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Hijos de la rabia

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imagen: @monserratbarriafotografias

Han pasado cien y tantos días desde que se inició el estallido social en Chile. El gobierno de Sebastián Piñera ha tratado de “calmar las aguas” de la peor forma posible. Primero, no ha satisfecho ninguna de las demandas que millones de personas salieron a exigir pacíficamente los primeros días del estallido. Segundo, no ha habido ningún intento por comprender el fenómeno de los ataques violentos que hasta el día de hoy siguen ocurriendo en Santiago y regiones; sólo más violencia en respuesta. Y tercero, el gobierno se ha obsesionado con las tesis de enemigos imaginarios, haciendo el ridículo incluso a nivel internacional.

De todos los términos que reflejan las múltiples sensaciones, emociones, expresiones que hemos experientado en este corto pero intenso periodo, hay uno que se repite más que la mayoría: “violencia”. ¿Qué es exactamente esa violencia? ¿Cuál es su origen? ¿Quiénes la ejercen? ¿Y por qué? Para responder esta pregunta, volvamos al origen…

Las demandas que millones de personas hicieron circular por las calles de Santiago y regiones son bien sabidas por todos:

  • Pensiones paupérrimas, debido al modelo de ahorro previsional obliatorio en el contexto de un sistema laboral precario, donde no necesariamente se premia el esfuerzo, donde se castigan las lagunas laborales (como si el desempleo fuese un acto voluntario) y donde se castiga el tiempo dedicado a la maternidad.
  • El alto costo de los estudios superiores, pagados principalmente con créditos bancarios, muchas veces impartidos por universidades de dudosa calidad, con carreras que a veces ni siquiera tienen campo laboral.
  • El sobreendeudamiento comercial y bancario, propiciado por la sobrebancarización de la población pobre y de clase media, a tasas de interés que en países del primer mundo serían consideradas usura (casi 50% de interés anual).
  • Los múltiples casos de corrupción política y financiera de los últimos 10 años, que incluyen la Ley de Pesca, las colusiones de Farmacias, Pollos y Papel Higiénico, fraudes en Carabineros y Ejército, pedofilia en la Iglesia Católica, caso Penta, Caval, etcétera. Vale destacar que la clase política no es consciente de la gravedad de estos casos y aún parecen considerarlo algo menor. “Manzanas podridas”.


De todos los términos que reflejan las múltiples sensaciones, emociones, expresiones que hemos experientado en este corto pero intenso periodo, hay uno que se repite más que la mayoría: “violencia”. ¿Qué es exactamente esa violencia? ¿Cuál es su origen? ¿Quiénes la ejercen? ¿Y por qué?

En cuanto a quienes aún permanecen en las calles, el gobierno parece no tener la menor idea de quiénes son. La respuesta es, en realidad, bastante simple: son los hijos e hijas de la rabia. Ellos son los hijos de las enfermedades de sus padres y abuelos; de los precios de los medicamentos ridículamente altos; de las operaciones dilatadas por años, hasta el punto de ver a sus familiares fallecer por la espera; son hijos de las negligencias; son hijos de los abusos y malos tratos de médicos y personal de salud en general. También son hijos del sistema educacional y sus reformas; son hijos del CAE y del fondo solidario; de la mala preparación secundaria para afrontar la PSU; son hijos del semáforo rojo de Lavín (que castigaba a los colegios sólo por tener alumnos vulnerables, premiando a los colegios seleccionadores); son hijos de las becas perdidas debido a la reprobación de asignaturas, no por falta de esfuerzo sino por la pésima base escolar. También son hijos de la violencia del sistema económico; de los bancos, de las casas comerciales, de las empresas de servicios básicos; ellos (y sus padres y abuelos) han sido víctimas de formas brutales de violencia económica: embargos, liquidaciones hipotecarias, DICOM, cortes de servicios, negación de licencias médicas, muchas veces en las peores circunstacias, como desempleo y enfermedad. Las hijas de la rabia son también hijas del abuso y la violación; de la discrimininación e invisibilización; del “mayor riesgo por ser mujer” en la ISAPRE; del menor sueldo a igual trabajo; de la diferencia de trato respecto de sus hermanos o compañeros hombres.

En la primera línea probalemente están aquellos que tienen más rabia acumulada: Ellos no sólo comparten el cúmulo de problemas antes mencionados; muchos de ellos son los hijos favoritos de nuestra desidia como sociedad. Son los hijos de la segregación geográfica; víctimas de los largos viajes en el Metro; de los barrios grises, sin áreas verdes; de la basura acumulada en las calle. Muchos de ellos son víctimas de la violencia del “narco” y de la discriminación policial; ellos también son víctimas del prejuicio (¡mierda!). Muchos de ellos son víctimas de la peor forma de violencia que tiene Chile, el SENAME; son hijos de la violencia y el abuso sexual; hijos de la culpa por no entender por qué están en ese lugar junto a otros chicos que sí son “delincuentes” (énfasis en las comillas); ellos son hijos de las peores formas de burocracia, en las que los incompetentes toman las decisiones, sin importar cuánto daño generan.

En la primera línea también hay muchos que, incuso no habiendo sufrido tal nivel de violencia, están dispuestos a enfrentarla. Ellos son los hijos renegados del individualismo neoliberal. Muchos de ellos, fornidos desde pequeños (o simplemente, valientes), comprendieron la importancia de defender al compañero abusado; son hijos renegados de la discriminación al compañero diferente; hijos renegados de las risas burlonas y el bullying de compañeros y profesores; muchos de ellos fueron víctimas de suspensiones y expulsiones de colegios, sólo por haber confrontado a inspectores y directores injustos y arbitrarios.

¿Qué quieren los hijos de la rabia? La respuesta también es simple: Dejar de sentir rabia. Los hijos de la rabia no necesitan cambios constitucionales ni reformas de pensiones ni de salud ni educacionales para dejar de sentir rabia. ¡No me malentienda! Ellos saben que estos cambios son fundamentales para que la sociedad chilena funcione en paz, pero eso no va a calmar la rabia acumulada por años (o generaciones). La única forma de descargar la rabia acumulada es haciendo lo mismo que una joven promedio del barrio alto de Santiago haría para descargar su estrés: golpeando un saco de boxeo en el gimnasio. Para los hijos de la rabia ese gimnasio son las calles y los sacos de boxeo son los símbolos del abuso: las farmacias, los bancos, las AFP, los edificios del gobierno, el Metro, los malls

Y he aquí la ironía de la respuesta del gobierno hasta ahora. Si el lector es suficientemente ávido, entonces ya debería ser capaz de comprender por qué toda la represión a la violencia en las calles no tiene ningún efecto. En la medida que la rabia es descargada en las calles por la vía de la violencia, el gobierno vuelve a alimentarla utilizando la violencia nuevamente. Teniendo en cuenta las premisas aquí expuestas, no tiene ningún sentido desde un punto de vista político-práctico utilizar la represión para disminuir el nivel de violencia en las calles. Lo que tendría más sentido es destruir los orígenes de la rabia; ir a la causa de la causa de la causa. Pero el gobierno, como buen chileno irresponsable con su salud, se obsesiona con tratar el síntoma y no con buscar la enfermedad subyacente.

Por otra parte, la testarudez del gobierno por enfrentar la violencia en las calles tiene un origen particular, que viene desde tiempos de la guerra fría. ¡Seamos honestos! Muchas de las personas que fueron criadas en un ambiente “de derecha” fueron bombardeadas con una sola tesis sobre cómo funciona el mundo: Nosotros (los buenos) contra los comunistas (los malos). Por supuesto, esta tesis es completamente infantil; los buenos y los malos sólo existen en las películas de Disney. Además, incluso aceptando la premisa como válida, se trataría de una falacia argumentativa brutal:

  • Los comunistas son mis enemigos
  • La violencia en las calles existe
  • La violencia en las calles no es congruente con mis principios y valores
  • Por lo tanto, la violencia es provocada por los comunistas

Supongamos por un momento que usted es fanático de la Universidad de Chile. El “argumento” anterior no es demasiado distinto a:

  • Colo Colo es mi archirrival
  • Un equipo de camiseta naranja está jugando fútbol
  • El equipo de camiseta naranja está jugando contra mi equipo
  • Por lo tanto, el equipo de camiseta naranja es Colo Colo

Esta falacia es compartida hasta el día de hoy por buena parte de la población que se autodefine como “de derecha”, particularmente por algunos miembros actuales y anteriores del gabinete de Piñera. A personajes como Chadwick o Larroulet les parece inconcebible la tesis de que quienes están detrás de las marchas no tengan asociación política formal de izquierda; por esta razón, ya casados con la teoría de que el Partido Comunista y el Frente Amplio están detrás del estallido social, han dedicado sus esfuerzos a inventar teorías conspirativas que logren establecer este supuesto vínculo de alguna manera.

El primer intento fue el caso del Metro. Para quienes tienen un mínimo de conocimientos sobre cómo funcionan las redes sociales, organizar una quema simultánea del Metro no es ninguna hazaña logística. Basta un simple mensaje viralizado para que un par de decenas de personas con rabia acumulada salgan a las calles a hacerlo. Pero el gobierno prefirió la tesis del “enemigo interno”. Organizado. De izquierda, por supuesto. Y narco (¿?).

Después vino la tesis del “enemigo externo” (de izquierda, también). “¿De dónde obtienen financiamiento estos grupos de izquierda para comprar láseres y fuegos artificiales?”. Por supuesto, una cosa es no poder pagar la deuda monstruosa deuda del CAE; otra muy distinta es no poder pagar por un láser de 5 mil pesos (o menos). Pero siempre es más fácil satisfacer los prejuicios creencias internas primero. Los responsables ahora eran los cubanos, venezolanos, rusos y, por supuesto, los narcos.

Finalmente vino la teoría del “enemigo complejo”. No me voy a extender mucho en este punto; ya Sebastián Piñera hizo el suficiente ridículo a nivel internacional con el famoso (infame) informe de Big Data. Los responsables del estallido social en Chile son los cubanos, los venezolanos, los rusos, los narcos, y los chicos que bailan en el GAM. Obviamente, todos de izquierda.

Algunos dicen que un cambio constitucional no arreglará los problemas del país; quizá tienen razón. Al mismo tiempo, es muy probable que la violencia en las calles persista si el gobierno de Sebastián Piñera insiste en su afán obsesivo por lograr el orden público “a la antigua”, sin hacerse cargo de los fallos del modelo y sus consecuencias. Pero en esto hay que ser claro; falló la economía, falló la educación, falló la salud, falló el transporte, falló el sistema bancario, fallaron las policías, fallaron los medios de control, fallaron los poderes del Estado. No es que hayan fallado muchas cosas… ¡Falló todo! ¿Acaso no es ése argumento suficiente para un nuevo Pacto Social?

TAGS: #ChileDespertó #Derecha #Desigualdad Descontento Social

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Comentarios

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31 de Enero

No cuadrando en muchas cosas en el diagnóstico, hay un punto en el que difiero mucho y emplazo al autor: en la frase de que quieren los excluidos, es “Dejar de sentir rabia”….ahi sería interesante analizar si ese grupo, que ahora se siente poderoso, va a actuar en forma ciudadana después, respetando al de lado, o va a establecer la violencia como modus operandis de su vida. Yo creo que cuando alguien consigue beneficios haciendo algo, seguirá usando ese método…sobre todo si es aplaudido por ello. Por lo mismo, seguramente después se vuelve un grupo matón que pedirá sus peajes para que el resto funcione.
Y la otra parte en que no repara el autor es que la violencia atrae otra violencia; una que se está incubando, y que reventará en el momento adecuado.
Finalmente, la rabia se crea por efecto comparativo. Cuando nos comparamos con Luksic, todos podemos creer que somos unos pobres ciudadanos. Cuando nos comparamos con un venezolano medio en Venezuela, la “primera linea” es un burgués plutocrático (que puede gastarse 5 lucas (7 dolares) en comprar una linterna; el sueldo mínimo allá es de 8 dolares). Por lo mismo, si se cree que atacar la raiz del problema es hacer que nadie sienta una diferencia económica a favor del otro, solo está trasladando el problema de la queja a otra desigualdad que exista.

31 de Enero

Arturo. Dices “cuando alguien consigue beneficios haciendo algo, seguirá usando ese método”. ¿De qué beneficios estamos hablando? ¿Se condonó el CAE? ¿Se reformó el SENAME? ¿Ahora las operaciones se realizan en un plazo razonable? ¿Ahora las pensiones reflejan el nivel de esfuerzo? ¿Las cadenas de farmacias cobran precios competitivos?

“La violencia atrae otra violencia; una que se está incubando, y que reventará en el momento adecuado”. Ya reventó. Por eso la gente está en las calles.

“La rabia se crea por efecto comparativo”. Deduzco de tu análisis que si un familiar se muere porque no se operó a tiempo, le duele menos a Luksic que a una persona cualquiera. Interesante tesis, pero no. (¿Leíste el artículo?)

“Cuando nos comparamos con un venezolano medio en Venezuela, la “primera linea” es un burgués plutocrático”. Insistes en esta falacia del hombre de paja. El que tiene rabia no la tiene porque tiene más o menos plata. Nuevamente… ¿Leíste el artículo? ¿En qué parte hablo de desigualdad de hecho en lo económico?

“Atacar la raiz del problema es hacer que nadie sienta una diferencia económica a favor del otro”. Prejuicio nuevamente. En ninguna parte de mi análisis dije semejante cosa.

Lee el artículo. Libérate por un rato de los prejuicios y atente a lo escrito, sin poner palabras en boca del resto. Saludos.

01 de Febrero

Mis disculpas por no comentar las cosas en el orden y referencia que te guste. Pero mis comentarios van al fondo del asunto, que tienen que ver con que asumes que la “rabia” es por miles de asuntos objetivos, a lo que opino que son hechos subjetivos, muchas de sus formas. Y que, si, la violencia de está usando para obtener cosas, amén de que todavía no sean como se quieran (basta recordar la frase de Víctor Chanfreau diciendo “…el gobierno todavía no ACATA lo que le exigimos..”
Por último, también recomendaría que leas los comentarios de forma receptiva, no buscando puntos para deslegitimarlos
Saludos

Jose Luis

02 de Febrero

Respecro al orden público, si se pega un vuelta por el mundo se dara cuenta que en cualquier otra parte la policía repele a balazos al sufrir agresiones como las que se ven en Chile diario. Pregunte a un estadounidense o un Europeo como se termina con una turba que se toma una plaza para saquear e incendiar, tenemos la única policìa del mundo fiscalizada por DDHH durante operativos policiales. Eso es absurdo e culquier parte, ademas casi todos ellos activistas del PC con el claro propósito de criminalizar a la policía, que ni siquiera puede disparar perdigones. La policía es un organo entrenado y dotado con los elementos para establecer el orden, no para “empatar” con quienes lo rompen. Todo eso se ha distorciondo porque el problema de Piñera es su cobadia extrema, creando un país absolutamente esquizofrénico donde las personas con menos educación y sapienza ven a la policia como criminales y otros como un organo hecho para defender a ciudadanos de bien que ha sido dliberadamente inutilizado. Se vienen tiempos muy difíciles ántes de que vuelva la razón.

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