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Andina 244: glaciares, ciudadanías y finanzas

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La Dirección General de Aguas, organismo técnico del Estado de Chile, destaca que Andina señala una cantidad de glaciares en un capítulo del Informe de Evaluación Ambiental, y otra cantidad en otro capítulo –y así, capítulo por capítulo-. Falta completa de seriedad de un informe pagado por todos los chilen@s, pues Codelco [en la teoría] nos pertenece a tod@s nosotros.

Empecemos por recordar algunos parámetros básicos. Andina 244 es el nombre del proyecto de expansión de la actual faena de la división Andina de Codelco. La faena se ubica en el extremo sureste de la comuna de Los Andes, en la alta cordillera, justo en la zona crítica de las fuentes del río Blanco –principal afluente del río Aconcagua-, y rodeada de glaciares que alimentan tanto esos ríos como las napas subterráneas, no sólo de la región de Valparaíso, también y por el costado sur la extensa zona del valle del Maipo-Mapocho.

En algún lugar se ha dicho que Andina 244 es un Chuquicamata encima de Santiago. Veamos si hay razones y motivos. Con la expansión 244, la faena pasa a ocupar superficies de la comuna de Lo Barnechea. Es decir, pasa ya claramente a instalarse en la geografía de la Región Metropolitana (ver: EIA Andina 244. Resumen ejecutivo).

En un comienzo y con gran bombo, los directivos de Codelco anunciaron que construido Andina 244, se constituía en la faena minera más grande de la empresa estatal (y de todo el mundo). Tal vez incluso con afanes de impactar en los mercados y la competencia, se dijo que el rajo a cielo abierto del 244 sería de 1.000 hás. Esto es, un 25% más grande que el Chuquicamata tradicional del desierto (cuyo rajo mide 800 hás.).

Luego del impacto más bien ciudadano que produjo el conocimiento público del tamaño de la mina a rajo abierto, vecina de los barrios capitalinos, esos directivos han salido a decir que no era cierto. Recordemos la reacción derechamente opositora al proyecto del alcalde RN de la comuna de Lo Barnechea, quien señaló las amenazas evidentes del 244 contra la tan exclusiva calidad de vida de sectores en esos barrios (ver declaraciones públicas, página web de la Municipalidad, respuesta oficial de la Municipalidad a las consultas del Sistema de Evaluación Ambiental).

En realidad, dijo ahora Codelco, el rajo “solamente tendría 500 hás”. En esta como en otras materias que veremos más abajo, todo es cuestión de cómo mida usted lo que está midiendo. Cómo se manipulan los datos para probar lo que se quiere.

De partida, el 244 queda inmediatamente adyacente a la faena Los Bronces situada completamente dentro de la comuna de Lo Barnechea. Comparten la misma veta y, en efecto, en el horizonte temporal ambas faenas se fusionan. Mida usted ahora cómo serán el 244 más Los Bronces y probablemente llegue ahora incluso a más de 1.000 hás. (para que usted se haga una idea gráfica, 1.000 hás. equivalen a 1.000 canchas de fútbol profesional).

Pero aquel Chuquicamata posee una planta de tratamiento de mineral de 180.000 toneladas por día. Nuestro Chuquicamata, vecino del Aconcagua y de la Metropolitana, tendría una planta de tratamiento de mineral de 244.000 (y hasta 272.000) toneladas por día. Es decir, el tamaño del 244 sería ahora un 35% mayor que el Chuquicamata del norte.

¿Ha visitado usted Calama? Me refiero a si ha sentido en carne propia, y en relación a las formas de contaminación ambiental de todo tipo, lo que implica habitar una ciudad ubicada a 15 kilómetros de una faena de la envergadura y niveles de contaminación como Chuquicamata. Nuestro Chuqui quedará tan cerca de Santiago como Calama de aquel. Se ha dicho que la distancia lineal de Santiago a la faena es de 50 kilómetros. Pero, nuevamente, depende cómo se mida. Si usted lo mide desde la Plaza de Armas, seguro. Y eso es lo estándar. Pero si se mide desde las últimas casas instaladas en la precordillera del “barrio alto”, o sea, de los lugares concretos donde vive tanta gente, la distancia se acorta a menos de la mitad. Pues entre la Plaza de Armas y las últimas casas puede haber fácilmente 25 kilómetros. Además, ¿dónde mide usted la ubicación del rajo? ¿En su centro o por los caminos donde transitan camiones a su alrededor destruyendo ecosistemas, levantando material particulado y pisando glaciares?

La Dirección General de Aguas (DGA), organismo técnico responsable de las aguas a nombre del Estado de Chile (y de todos los chilen@s), señaló al Sistema de Evaluación Ambiental que la información que entregó Andina de la cantidad de glaciares afectados (destruidos, intervenidos, cubiertos con estéril), es ambigua y contradictoria –y llega hasta el número de 26-. La DGA destaca que Andina señala una cantidad de glaciares en un capítulo del informe EIA, y otra cantidad en otro capítulo –y así, capítulo por capítulo. Falta completa de seriedad de un informe pagado por todos los chilen@s, pues Codelco [en la teoría] nos pertenece a tod@s nosotros.

Si uno va a los mapas que estudia la DGA de Andina 244, nota que la cantidad de glaciares en la zona es inmensa, y con tres características sobresalientes:
– que existen glaciares “blancos”, esto es, los visibles en las cumbres de los nevados,
– que existe un gran número de los llamados glaciares “de roca”, y
– que inmediatos a los glaciares directamente afectados se ubican los glaciares que dan, por el sur, a las subcuencas de los ríos Olivares y San Francisco, ambos principales afluentes del Mapocho.

Los glaciares “de roca” no son tan visibles como los “blancos”, pues se conforman de mezclas de hielo y piedra. Pero su función ecosistémica puede resultar aún más relevante que la de éstos. Porque se ha estudiado que los “de roca” aportan la mayoría de las aguas por derretimiento y por escurrimiento a las napas subterráneas.

Y entonces, nos vamos al valle de río Aconcagua. Hay un dicho popular en el valle: “Andina crece, el agua desaparece”. En efecto, a medida que Andina ha ido creciendo los últimos 15 años, la cantidad de aguas de los afluentes al río Aconcagua han disminuido. Andina posee ya el record de constituir la mayor faena minera destructora del entorno glaciar en el mundo.

En resumen, el valle del Aconcagua se seca, y con el 244 la amenaza de que se haga aún más seco son altísimas.

La resistencia ciudadana organizada comenzó con los primeros meses del 2013. En abril, entre organizaciones y personas naturales, se presentaron unas 2.000 observaciones y reclamos contra la calidad del Estudio de Impacto Ambiental presentado por Andina. Y, es notable, la ciudadanía se manifestó respecto de cada etapa y sector del proyecto –o sea, desde los barrios de Lo Barnechea hasta la caleta de Ventanas en Puchuncaví, lugar donde ocurriría el embarque de la producción del 244, pasando por Til Til, La Cruz, Calle Larga, etc.

Existe una coordinadora de organizaciones del valle del Aconcagua con la Metropolitana (las regiones V y Metropolitana juntas reúnen la mitad de la población de Chile). Se han realizado marchas, cabildos, visitas al Congreso. No se sorprenda nadie si el próximo tema socioambiental en la agenda nacional –el que venga ahora con Hidroaysén y Pascua Lama-, sea el de una Alameda con miles de personas protestando para denunciar una amenaza directa a su modo y calidad de vida en la ciudad –que en este caso significa, en primer lugar, cuidar el elemento vital del agua para beber y regar.

Titulamos: “Glaciares y finanzas”. Las finanzas, entonces, lo que implican los 6.800 millones de dólares de inversión estimada, las dejamos –porque esta columna se ha hecho larguísima- para la próxima reflexión. Pues los dólares tienen tanto que ver en este escenario como las aguas, aunque no podemos sino adelantar que con dólares no se sacia la sed. Y con sed los pueblos se rebelan, sea que voten en las izquierdas o en las derechas.

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