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Una acción progresista para las clases medias

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Sin querer hacer una tesis sobre las clases medias, quiero sin embargo resumir que entiendo por este término. La clase media hoy en Chile podría tener diversas clasificaciones todas ellas derivadas principalmente desde un análisis económico. Los significados que la contienen también son diversos desde los diferentes puntos de vista en que se los analice.

Pero quiero referirme entonces a la clase media “emergente” entendida como aquel grupo de personas, familias, que provienen de otra clase, los más pobres, la clase popular, aquella que no tuvo las mismas oportunidades en la últimas décadas del 70 y 80, pero una vez recuperada la democracia y la apertura económica neoliberal, fueron, poco a poco, tomando posición en el ascensor social, pasando de ser muy pobres a convertirse en esto que llamamos clase media emergente. Aunque realmente hablamos de grupos de personas con acceso al consumo de mercado. Dicho mercado les permite consumir más allá de lo que ganan, adquiriendo bienes y servicios superiores a los de sus antepasados, con mejores aspiraciones en el plano cultural y simbólico, con una transformación de sus sistema de valores, pero dentro de un país donde el poder se sigue organizando de la misma forma, donde el verdadero ascensor se encuentra en otro edificio que no es el suyo.


Hoy la clase media se encuentra completamente al desamparo. Obligada a pagar por todo: impuestos, colegiaturas, salud, educación, seguridad privada, basura y un largo etc.

Podríamos discutir en mayor profundidad sobre la apariencia de dicha clase media y la realidad de la misma. Pero lo que aquí deseo apuntar es esa gran mayoría de chilenas y chilenos que tienen mayor y mejor acceso vía endeudamiento, mejores salarios y mejor preparación. Sin duda las expectativas, las metas, los fines son completamente distintos, y donde la política no ha sido capaz de llegar con claridad, donde las ideas progresistas que deberían cuadrar en estos grupos de personas deberían ser mejor recibidas, no lo son.

Hoy la clase media se encuentra completamente al desamparo. Obligada a pagar por todo: impuestos, colegiaturas, salud, educación, seguridad privada, basura y un largo etc. Para las personas de este grupo el Estado parece más bien un enemigo que un aliado, para que hablar de bienestar, eso ni pensarlo. El Estado para la clase media es un señor que al igual que las empresas de cobranza, llama cada 5 minutos para pedir más y más, a cambio según éstos de nada.

Bien podrían estar equivocados, pero lo que importa acá no es la realidad sobre los beneficios del Estado en la sociedad, sino de cómo las clases medias lo perciben. Incluso quienes trabajan para las instituciones del Estado conocen de primera fuente el desamparo, pues saben que están ante el peor empleador del país.

¿Cuál es el relato, la visión, el proyecto que ofrece el progresismo de izquierdas a este mundo? En mi opinión, muy poco y casi nada. Pues algunos siguen la línea de denostar a la clase media emergente con el repertorio ideológico de frases como: burgueses, arribistas, desclasados, y otros tantos que han ido alejando a las personas de la clase media de los valores y las banderas de una izquierda vanguardista y progresista. Y por lo tanto, éstas han caído, como es lógico, presas del miedo a perder lo poco que tienen, por lo que han luchado con esmero y que ven a la vuelta de la esquina que cualquier situación difícil los devolverá a la misma condición que tuvieron sus padres o abuelos. Miedo a enfermar, a quedar sin trabajo, a que pase cualquier remezón que los sacuda tan fuerte que no puedan volver a levantarse en mucho tiempo.

El elitismo económico y cultural de un país como el nuestro sigue reproduciendo, a mi juicio, estos procesos, impidiendo incluso que  afloren liderazgos propios de dicha clase media emergente. Quienes lo han intentado han sido rápidamente “puestos en su lugar”. Si no eres un facho pobre, entonces te llamarán “galán rural”.

Es entonces que la acción es, justamente, que quienes pertenecemos a la clase media emergente salgamos a competir en el campo de los discursos, las acciones y las propuestas que vayan en beneficio de ese grupo de gente con miedo, desamparada y que siente que luego de sus familias y amigos, nadie más les tenderá una mano. Es el corazón de la desconfianza pública, de la desafección política e incluso de una productividad mediocre. Para qué trabajarle a otros con tanto esmero y luego te echan como si nada.

La derecha más consciente que la centro izquierda de estas cuestiones, saldrá con fuerza a conquistar (ya lo hizo en las elecciones) a la clase media emergente. Esa que vive ilusionada con gastar, invertir y ahorrar, pero sólo le alcanza (y a veces ni eso) a pagar. No podemos quedarnos mirando, o peor aún, contestando desde las viejas recetas. Buscando la teoría del empate, o simplemente diciendo que estos son unos capitalistas malvados que nos hacen mal.

Debemos salir con propuestas concretas, para que dicha clase alcance por fin sus metas, sus fines, sus propósitos. Que no son las de ser millonarios, sino que vivir tranquilos, saludables, felices y donde sus preocupaciones estén centradas en disfrutar de la vida y no pensando en cómo esta termina de la mejor forma posible.

Dejar el espacio vació o esperar a que el otro salga primero es un error. Como también lo será que quienes defiendan a la clase media emergente son justamente aquellos que han sido privilegiados siempre, de derecha o de izquierda, y quienes realmente conocemos qué significa sacarse la mugre para vivir endeudado seamos los verdaderos liderazgos de nuestros intereses, nadie velará mejor por ellos que nosotros mismos.

TAGS: #ClaseMedia

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12 de Marzo

Estimado Gonzalo, pienso que su diagnóstico es acertado, pero quizás en su propuesta hay demasiado entusiasmo por lo que se ha dado en llamar “progresismo”, bajo ese alero vemos banderas anarquistas, nihilismo, trotskismo, mantras de la vieja guerra fría aún vivos, y mucha denuncia basada en caricaturas sociales provenientes de la Escuela de Frankfurt, es decir nada que ayude en realidad, todo lo contrario, esa población terriblemente castigada requiere condiciones de estabilidad, respeto, buena fiscalización del accionar del capital, institucionalidad sana, y si se pudiera, dirigentes con algún grado de ética, situación casi imposible en los tiempos que corren.

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