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Perspectivas de referencia optimista para proyectos sociales alternativos

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Entiendo el proyecto social del buen vivir en el ámbito muy amplio de una reconstitución de los vínculos humanos y con la Naturaleza, en una época histórica como la nuestra que sucede la tradición establecida en el nombre de modernidad. Así, este proyecto del buen vivir –o del pluralismo de unos buenos vivires- tiene el sentido de expresar propuestas para la reconstitución del Estado, las instituciones y las políticas públicas relacionadas con Naturaleza. Buen vivir significa también una reformulación de lo que la expresión “bienestar” humano señaló para nuestras sociedades durante el siglo XX. La formulación de nuevas Constituciones de los Estados aparece como un momento propicio para todo ello.


La política de nuestras sociedades parece requerir de miradas optimistas que propongan nuevos paradigmas. Necesita generar ciertos entusiasmos colectivos de mayorías para lograr sustituir las instituciones dominantes en las sociedades.

Tenemos ante nosotros los impactos sobre la Naturaleza de las actividades técnicas, económicas y productivas modernas. Con ello la urgencia de actuar frente a las perturbaciones ecológicas que parecen culminar en los fenómenos de pérdida de la biodiversidad y calentamiento global (Cambio Climático).

Una de las indicaciones para imaginar la propuesta social alternativa surge de una consideración de las culturas indígenas presentes en nuestros territorios. Dos cuestiones son aquí relevantes. Primero, necesitamos puntos de referencia de lo alternativo como aquello que nos permita saltar fuera del paradigma dominante de la modernidad. Vivimos en la hegemonía de un paradigma cultural que no nos permite pensar libremente aquello diferente que buscamos. Verdaderamente nos encarcela dentro de las bases conceptuales del uso social todavía mayoritario. Mientras, las cosmovisiones indígenas pueden constituirse en esos puntos de referencia en la medida en que, precisamente, se dan desde otro espacio cultural que el de las tradiciones del Occidente.

En segundo lugar, tengo la intuición que esas cosmovisiones permiten la recuperación de una existencia humana en cierta armonía con las dinámicas de la Naturaleza. Y que esta concepción de las armonías también refiere de modos distintos de las relaciones humanas, y la conformación de otros tipos de clases o diferenciaciones sociales. Las formas y procedimientos técnicos y económicos de estos grupos humanos no han actuado en la mayoría de los casos como perturbadoras de los procesos naturales. Sus cosmovisiones priorizan las fórmulas de las armonías en lugar de las de dominación y explotación.

Nuestras concepciones actuales del buen vivir acogen esas cosmovisiones como datos influyentes para intentar alternativas a la idea general del “desarrollo” (económico) como paradigma dominante. Y este modo de propuesta del buen vivir está llamando la atención de las intelectualidades de la tradición occidental. Está llegando a los programas políticos como visión de nuevos ordenamientos sociales.

Quizás el elemento clave en todo ello está en poder comprender el sentido indígena de las experiencias de armonías con las fuerzas y ciclos de la Naturaleza. Parece necesario llegar a comprender el sentido de “comunidad” que han conservado, y el modo como instalan lo humano en la totalidad de la Pachamama o madre Tierra.

Una experiencia a comprender está en las formulas indígenas del “ser parte de” la Naturaleza, lo que, aparentemente, no dice lo mismo que entre nosotros dice este “ser parte de”. Hay que comprender si se trata aquí de una comunidad originaria y fundamental de existencia (holística), o de una integración o coordinación de unidades prexistentes y singulares (individuos) –de esto he hablado en otra parte–. Ademàs, el modo de vida urbano de la modernidad ha olvidado que significa “tomar de la Naturaleza lo necesario”. Nuestras costumbres de producción y consumo significan una fuerte perturbación en las relaciones primarias de las armonías.

La emergencia de los proyectos del buen vivir se puede considerar también como reacción ideológica interna de nuestras sociedades contra los modos de acumulación en el crecimiento económico de límites indefinidos. En particular, aparece como reacción ante las fórmulas productivas del llamado extractivismo de la Naturaleza, que se llevan a cabo incluso como justificación de la superación de las pobrezas, entendidas éstas según la medida del consumo de los bienes llamados materiales de las economías occidentales.

Los pluralismos de los buenos vivires aparecen, además, como formas para inquietudes utópicas en la mirada de futuro. La política de nuestras sociedades parece requerir de miradas optimistas que propongan nuevos paradigmas. Necesita generar ciertos entusiasmos colectivos de mayorías para lograr sustituir las instituciones dominantes en las sociedades. Los buenos vivires representan visiones “en construcción” en la medida misma en que sus futuros se nos aparecen como momentos de creatividad en la incertidumbre.

Por lo demás, el buen vivir recibe importantes aportes de derivas ideológicas de las sociedades en el siglo XXI. Hay que mencionar especialmente las concepciones biocèntricas actuales, y las nuevas concepciones de la justicia social y justicia de la Naturaleza para el bienestar humano.

Desde Ecuador y Uruguay, Acosta y Gudynas han señalado que el buen vivir “no es solo una cuestión de políticas económicas redistributivas o de nacionalizar tal o cual sector estratégico, sino que apunta a un debate más profundo sobre las raíces conceptuales del desarrollo”. En las “raíces” hay que subvertir lo más profundo.

Las referencias a un buen vivir están apareciendo en cierta transversalidad cultural, como queda de manifiesto en muchas propuestas que se levantan para informar los debates de las asambleas o convenciones constituyentes latinoamericanas de los últimos años.

TAGS: #BuenVivir Derechos de la Naturaleza Modelo de Desarrollo

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Comentarios

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any

17 de Agosto

Desarrollo …y el acceso a salud, oportuna y de calidad, hay una precariedad enorme en la que no se puede considerar un estado de bienestar.

18 de Agosto

Any, buen vivir como justicia social, pero tambièn otra cosa.
Ojalà dejar de lado el lenguaje del desarrollo como una
ideologìa que se quiere superar. Queremos una alternativa,
otra concepciòn de la sociedad y del bienestar.
Luchar contra la precariedad pero no para semejarnos
a los paises “ricos”. En cambio, una riqueza de la existencia en armonìas,
entre nosotros, y muy especialmente con la Naturaleza

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