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RSE: no es filantropía

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En nuestro país, la gran mayoría del empresariado ve la responsabilidad social más bien como una labor filantrópica y no como lo que es: Una acción de sustentabilidad para lograr un desarrollo sostenible que permita garantizar calidad de vida para la generación presente y futura. En otras palabras, un modelo de gestión exitoso es el que considera la identificación de los grupos de interés, los impactos que generan el negocio y los riesgos y oportunidades derivados de esos impactos.

Según el IFC (Corporación Financiera Internacional), grupo del Banco Mundial, en la actualidad la expresión “relaciones con los actores sociales” se está empezando a usar para describir un proceso continuo más amplio y más inclusivo entre una empresa y quienes podrían verse afectados por sus actividades, que abarca una variedad de actividades y enfoques, que se desarrolla a lo largo de toda la vida de un proyecto.

Esta evolución del significado de la expresión es “indicativa de cambios más generales en el mundo financiero y de los negocios, en el que se reconocen cada vez más los riesgos para las actividades comerciales y para la reputación que se derivan de una relación precaria con los actores sociales, y se hace cada vez más hincapié en la responsabilidad social de las empresas y en la transparencia y la difusión de información”.

En este contexto, mantener buenas relaciones con los actores sociales es un prerrequisito para una adecuada gestión del riesgo. En efecto, mientras más una empresa se hace cargo de sus impactos de manera responsable, más beneficios genera para el negocio.

Un gran número de empresas ha encontrado valor, ventajas y beneficios para sus negocios al invertir en modelos de gestión enfocados desde la sustentabilidad, pues les permite asegurar la sostenibilidad del negocio, perfeccionando su producción, disminuyendo costos y elevando su calidad. Además, su imagen corporativa y de marca se posiciona con una alta reputación, disminuyendo riesgos de mercado e incrementando la rentabilidad.

El asumir una estrategia de gestión sustentable permite a la empresa comprender el rol que juega dentro de la sociedad y que ese rol hay que asumirlo de forma responsable.

En nuestro país, por desgracia, los diversos casos de colusión, escandalosas repactaciones de deuda como las de La Polar, el Banco Santander y la generalizada falta de responsabilidad social empresarial, de las Isapres, Afps, telefónicas, farmacias, retails etc., nos muestran la necesidad de recorrer el camino correcto.

En el caso que de La Polar, la fuerte protesta pública y la consiguiente preocupación por la ética empresarial pone en duda las bases en que se sustenta el crecimiento económico del país.

En una entrevista al diario El País un catedrático de la London School of Economic decía, refiriéndose a las lacras que empañan la economía en España, como la corrupción, “el poder de los contactos frente a la meritocracia hace que la gente rechace el capitalismo porque cree que funciona a base de chanchullos”.

La economía de mercado en una sociedad necesita de legitimidad y eso solo lo entrega la transparencia y que las reglas del juego sean para todos iguales.

El caso del accidentado proyecto Hidro-Aysén nos sirve de ejemplo de cómo no se tienen que hacer las cosas. En efecto, en su momento el claro pronunciamiento de la candidata, hoy Presidenta Michelle Bachelet, en cuanto a que el proyecto de Hidro-Aysén es hoy inviable y que por lo tanto no se debía seguir construyendo, es una muestra palmaria de un proyecto que no tomó en cuenta los efectos sociales, medioambientales y culturales que significaban su implementación.

En respuesta a la candidata del Pacto Nueva Mayoría, el vicepresidente ejecutivo de la hidroeléctrica, redujo el problema a la necesidad “de un acuerdo político que promueva una línea de transmisión para todos los proyectos, y en esa medida va a ser viable HidroAysén”.

El señor gerente creyó erróneamente que la ciudadanía de la patagonia y del país no tienen opinión en este asunto: craso error cometen los inversores de este mega proyecto y que es también el de muchos otros empresarios, que no entienden que sus emprendimientos afectan a miles o millones de ciudadanos.

El profesor de ética de negocios de la universidad de Georgetown Washington D.C,  John M. Kline, señala en un artículo aparecido en un vespertino local que: “un aspecto preocupante del caso de La Polar es la cantidad de personas del sector privado e instituciones que no detectaron y/o tomaron medidas contra la conducta indebida de La Polar”.

Podemos concluir, como lo hace en el citado artículo el profesor Kline que algunos aspectos del escándalo sugieren que por lo menos una parte de la élite empresarial valoriza los negocios “ingeniosos” y las ganancias a corto plazo por encima de ser justos con los clientes, o incluso del éxito empresarial.

Hoy Chile es, según muchos observadores internacionales, un ejemplo de irresponsabilidad social empresarial. Y la pregunta que nace espontánea es: Donde están las leyes que pongan atajo a esta situación que provoca un serio daño social y de imagen país.

Las pocas empresas nacionales que han iniciado un camino hacia la responsabilidad social han desarrollado políticas encaminadas a su sostenibilidad, con el objetivo de abordar los impactos que generan sus negocios en las dimensiones, económicas, ambiental y social. En este entendido, se hace indispensable, el compromiso y la conducción que puedan ejercer los directivos de cada empresa, puesto que éxito de un modelo de gestión de sustentabilidad solo será exitoso si la alta dirección apuesta por la sostenibilidad del negocio en el largo plazo, con una visión estratégica de futuro.

En un informe del año pasado sobre la responsabilidad social empresarial, una consultora multinacional, le dice a sus clientes locales: que las empresas con responsabilidad social deben identificar a su entorno interesado (stakeholders): trabajadores, vecinos, clientes, accionistas etc., y determinar los impactos causados en la vida de sus comunidades y el medio ambiente; el identificar los riesgos y oportunidades de esos impactos; desarrollar iniciativas que agreguen valor a sus productos y servicios, generando “good will” contribuye al “blindaje social” del negocio.

Entender que una empresa genera impactos, ya sea por medio de sus operaciones o por los servicios que ofrece, permite que la compañía los pueda considerar y asumir como parte de su planificación  estratégica, logrando aminorar o bien reducir progresivamente esos impactos.

En nuestro país, la gran mayoría del empresariado ve la responsabilidad social más bien como una labor filantrópica y no como lo que es: Una acción de sustentabilidad para lograr un desarrollo sostenible que permita garantizar calidad de vida para la generación presente y futura. En otras palabras, un modelo de gestión exitoso es el que considera la identificación de los grupos de interés, los impactos que generan el negocio y los riesgos y oportunidades derivados de esos impactos.

El nuevo contrato que la sociedad requiere para que seamos un país más rico y equitativo necesita del concurso de todos los sectores. En efecto, sin leyes que regulen el crecimiento sustentable basado en la ética y las buenas prácticas, sin canales para la expresión de los actores sociales y sin emprendedores comprometidos con la sustentabilidad, no seremos una nación desarrollada.

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09 de mayo

INTERESANTE como el autor de este artículo nos hace reflexionar sobre la tan altisonante “responsabilidad social” del empresariado y su traducción al terreno de la práctica real en nuestro país. Sin embargo, para que los procesos puedan direccionarse por las vías que sugiere Claudio Vásquez, deben existir “retroexcavadoras” que instalen un nuevo paradigma de desarrollo. A lo más que podemos llegar con este modelo, instalado a “sangre y fuego” por la derecha, por el empresariado y muy bien reforzado por la Concertación, es, precisamente, a una “labor filantrópica”, siempre que no perjudique sus intereses y mejor, si ello le significa reducir impuestos y una imagen de “buena empresa”… o sea, por todos lados hay que “ganar”. Por supuesto, que bajo esos conceptos, hasta dicha “labor filantrópica”, se transforma en verticalismo antidemocrático y en “asistencialismo” manipulador y antidialógico. Mientras perduren los pilares fundamentales de la estructura pinochetista, no es posible “Otro Mundo”… mientras no cambiemos los grises paradigmas neoliberales, no podremos arribar a la iridiscencia de un país sustentable, más justo y más amososo con todos y todas. Mientras tanto, se seguirá con una responsabilidad social “para la foto”, con el lucro en la educación, en la salud y una un sistema de AFP perverso.

10 de mayo

Gracias por sus opiniones: muy interesantes.

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