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La Deuda

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Nuevamente, tal como ha ocurrido por décadas de hecho, se habla en el ambiente político de un “gran acuerdo” para la temática mapuche… se discute como “intervenir” la Araucanía… como dar una solución al “problema”… llenan los medios de comunicación grandilocuentes declaraciones de personeros políticos sobre el fracaso del Estado en la mantención del orden público, sobre la falta de desarrollo de la región, sobre “gestos” necesarios de reparación… de la deuda con el pueblo mapuche.

Ante este escenario desalentador cabe preguntarse si el “problema mapuche” es solo eso… o mas bien es un síntoma mas de una enfermedad mucho mas grave y profunda en nuestra sociedad.


Chile y el pueblo mapuche merecen algo más que reducir el tema a la seguridad o al desarrollo económico. Merecen un enfoque integral que devuelva a la dignidad del ser humano al centro de cualquier plan o política pública en la materia, merecen respeto.

Coincidentemente asistimos a un extraño espectáculo mediático en una pequeña comuna fronteriza de nuestro país, “invadida” por una migración irregular de desesperados ciudadanos mayoritariamente venezolanos, que atravesaron medio continente para llegar a Chile y hoy son rechazados y hasta expulsados de nuestro territorio.

A la luz de estos hechos, la triste conclusión es que la sociedad que hemos construido simplemente no acepta la diversidad, no la entiende, no la respeta y mucho menos la valora. No reconoce sus raíces étnicas y reniega de su herencia cultural y, en ese contexto, no resulta extraño que se discrimine brutalmente al que es distinto, se menosprecie a quien no cumple los estándares resultantes de una sociedad centrada en el valor del dinero y la posesión de bienes, y, por tanto, un problema esencialmente moral, social y cultural, como el “conflicto” mapuche, tiene una respuesta “mercantil” y se use tan libremente la expresión “deuda”.

Es cierto que muchos entienden que la expresión resulta adecuada debido a las décadas de abandono, al negacionismo sistemático del Estado respecto al genocidio, eufemísticamente denominado “pacificación de la Araucanía”, que sufrió el pueblo mapuche, por lo que, Chile le “debería” a ese pueblo, desde una explicación, hasta una reparación.

Sin embargo, ¿por qué hablar de deuda con el pueblo mapuche…? ¿Acaso tienen un crédito por cobrar…? ¿Se solucionan sus dificultades con una indemnización…? ¿Necesitan una compensación? La dignidad no se puede “pagar” como se hace con las deudas, el respeto y reconocimiento no son avaluables… Nuestro Estado no le “debe” al pueblo mapuche… Debe asumir su responsabilidad y construir una relación distinta con esa y otras etnias originales de este Territorio, debe crear las condiciones para el desarrollo de una sociedad que valore la diversidad cultural… Y eso no se logra pagando deudas, cómo si con un acto se saldaran las cuentas pendientes, se logra con un profundo cambio estructural y cultural, de concienciación, y eso requiere un profundo compromiso estatal y, lamentablemente… tiempo.

Muchos hablan hoy de gestos y acuerdos, pero pocos entienden la profundidad cultural de la temática, que evidentemente exige de nuestra sociedad y nuestro Estado algo mas que gestos, pero que demanda algunos mínimos e inmediatos a efectos de avanzar en el proceso general.

El territorio mapuche está hoy “intervenido”, con una lógica militar, no porque el ejercito esté presente y activo en la zona, sino porque nuestra fuerza policial uniformada es esencialmente una institución militar, y eso influye grave y determinantemente en el modo en que enfrenta la temática agravándola desde todo punto de vista.

El fracaso de esa policía en el restablecimiento del orden público y el Estado de Derecho no es exclusiva de esa zona del país, pero si más evidente, y demuestra el enfoque obtuso del problema, buscando que la “intervención” de una fuerza que se despliega desde el exterior logre reprimir estallidos de violencia, sin entender siquiera un poco el contexto y la lógica del pueblo mapuche.

Tampoco tiene sentido alguno el reduccionismo pueril que habla de desarrollo económico tanto como causa y solución del problema, como si la cosmología mapuche, su relación con la tierra y sus ancestros simplemente puedan compensarse con recursos económicos, dinero, tierra, o cualquier otro bien avaluable en dinero.

El proceso constituyente que vivimos es la oportunidad histórica de reparar los errores que hemos cometido como sociedad las últimas décadas y sentar las bases de un significativo cambio cultural, una toma de conciencia colectiva e individual que dignifique nuestra historia y nuestra herencia cultural, y, se extrañan propuestas en ese sentido.

Chile y el pueblo mapuche merecen algo más que reducir el tema a la seguridad o al desarrollo económico. Merecen un enfoque integral que devuelva a la dignidad del ser humano al centro de cualquier plan o política pública en la materia, merecen respeto.

 

TAGS: #ChileActual #Dignidad #PuebloMapuche Estado

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