¿Que pasaría si bajáramos el IVA a los libros?

Creo que es importante realizar el análisis económico de la situación una vez que nos encontremos en un escenario en el que se ha eliminado el IVA al libro. Aquí no hay ánimo de desmerecer las iniciativas que ven esta medida como posibilidad de mejorar el acceso a la lectura, solo quiero agregar un elemento que creo es importante a la discusión.

Consideremos el siguiente contexto:

Hoy día la distribución de los libros se basa en posiciones monopólicas de las editoriales. Si usted quiere comprar un libro de un autor del último siglo, lo más probable es que pueda recurrir a una sola editorial. Una sola empresa provee un bien específico: monopolio.

Usted puede decir que no hay un monopolio, porque hay muchas editoriales, distribuyendo muchos libros. Pero los libros como concepto general no existen, las personas por lo general no buscan leer por leer algo, cualquier cosa. Tienen autores favoritos, temas que les atraen más que otros, y por lo tanto, lo que efectivamente sucede en la distribución de los libros, es un monopolio.

La definición de los precios del bien, por lo tanto, depende en su mayoría de lo que quiera hacer el monopolista. Una vez determinado el precio máximo dispuesto a pagar por el consumidor, no tiene incentivos a realizar bajas, y los consumidores tampoco tienen poder de mercado (como la demanda a empresas que le compitan) para disminuirlos.

¿Cuál sería el comportamiento de esta empresa monopólica, enfrentada a la liberación del arancel?

La empresa tiene dos opciones: bajar los precios de los libros, apostando a que el dinero liberado de esta forma se traduzca en más ventas, o bien mantener el precio, ya que sabe que eso es lo que los compradores están dispuestos a pagar, y sólo pueden comprarle a ella.

El comportamiento más lógico de la empresa en este escenario es mantener los precios, porque la liberación de dinero es marginal en relación al costo del libro. Si hoy día un libro cuesta $30.000 con IVA, y sin IVA queda en $25.210, el dinero liberado no alcanza para comprar otro. Por lo tanto, a la empresa le conviene mantener el precio de hoy (con impuesto), o realizar una reducción menor solo con objetivos de marketing (quienes no compraban antes, compren ahora, por el “ofertón”). El problema es que es probable que el aumento de consumo de libros de quienes no tienen la costumbre de leer, de quienes ya pagaban “lo que hubiera que pagar” sea muy bajo o esporádico.

Esto significa que la reducción del IVA provocaría que el dinero liberado se vaya directamente a las editoriales, no a los artistas (esta charla de Hernán Casciari es muy buena para ejemplificar este tema).

Por lo tanto, no estaríamos ni promoviendo el desarrollo artístico, ni la lectura (porque los precios se mantendrían); sólo estaríamos cambiando el dinero que antes iba al Estado, a las empresas.
Es necesario tener en consideración las posiciones monopólicas de estas compañías siempre que busquemos soluciones económicas para este tema. Las editoriales son empresas que gozan de los beneficios monopólicos otorgados por el Estado en las leyes de derecho de autor.

Quizás por temas de formación profesional tiendo a ver los problemas y su solución en relación al objetivo que se busca conseguir.

Si el objetivo en este caso es promover la lectura ¿no sería mejor que conversáramos seriamente sobre los procesos de distribución de los libros? ¿Que buscáramos un “nuevo trato” en temas de derechos de autor, que promueva el bien común y solucionáramos la distribución monopólica de un bien que, al parecer, cumple un rol social? ¿Qué promoviéramos el dominio público y definiéramos el rol del Estado en relación al acceso a la cultura (que hoy está definida por el mercado)?

Por lo general la discusión de quienes no toman en cuenta a la industria del libro como lo que efectivamente es, una industria con empresas monopólicas, se basa en una relación romántica y hasta de cariño con los libros. Y muchos de quienes están en esta posición buscan con muy buenas intenciones que todos puedan acceder a ese tipo de relación, y que el precio de los libros no los excluya. Pero en el contexto de las industrias culturales, donde los intermediarios de la distribución han generado negocios millonarios, la relación romántica con el libro puede llevar a olvidar que hoy día detrás de los libros hay empresas, y ellas no están para perder plata que podrían ganar.

*Esta columna contó con la colaboración de Cristian Mansilla, Magister en Economía Aplicada de la Universidad de Chile .

Foto: Bookgrl / Licencia CC

 

Pablo Carcamo