo:

El Artículo 62 bis: “El empleador deberá dar cumplimiento al principio de igualdad de remuneraciones entre hombres y mujeres que presten un mismo trabajo, no siendo consideradas arbitrarias las diferencias objetivas en las remuneraciones que se funden, entre otras razones, en las capacidades, calificaciones, idoneidad, responsabilidad o productividad”.

El enfoque que presenta esta ley es claramente hacia el beneficio de la trabajadora, pero igualmente poco han sido los cambios que ha generado la entrada en vigencia de la normativa. Si bien se imponen multas a las empresas que no cumplan con lo establecido, pocas han incluido la ley y la desinformación sigue estando presente.

La entrada de la mujer al trabajo tiene muchas limitaciones; nos enfocaremos a una en particular: La mujer en edad fértil.

La condición de mujer y su capacidad de ser madre, si bien la sociedad la estigmatiza inmediatamente como un ser solamente reproductivo, entendiéndose como si fuera la principal función de ser mujer; al mismo tiempo la discrimina ¿Por qué? Porque para un empleador, la contratación de una mujer en edad fértil si le trae “complicaciones”, tanto el pre/post- natal como el fuero, puede llegar a complicar su productividad (desde una mirada pro-empresa) y eso llega afectar a la misma contratación y relación laboral.

Ahora, está claro que no se puede negar está protección, ni tampoco se puede condicionar el trabajo al “no embarazo”, pero si existen formas en que el empleador se “libra” en cierta manera de esta protección; la contratación a honorarios es una forma, reconocida es su intención como “fuga de derecho”. Una trabajadora a honorarios al quedar embarazada sí tendrá un reconocimiento en el post-natal, pero no gozará de los mismos beneficios de una trabajadora con contrato dado su contrato civil  y no laboral, lo que al empleador le conviene de mayor forma. Así podemos situarnos en las limitaciones laborales que presenta una trabajadora.

El acceso a cargos altos también presenta desigualdad, la discriminación en la otorgación a mejores posiciones laborales no queda excluida, si bien hay una variación en el tiempo, es difícil acceder como mujer a altos cargos y cuando estos se logran, nuevamente vemos que la diferencia se hace presente en la remuneración.

La igualdad de género no se respeta totalmente si no tenemos una nueva visión de lo que realmente significa igualdad. Más que una discriminación a las mujeres, es la categoría inferior que se le entrega, concepto que ha tratado de evolucionar pero poco se puede lograr cuando el machismo está instaurado y lamentablemente heredado. Pero no hay que tener una visión pesimista del tema, ya que los avances que se ha tenido si han servido para que paulatinamente se cambien este dañino concepto social.

El ámbito laboral está casi totalmente relacionado con diferencias, las cuales incluyen muchas aristas de la sociedad chilena; hay que generar cambios, tanto a favor de una legislación laboral que esté en una completa disposición del trabajador y que esto mismo abarque a todo tipo de personas, proteger la vulnerabilidad sin distinguir ni condición ni genero.

Nuestro país necesita seguir avanzando de una manera real y no solo jactarse de un crecimiento “económico” que tanto se predica, sino también de un crecimiento humano que entregue las mismas posibilidades a todas las personas, como se consagra en nuestra  Constitución; la cual no queda exenta de esta modificación integra, ya que se necesita consagrar y dirigir la Carta Fundamental hacía una dirección que favorezca a todos los habitantes de la Nación.

No podemos alejarnos de esta construcción y aportar al empoderamiento necesario, si queremos una sociedad justa, empecemos por crear una igualdad.

TAGS: #Desigualdad Derechos de la Mujer

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