#Política

Estado, sociedad y personas: relaciones trastocadas

0 |
COMPARTIR
EN WHATSAPP
COMPARTIR
EN WHATSAPP

No es posible entender el rebelde comportamiento social surgido este año en diversos países, incluyendo el nuestro, sin tener presente el modo en que han venido cambiando en las últimas décadas las relaciones del Estado con la sociedad y las personas. Y las de la sociedad y las personas entre sí. La crisis mundial aporta a esos cambios importantes cuotas de incertidumbre, riesgos y desamparo para las personas; y debilidad e irrelevancia para los Estados nacionales. El fenómeno de la globalización se nos muestra, con la crisis financiera y del empleo, con un rostro tan adverso como lejano e inalcanzable.

Los cientistas sociales más preclaros venían anunciando la imposibilidad, primero, de la “Gran Sociedad” que algunos políticos proponían y, luego, de la “buena sociedad” que algunos sociólogos postulaban. Al revés de esos ideales, se asentó el concepto de la individuación según el cual “la defensa, por parte de los actores sociales, de su especificidad cultural y psicológica… puede encontrarse en el individuo, y ya no en las instituciones sociales o los principios universales”, al decir de Alain Touraine. Y anuncia, con el conocido énfasis de los teóricos franceses, “la muerte de la definición del ser humano como ser social, definido por su lugar en una sociedad que determina sus acciones y comportamientos” (¿Podremos vivir juntos?; F.C.E.; 1997) La globalización acompañada de las nuevas tecnologías refuerza brutalmente esas tendencias a partir del nuevo diseño de la economía mundial y la constitución de la “aldea global”.

Las personas han quedado atrapadas por fuerzas de envergadura universal. El Estado, desde el advenimiento de la hegemonía del neoliberalismo, ha venido reduciendo sus vínculos con la sociedad y las personas. Estas han devenido de ciudadanos en clientes. Y el Estado ha mutado de garante del bien común en garante de la inversión extranjera directa y, en general, en sostén de los grandes conglomerados económicos, nacionales o transnacionales. El libre mercado ha impuesto las desregulaciones y, con ello, los consumidores han quedado expuestos a la voluntad de las grandes empresas que predominan en el mercado. La relación entre las personas y las grandes empresas dejó de ser mediada por el Estado, de modo que éstas han impuesto sus propias normas. Ello aún en un país como Chile, que estuvo gobernado por una coalición política de centro izquierda, cuyos gobiernos y partidos no se dieron cuenta durante veinte años de la situación de indefensión de las personas en cuanto consumidores de bienes y servicios. El Estado, además, ha renunciado a garantizar educación, salud, medios de comunicación como servicio preferente a las personas y a la sociedad. Cuando la ganancia y el dinero se transforman en el valor supremo de la vida social, las personas pierden su jerarquía humana y quedan expuestas, desamparadas, a las leyes supremas del mercado. Entonces, el proceso de individualización se hace presente. Sólo el individuo es el salvador de sí mismo. El está a cargo de superar los problemas de su vida privada, familia incluida, los que, obviamente, se constituyen en los desafíos más cercanos e importantes que le plantea el sistema.

Con todo ello, la identificación de las personas con un “ideario” nacional se ha debilitado a tal punto que al parecer sólo el fervor por el deporte y la solidaridad en las catástrofes naturales son los pocos referentes normativos de la sociedad que subsisten. Es así como las instituciones políticas, religiosas, judiciales, económicas han caído en la indiferencia, incluso en el descrédito. También la familia (de todo tipo) debilita sus lazos solidarios.

El individualismo propiciado por la ideología neoliberal ha menoscabado a los movimientos sociales que tradicionalmente representaban y le daban una orgánica a la sociedad, como los movimientos sindical, poblacional, campesino, de mujeres y otros. Los nuevos movimientos sociales tienen referencias más específicas. Lo mismo ha ocurrido con los partidos políticos que postulaban una representación de clase, con sus concepciones del mundo y sus proyecciones del futuro. Ellos han devenido en organizaciones pragmáticas que con dificultades procuran orientarse en el presente y no tienen ningún diseño del futuro.

El movimiento estudiantil ha subsistido quizás por tratarse de un movimiento típicamente generacional desligado de la estructura económica. Y ello le ha permitido plantear a la sociedad el descontento por los valores que la orientan y no sólo sus reivindicaciones específicas. Y la sociedad se ha sentido interpretada.

Dado que ni el Estado ni la sociedad funcionan preferentemente para acoger a las personas, las desigualdades sociales se acrecientan aún en épocas de alto crecimiento económico. Estas desigualdades se refieren a las situaciones y a la calidad de vida de las personas y sus familias, así como a las oportunidades de todo tipo y naturaleza. En materia de ingresos familiares las diferencias son enormes. En el caso de Chile: “el 5% más rico de la población genera ingresos autónomos 830 veces mayores que el 5% más pobre” (Marco Kremerman; Fundación SOL; El mostrador: 8 de noviembre, 2011). Dado que en una economía de mercado el dinero es el valor fundamental, desde ahí se derivan toda clase de desigualdades. Salud, educación, empleo, vivienda, alimentación, vestuario, cultura, recreación, amistades, esperanza de vida y más: todo es diferente, todo está estratificado. La clase alta (los happy few) se prohíbe todas las variedades de commercium, comensalidad y connubium con extraños. Esto da origen, naturalmente, a una segregación en la sociedad que en el largo plazo se convierte en algo muy parecido a una segregación racial. Este comportamiento que es anterior al neoliberalismo, se ha acentuado con él.

Con el tipo de sociedad que resulta de las nuevas relaciones del Estado, la sociedad y las personas las conductas disfuncionales, desviadas o antisociales se multiplican. Ello constituye un efecto no deseado del arreglo societal, toda vez que los ricos no pueden usufructuar con tranquilidad de su riqueza. Por eso el programa político de la derecha en todas partes pone el acento en programas de seguridad/antidelincuencia, con éxito precario ya que en general esas políticas son puramente represivas sin apuntar a las razones de fondo de tal multiplicación. De modo que la sociedad estratificada, segregada y desigual deriva en una peligrosa, insegura y violenta.

El despertar de la conciencia social en este 2011 repudia estas realidades y plantea una reformulación del sistema institucional político y económico que las hicieron posible. Es la protesta que quiere recuperar y reafirmar la definición de ser humano como un ser social y el rol del Estado como instrumento y garante de esa recuperación.

Foto: Jorge ParedesLicencia CC 

TAGS:

Los contenidos publicados en elquintopoder.cl son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores.
Te invitamos a conocer nuestras  Reglas de Comunidad

Comentarios

Quedan 1500 carácteres.

#EstoPasaEnChile

VER TODO
Existe un ideal regulatorio de nuestras experiencias amatorias, nuestras relaciones deben ser apasionadas, personales, íntimas, duraderas, generadoras de un “nosotros” que borre nuestros límites, una ...
+VER MÁS
#Sociedad

De qué hablamos cuando hablamos de Amor

La elección de las autoridades carece de significado democrático si estas no gobiernan de acuerdo al mandato de la mayoría y no fortalecen los aspectos sustantivos de la democracia.
+VER MÁS
#Política

La democracia distópica

Júbilo, y jubilación, deberían ir de la mano, júbilo por alegría y jubilación por recibir lo aportado y ahorrado, júbilo, alegría como la que se muestran en las campañas de marketing, donde un adul ...
+VER MÁS
#Sociedad

El abuelo, la plaza y el tiempo

Estas cinco organizaciones no solo te harán sentir un CEO menos solitario, sino que te ayudarán a prepararte mejor para los futuros desafíos, en un entorno divertido y desafiante.
+VER MÁS
#Economía

¿Cómo hacer la vida del emprendedor menos solitaria?

Popular

Existe un ideal regulatorio de nuestras experiencias amatorias, nuestras relaciones deben ser apasionadas, personales, íntimas, duraderas, generadoras de un “nosotros” que borre nuestros límites, una ...
+VER MÁS
#Sociedad

De qué hablamos cuando hablamos de Amor

La elección de las autoridades carece de significado democrático si estas no gobiernan de acuerdo al mandato de la mayoría y no fortalecen los aspectos sustantivos de la democracia.
+VER MÁS
#Política

La democracia distópica

Júbilo, y jubilación, deberían ir de la mano, júbilo por alegría y jubilación por recibir lo aportado y ahorrado, júbilo, alegría como la que se muestran en las campañas de marketing, donde un adul ...
+VER MÁS
#Sociedad

El abuelo, la plaza y el tiempo

Estas cinco organizaciones no solo te harán sentir un CEO menos solitario, sino que te ayudarán a prepararte mejor para los futuros desafíos, en un entorno divertido y desafiante.
+VER MÁS
#Economía

¿Cómo hacer la vida del emprendedor menos solitaria?

Popular

Es indudable que la partida se sigue jugando y que aunque hemos avanzado en algunos frentes y estamos mas al día y mas alertas sobre las reglas del juego y lo que se está jugando, el duelo no se ve nada d ...
+VER MÁS
#Sociedad

Chile: la vida sigue después del jaque mate

Apropiación de este espacio público por un pueblo movilizado tras el despertar ciudadano del 18 de octubre pasado, lleva a replantearse el destino de dicho hito urbano en el futuro inmediato y de mediano ...
+VER MÁS
#Ciudadanía

Futuro de la plaza Italia/Baquedano/de la Dignidad

Si la distribución de talentos es uniforme, lo natural sería que cualquier élite, ya sea deportiva, artística, política o empresarial, tenga una distribución de apellidos similar a la distribución na ...
+VER MÁS
#Política

Las élites y el talento

Lo que justifica utilizar el término “saqueo”, es que el derecho de aprovechamiento de agua es privado y el Estado está limitado en sus facultades para decidir su gestión
+VER MÁS
#Medio Ambiente

´´No hay sequía, ¡hay saqueo`` una frase desafortunada