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No vamos a un segundo intento de nueva Constitución con soberanía popular

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No puede haber soberanía popular si hay una entidad, formada por un grupo de personas, aunque sea en una democracia representativa, que están diciendo cuales van a ser los límites de una Nueva Constitución

En el primer intento para crear una Nueva Constitución se tuvo que hacer un cambio en la Constitución vigente que permitiera ese proceso legalmente. Se estableció un plebiscito de entrada, el 2020, en el que se preguntó 1) si las personas querían una Nueva Carta fundamental 2) si querían que la hiciera una Asamblea o Convención Constituyente o una Convención Mixta. El resultado fue que un 40% estuvo a favor de una Nueva Constitución y 40 % porque esta fuera realizada por una Asamblea o Convención Constituyente.

Sin embargo, se ha generalizado la afirmación de que el 80% de los chilenos querían una Nueva Constitución lo que no es verdad. Precisemos, votaron en ese plebiscito el 50.98% del padrón electoral, por lo tanto, solamente el 40% de los votantes posibles lo hicieron a favor de querer una Nueva Constitución, y un porcentaje casi exactamente igual porque aquella la redactara una Convención o Asamblea Constituyente. Y hubo un 49% de personas que no se supo que pensaban al respecto; porque no votaron. Como estábamos en un sistema de votación voluntaria, este resultado es obviamente legítimo. Pero no refleja con nitidez la verdad una frase del tipo “el 80% de chilenos votaron por una Nueva constitución” siendo que en realidad según el padrón electoral al votar el 50.98% hubo un 40% de personas que querían una Nueva Constitución y otro 40% que quería que la hiciera una Convención o Asamblea constituyente.

El acuerdo fue que, además se iba a hacer una elección de los representantes a esa Convención Constituyente, convencionales, a través de las circunscripciones electorales que es el mecanismo por el cual se viene eligiendo a todos los cargos de representación popular. Posteriormente por presiones desde intereses sectoriales, y en el ambiente político de dinámica de masas que surgió, emocional, el Parlamento accedió, o se tentó o apostó, a hacer cambios en el proceso de elecciones de los constituyentes o convencionales a esa Convención Constituyente, estableciendo que fuera: con paridad de género, condiciones especiales para los independientes y escaños reservados para los pueblos indígenas.

Esta decisión del parlamento produjo que los representantes elegidos de la Asamblea Constituyente fueran de un perfil diferente del espectro político que venía eligiéndose a través de los mecanismos normales de la circunscripción electoral. Se podía suponer que en una Asamblea Constituyente bajo estas condiciones, que inventó el Parlamento, al hacer esas tres modificaciones se iban a elegir a políticos -porque todos los que se estaban postulando como candidatos a la Convención son políticos-, de un rango, de experiencia y poder más bajo. Ya los de rangos más altos, con una carrera política más exitosa, más avezada, son aquellos que tienen una trayectoria que los lleva a cargos de más autoridad del Estado, de los partidos políticos, incluyendo también los asientos parlamentarios etc. De manera que se preveía lógicamente que, los Convencionales iban a ser igualmente políticos, pero, en una etapa de desarrollo menor. Y fue lo que ocurrió.

Ellos hicieron una Propuesta de Constitución, con este cambiado perfil de representación, antes dicho, que finalmente se rechazó en el plebiscito de salida, que fue de votación obligatoria. Participó el 85.8% de los que están inscritos en los registros electorales. Es decir, votó una cantidad de aquellos que no lo hicieron en plebiscito de entrada. Reflejado en que los votos por Apruebo y Rechazo sobre una Nueva Constitución en primer plebiscito fueron 7.534.189 mientras que en el segundo plebiscito los votos por Apruebo y Rechazo sobre la Propuesta de Nueva Constitución fueron 12.743.051. El resultado es que son más las personas que rechazaron la Propuesta de Nueva Constitución que las que habían aceptado hacer una Nueva Constitución, y que esta fuera redactada por una Convención o Asamblea Constitucional.

Ahora, en un segundo intento por hacer una Nueva Constitución se insiste en afirmar a la comunidad que el primer plebiscito mostró de manera transversal que cerca del 80% de los chilenos querían una Nueva Constitución. Cosa que es falsa porque fue solo el 40% del padrón electoral quienes se inclinaron por esa alternativa. Mientras el plebiscito de salida, la tendencia política expresada en las urnas es contraria y además tiene mayor cantidad de votantes y un porcentaje de 62%.de una participación del 85.8% del padrón electoral.

Otro aspecto que conviene tomar en cuenta es que de acuerdo con las modificaciones a la Constitución vigente que se hicieron para permitir crear una Nueva Constitución se establece en el artículo 142 que el proceso termina con el plebiscito de salida, y ya terminó. De manera que afirmar que en el primer intento de Nueva Constitución el 80% que no es el 80% votó por una Nueva Constitución, y que por tanto la mayoría de Chile estaría de acuerdo con eso. no se ajusta al sustento legal. Pero políticamente si eso se aceptara se crea otra contradicción importante.

El primer plebiscito preguntó a la población si quería una Nueva Constitución la que dijo claramente que sí, y si quería que fuera por una Asamblea Constituyente, y también contestó contundentemente que sí lo quería, entonces lo que se pretende con lo que está ocurriendo, es tomar con la mano aquel resultado político de que la ciudadanía desea una Nueva Constitución, a la vez que se desprecia que también dijo que esa nueva Constitución tenia que ser por Convención o Asamblea constituyente. Porque está claro que respetar que la Nueva constitución fuera hecha por una Asamblea o Convención Constituyente se dejó de tomar en cuenta antes que se entregara la Propuesta de Nueva constitución. Cuando se decidió bajar de 2/3 la posibilidad de cambio de la Nueva Constitución a 4/7 gracias a que los partidos políticos se alinearon tomando acuerdo de lo que iban a hacer luego si se aprobaba el texto de la Nueva Constitución; lo que ocurrió con toda naturalidad antes que la propuesta estuviera lista, antes que naciera.

Si se había votado en el primer plebiscito, que se tiene como ícono de la democracia, que la nueva constitución fuera hecha por una Asamblea o Convención Constituyente, como una forma de ejercicio de la soberanía popular, y en contra de que fuera una convención Mixta, entonces los partidos políticos, al intervenir con toda esta “cocina” grotesca, grosera, prepotente, aunque realista, empiezan a contradecir en forma absoluta la segunda pregunta que se hizo en el primer plebiscito. Es decir, el primer plebiscito se quiere respetar manipuladora y parcialmente al decir que el pueblo chileno ya se pronunció en favor de tener una Nueva Constitución, pero se ignora, y en el fondo se desprecia, que también esa misma ciudadanía dijo que fuera por Asamblea Constituyente.

En el momento actual la indiferencia estratégica por ese segundo elemento es descarado y a la vez llano. Directamente el poder parlamentario está negando esa segunda voluntad del pueblo chileno y se encuentran trabajando en determinar cual va a ser el marco de movimiento que ellos le van a entregar a la “soberanía popular” para decidir el destino del país. La gente puede tomar en sus manos su propio estilo de convivencia dentro del permiso que ellos dan.

No puede haber soberanía popular si hay una entidad, formada por un grupo de personas, aunque sea en una democracia representativa, que están diciendo cuales van a ser los límites de una Nueva Constitución, que por el concepto de soberanía popular le corresponde al órgano que la va a hacer.

De manera que, en este nuevo, segundo, intento por hacer una Nueva constitución, el parlamento no debe caer, por segunda vez en el error que lo hace corresponsable del fracaso del primer intento, por haber cambiado las condiciones de la elección de los convencionales que se había decidido se hiciera por las circunscripciones electorales. Cayó por presiones populistas sectoriales en la apuesta de modificar agregando: paridad de género -un neobinominalismo que se demoró poco en reemplazar al anterior inventado por Jaime Guzmán para la Constitución de 1980-, condiciones especiales para los independientes, y escaños reservados para los pueblos indígenas. Lo que llevó a un cambio artificial de la representación que derivó en el fracaso de esa propuesta de Nueva constitución. Aunque no se observa que los parlamentarios se sientan responsables por eso.

No hay resultados distintos si se hace lo mismo como se dice. El parlamento no puede pretender en este segundo intento de Nueva Constitución que haya resultados distintos si vuelve a caer en: la paridad de género, condiciones especiales para los independientes y escaños reservados.

Si se quiere tener, realmente soberanía popular, es necesario saber lo que piensa, la mayoría de los chilenos hoy día, no lo que pensaban en el 2020 en el primer plebiscito. En medida que este fue contradicho por el resultado del segundo plebiscito. Por lo tanto, si se quiere soberanía popular, para bien o para mal, este segundo intento de Nueva Constitución “si o si” debe tener plebiscito de entrada por transparencia y honestidad, con votación obligatoria. No tiene que caerse en lo mismo ya dicho y repetido de la paridad, condiciones especiales para independientes ni escaños reservados. Y, ese plebiscito de entrada además tiene que preguntar a la ciudadanía si desean que la redacción sea ejecutada por una comisión Mixta, una convención Constituyente o por convencionales electos más representantes del parlamento y/o asesores.

Aunque para qué si ese ente redactor va a estar constreñido al poder que le quieran dejar las autoridades actuales del Congreso que declaran ser mandatarios de la voluntad de la gente, aunque saben que eso es algo imposible, y quizás creen, en el fondo, que eso es una ilusión bonita sin embargo desastrosa e inconveniente me imagino.

TAGS: #NuevaConstitución #ProcesoConstituyente

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Comentarios

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28 de octubre

Concuerdo bastante en algunas cosas, en otras difiero.
Pero agregaría un tema respecto a la real democracia: para que realmente hubiera una representatividad de la sociedad, se debería hacer una elección aleatoria de ciudadanos, para evitar el electoralismo, que es un vicio de la democracia. Al llegar al poder por la vía electoral, se debe configurar un personaje (distinto a la persona real) que pregona virtudes y promesas, por sobre la realidad. Por lo mismo, en general queda un sabor amargo post elecciones.
Podría hacerse eso dentro del universo total de ciudadanos, o bien dentro de un grupo ya prefiltrado, en que se hubiesen reconocido algunas cosas básicas: Querer ser candidato, tener conocimientos específicos, tener historial intachable, etc. El problema es quien sería el grupo que prefiltraría. Pero, el caso es que solo la aleatoriedad daría una real representatividad al no tener que pasar por el voto.

28 de octubre

Coincidentemente en este mismo medio tengo una columna que habla de lo que tu dices si te interesa leerla. Se llama «Representantes a Convención Constituyente por muestra estadística no votación». Fue antes del plebiscito de entrada. Luego a Mirko Makari le escuche de algunas experiencias creo positivas al respecto. Muchas gracias

Amelia M.

28 de octubre

Felicitaciones por la columna, es un buen diagnóstico y clarísimo lo que se debería hacer. Lamentablemente, quienes deben proponer este camino no se ponen de acuerdo o quieren imponer intereses particulares.

gonzalo vicuña

03 de noviembre

No vamos a un segundo intento de nueva Constitución. Lo demás, sobra. Y no lo digo por pesimismo, cualquiera que lea, vea o escuche las informaciones respecto al tema, lo puede constatar. No están ni los acuerdos ni los ánimos. Incluso usted que quiere nueva Constitución con soberanía popular, no quiere paridad de genero, pa¨qué si las mujeres en la confección de la nueva Constitución es como tener a la mamá o la suegra. Rresumiendo en el camino a la nueva Constitución con soberanía popular hay puro caprichito personal y como dice el antiguo adagio popular, hay mucha paja y poco

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