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¿Soy el más apto? Ilusión o realidad

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La palabra meritocracia fue acuñada el año 1956 por el sociólogo Alan Fox. De acuerdo a él, la meritocracia lleva implícito el concepto de inequidad. Fox se preguntó, ¿Por qué dar más premios a los ya prodigiosamente dotados? En sus palabras, brindar a quienes realizan labores difíciles o poco atractivas más tiempo de ocio, compartiendo asimismo “la riqueza” de manera más equitativa (no dice igual riqueza) con el propósito de que todos tengamos una mejor calidad de vida y, a la vez, una sociedad con mayor bienestar.


La [meritocracia] respalda un sistema competitivo, lineal y jerárquico en el que, por definición, muchas personas deben quedarse atrás.

De forma similar, la filósofa Hannah Arendt señaló en 1958: “La meritocracia contradice el principio de igualdad… no menos que cualquier otra oligarquía. Además, ella se mostraba particularmente despectiva sobre la introducción de las grammar schools (escuelas de gramática)y la segregación institucional de los niños, de acuerdo con estrechas medidas de “habilidades”, que se estaba dando aquella época en Inglaterra.

Continuando, M. Young, en su best seller “The Rise of the Meritocracy”, publicado en 1958, también emplea meritocracia de manera despectiva. Debo indicar que su libro no es nada más y nada menos que una adaptación de su tesis doctoral (PhD).

La novela de Young, que está ambientada en un futuro distópico, intenta satirizar el sistema educativo inglés de 1958. Durante esos años los estudiantes británicos eran evaluados y divididos en tres tipos diferentes de escuelas basadas en pruebas tempranas (por ejemplo, escuelas de gramática para los clásicos, escuelas técnicas para el ciencias y escuelas modernas para todos los demás). El libro, en términos generales, describe las consecuencias de un sistema donde se observa el ascenso de una élite meritocracia y el declive de las clases más bajas.

Bueno, este es el verdadero origen del concepto meritocracia, claramente muy diferentes de lo que hoy suele entenderse. Pero, ¿cuándo esta palabra cambio de sentido y se volvió positiva?, algo deseable.

El cambio

Muchos sociólogos han creído (y algunos siguen haciéndolo) que la meritocracia contribuye a la cohesión social y esto parte con el sociólogo Daniel Bell, quien en 1972 le dio un giro en positivo al concepto, al sugerir que la meritocracia podría ser el motor productivo de una nueva “economía del conocimiento”. Y ya en la década de 1980, la palabra estaba siendo empleada positivamente por una serie de think tanks (un cuerpo de expertos que proporcionan consejos e ideas sobre problemas políticos o económicos específicos) de la nueva derecha, para describir su versión de un mundo con diferencias de ingreso extremas y alta movilidad social. La palabra meritocracia había cambiado y casi de un día para otro había metamorfoseado kafkianamente: una mañana, tras un sueño intranquilo, meritocracia se despertó convertida en caballo de Troya”.

Décadas más tarde, Young habría de confesar: “lamentablemente me decepcionó que la idea se mencionara favorablemente en los Estados Unidos y extendiera a otros países”. Lamentó que la meritocracia (que yo llamaré más adelante meritocracia entre paréntesis) se hubiese convertido en el medio por el cual la clase dominante se reproduce y priva a la clase trabajadorade aquellos que habrían de ser sus líderes naturales, los portavoces competentes y voceros de la clase obrera que continuarían identificándose con la clase de la que provienen”. Los que quedan atrás, indicó, “se desmoralizan fácilmente al ser despreciados por personas que lo han hecho bien”. Es decir, “es realmente difícil en una sociedad, que tiene tanto mérito, ser juzgado como si uno no tuviera ninguno. Nunca se había dejado a la clase baja tan moralmente desnuda”.

Meritocracia entre paréntesis: [meritocracia]

En el lenguaje actual, [meritocracia] se refiere a la idea de que sea cual sea nuestra posición social, al nacer, la sociedad debería facilitar los medios para que el “talento” se “suba a la cima”. Está ideología se ha convertido en un medio clave mediante el cual la plutocracia es respaldada dentro de la cultura neoliberal contemporánea. Así, dado que el concepto de [meritocracia] está hoy en gran parte normalizada como totalmente beneficiosa, vale la pena resaltar algunos de los problemas con el concepto tal como se entiende generalmente.

Para empezar, la lógica de la [meritocracia] asume que el “talento”, alguna “habilidad” o la “inteligencia” son innatos, se nace con eso: Depende, en otras palabras, de una concepción esencializada del intelecto y la aptitud. Principalmente asume que, por ejemplo, una habilidad al ser innata, da o no la oportunidad de “triunfar”. Esta noción es singular y lineal, y está en oposición a las concepciones de las inteligencias múltiples y diversas, que pueden cambiar y crecer en numerosas direcciones producto de las experiencias y aprendizajes. Llevado a su conclusión lógica, comparte una concepción tan hermética de la inteligencia como una entidad singular y sellada, como Young insinuó en “The Rise of the Meritocracy”, la lógica de la eugenesia. Visto así, este elitista “mito de la diferencia inherente” creció aceleradamente en las naciones ricas.

Continuando, la [meritocracia] respalda un sistema competitivo, lineal y jerárquico en el que, por definición, muchas personas deben quedarse atrás. La parte superior no puede existir sin la parte inferior. No todos pueden “elevarse”. El talento no realizado es, por lo tanto, la condición necesaria y estructural de su existencia. La [meritocracia] ofrece un sistema de movilidad social “escalonada”, que promueve una ética socialmente corrosiva, de interés propio competitivo, que legitima la desigualdad y daña a la comunidad “al exigir que las personas se encuentren en un estado permanente de competencia entre sí”.

Lo anterior nos recuerda el termino “supervivencia del más apto”, acuñado por el filósofo y economista H. Spencer en 1851. Según Spencer, “las civilizaciones, sociedades e instituciones compiten entre sí para sobrevivir, y solo resultan vencedores aquellos que son biológicamente más eficaces”. Así, muchos recurren, para justificar la [meritocracia], al darwinismo social. Para entender un poco esto, podemos señalar que el darwinismo social supuestamente se basa en los planteamientos propuestos por la teoría planteada por Charles Darwin. Esta teoría parecería, para algunos, poseer un inmenso potencial como justificación ideológica para posicionar el valor de una raza sobre otra, de los ricos sobre los pobres, de los letrados sobre los ignorantes. Muy especialmente, el darwinismo, funcionó como un hito que no solo estipulaba que la competencia, la desigualdad y la explotación del modo de producción capitalista eran el camino a seguir en aras del progreso humano desde la óptica positivista, sino que establecía las bases “científicas” de la dominación racial y de clase en la sociedad liberal.

Es así como puede inferirse, que el gran éxito de ventas (aproximadamente 4250 libros vendidos) que tuvo Charles Darwin, cuando publicó su libro “On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life”, pudiera ser más por su aplicación a la naturaleza de las doctrinas económicas y sociales de Malthus y Spencer, que al interés científico que el libro entrañaba. Como comentario aparte, no hay duda que no lo habían comprado 4250 científicos, sino la élite de la época.

Una reflexión

Nosotros, los seres humanos, somos ante todo organismos sociales, poseedores de la capacidad de comprender los estados emocionales y afectivos de nuestros pares, lo que nos hace actuar adecuadamente frente a diversas situaciones y nos permite inferir sentimientos e intenciones, adecuando nuestra conducta social. Este fenómeno, definido como nuestra capacidad de empatizar con los demás, es el que genera nuestra conducta prosocial. En este contexto, las conductas basadas en  [meritocracia], erosionan y dañan nuestro bienestar, al llevarnos en una continua competencia.

A diferencia de lo que algunos crean, la única posibilidad de éxito como sociedad humana, está en la colaboración y cooperación, dentro de un entorno de igualdad de oportunidades y de justicia social. La competencia meritocrática solo permite acelerar la velocidad con la que se llega al abismo.

TAGS: meritocracia

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