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Crisis de Sename: Usted es parte de la solución

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Llevo varios días tratando de poner en palabras la pésimamente llamada “crisis del Sename”, con el objetivo de poder explicar de manera sencilla, mi parecer al ciudadano común: obrero, cajera, empaquetedor, operario.

Lo anterior, a partir de 10 años de experiencia en el trabajo con niños. Y me ha costado tanto, porque mientras más leo y escucho a los “expertos”: políticos, académicos, intelectuales, más se profundiza en mí la sensación que el problema de comprensión se ubica en el sector “experto” y que más bien el ciudadano común cuenta con una constatación empírica de lo que yo quisiera decir.


Esos niños, mis niños, usted comprenderá no son “del” Sename, esos niños son del mundo civil y político, son de sus familias y de los profesionales que participan de sus cuidados

El Servicio Nacional de Menores (Sename) ha desarrollado desde sus orígenes y hasta la fecha programas Residenciales (Hogares) y Programas Ambulatorios, estos últimos hoy representan el 90% de la Oferta Programática del Sename, siendo aún escasos en función de las necesidades de la población e ineficiente (muchas veces) en sus líneas de acción. Y además el Servicio está encargado de la ejecución de proyectos de la línea de Responsabilidad Penal Adolescente, arista todavía más compleja y lejos de la comprensión de los ciudadanos, en el entendido que esos jóvenes que hoy hacen tanto y tanto daño, en algún momento fueron niños que sufrieron lo indecible y a los que llegamos extremadamente tarde con estrategias que evidentemente no tienen ningún efecto favorable.

En relación a las Residencias (Hogares) quisiera contarles brevemente mi experiencia. Estuve a cargo de una Residencia de Lactantes con 25 cupos. Recibía una subvención del Estado mensual equivalente a $5.000.000 (apróx.) algo así como $200.000 por niños. Trabajábamos 15 personas: 3 profesionales y 12 Educadoras de Trato Directo. Los fondos debían alcanzar para pagar sueldos (saque cuentas) y evidentemente lo más importante la mantención de 25 lactantes: alimento, arriendo, luz, agua, gas, calefacción, furgón, cuotas jardín infantil, medicamentos, actividades de recreación, entre otros. En palabras del Estado, el aporte era sólo una “subvención”. Y entonces, los feriantes nos donaban la ropa y lo que “sobraba” en la feria, algunos subsecretarios y ministros donaban el 10% de su sueldo y así la sociedad a la que podíamos conmover nos hacía un aporte, siempre desde la caridad

Esos niños, mis niños, no eran niños abandonados. Por lo pronto la gran mayoría contaba con sus familias de orígenes o extensas que por diversos motivos no pudieron cuidarlos de la mejor manera y también existíamos nosotros, el equipo (profesional y técnico) que hizo una apuesta insolente, que a pesar del precario escenario económico, implementó un modelo de intervención innovador, creativo, ético y político (Acompañamiento Terapéutico, ver www.casadelcerro.cl).

“Esos niños, no estaban abandonados. Primer error. Los niños de Residencia no son, ni están ahí abandonados. Tienen la gran mayoría de ellos familia y también tienen personas dentro de las Residencias dispuestas a cuidarlos y amarlos, tienen amigos, compañeros de ruta, profesores, médicos, entre muchos otros profesionales del sistema público y privado que interactúan en sus cuidados cotidianos. Esos niños, mis niños, usted comprenderá no son “del” Sename, esos niños son del mundo civil y político, son de sus familias y de los profesionales que participan de sus cuidados. Por lo tanto si usted no sabe cuántos niños muertos tiene el Sename, no es solamente responsabilidad de la Ministra de Justicia, de la Sra. Labraña, de la Presidenta Bachelet, los niños muertos en este país son, a mi parecer, responsabilidad de todos. En este país, los niños se mueren. (Ver noticia Bio-Bio, lactante muerto a golpes por su padrastro)

En relación a los Programas Ambulatorios (y reitero, que representan el 90% de la oferta de Sename) son en su mayoría ejecutados por Fundaciones Privadas sin fines de lucro (o al menos debieran serlo) que por medio de licitaciones se adjudican los proyectos. Existen así programas de baja, mediana y alta complejidad, todos dedicados a prevenir o bien intervenir cuando un niño ha sido o presenta el riesgo de ser maltratado, abusado sexualmente, explotado, o bien ha sido testigo y/o víctima de violencia intrafamiliar. En definitiva actúan cuando un niño está o ha estado en una situación de riesgo.

La gran mayoría de los programas de Sename se centran en la atención de los niños y son las “innovaciones” de los profesionales los que suman esfuerzo por incorporar a las familias.

Y entonces vamos a lo medular. No todos los niños de este país tienen los mismos derechos. Usted pensará: “pero ¡¿cómo?! ¡es un ciudadano!” Pero no, no tiene los mismos derechos. Y no me refiero a los recursos económicos. Me refiero a los derechos, a las oportunidades y por supuesto también a sus obligaciones. No hemos sido capaces de ofrecer un marco legal, social, político y ético que nos permita garantizar el ejercicio pleno de derechos para todos los niños de este país.

Hemos centrado la discusión en el Sename, en la Ministra (sin restarle responsabilidad por favor, ella eligió estar ahí, por lo tanto que responda) en el/la Director/a de turno y no hemos tocado el fondo. No hemos querido referirnos a nuestras concepciones de la niñez, de la familia. Ha sido más fácil pensar que todos los trabajadores del Sename son malas personas y pésimos profesionales, asesinos también, que todos los niños del Sename están abandonados por sus familias y también por el Estado, hemos puesto la mirada en el presupuesto siempre escaso, en la mala calificación de los equipos técnicos.

Y entonces preguntémonos quienes son los niños “del” Sename y quienes los atienden.

Los niños “del” Sename son primeramente niños chilenos. Niños como todos los niños, niños como sus hijos o los míos, niños que van a la escuela, que van al doctor, que juegan. Son niños, hijos de adultos que probablemente fueron niños muy similares a ellos. Niños que viven en barrios feos y marginales, en casas o departamentos de no más de 40 mts. y hacinados, niños que van a escuelas públicas, que se atienden en el consultorio u hospital que les corresponde por su domicilio, niños hijos del Chile Crece Contigo, niños hijos de padres/madres que trabajan por un sueldo miserable, que pasan horas sobre un bus, metro o micro, para llegar cansados/as, explotados/as a sus casas.

La calidad de la familia chilena es muy mala. Y los niños “del” Sename o sus familias, no tienen “algo” que en su particularidad los haga ser más o menos negligentes en sus cuidados. Para hacernos cargo de la niñez, no debemos a mi parecer poner el esfuerzo en “restituir” los derechos de ese niño y trabajar en función de las “habilidades parentales” de esa familia.

Cuidar a los niños es tarea de todos. Si yo, si usted, si la Sra. Blanco, Labraña, Sabat, Sr. Safirio, si todos nos sabemos responsables por cuidar de la niñez, por comprender que la forma de que este país avance y se desarrolle es invirtiendo, pero invirtiendo: en la niñez, en la calidad de la vida familiar, en los trabajadores como actores responsable de una transformación social, con la convicción que la interpelación de los niños es al pacto social que debe ser restituido en función de mejorar las condiciones de la calidad de vida que hoy tenemos, invirtiendo en todo (salud, educación, trabajo, recreación) lo que aporte a mejorar la calidad de vida de las familias y sus niños, sólo entonces sabremos la cantidad de niños que mueren (porque podremos contarlos), sólo entonces podremos resolver una crisis que no termina con el fin del SENAME, sólo entonces reduciremos considerablemente la delincuencia y podremos pensar un país más justo.

No es falta de amor, es falta de amar.

TAGS: #DerechosDeLaInfancia #InfanciaChile #Sename

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