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Bolsonaro desploma a derecha tradicional brasileña

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Jair Bolsonaro, el candidato presidencial de la extrema derecha brasileña, ex capitán del ejército, conocido por sus comentarios misóginos (declaró que las mujeres son ignorantes y no violaría a una diputada porque era fea), racista (mandó a los indios a “comer hierba” en sus tribus), homofóbico (preferiría que un hijo suyo muera a que sea homosexual), xenofóbicos, defensor de la dictadura militar y la tortura (estuvo en servicio activo bajo la dictadura que gobernó el país entre 1964 y 1985), admirador confeso de Augusto Pinochet (dijo que Pinochet “debió haber matado a más gente”), agresivo e intolerante, tiene todas las probabilidades de ser el próximo presidente de Brasil, con un amplio apoyo en las urnas.


La confianza de los brasileños en la democracia se ha visto seriamente dañada por la corrupción, la desigualdad y la inseguridad, socavando la representatividad de las instituciones políticas

El país está enfrentado a una profunda crisis política, económica y de seguridad (las cifras hablan de más de 60.000 asesinatos en 2017, lo que equivale a 175 por día). Aunque los gobiernos del PT tuvieron éxito en disminuir la pobreza, no fueron eficientes a la hora de reducir las desigualdades sociales y extraerse de la corrupción. Tampoco fueron capaces de confrontar con éxito, a partir de 2014, la recesión económica, reducción del empleo formal y la deuda más alta para los hogares. Eso explica, entonces, el extendido sentimiento antipetista expresado en las urnas en favor de Bolsonaro.

La confianza de los brasileños en la democracia se ha visto seriamente dañada por la corrupción, la desigualdad y la inseguridad, socavando la representatividad de las instituciones políticas. El creciente desencanto con la política ha creado un fuerte sentimiento “antisistema”. Hoy solo aquellos que se presentan como “nuevos” tienen alguna posibilidad de éxito electoral y, en especial, los que esgriman un populismo anti-establishment. En ese escenario emergió Bolsonaro, despotricando contra los políticos corruptos e incompetentes y, siguiendo a Donald Trump -a quien considera su modelo- se presenta a sí mismo como la negación de la política tradicional “corrupta” que amenaza los “cimientos cristianos” de la nación, seduciendo a la mayoría de los seguidores de las iglesias evangélicas (constituyen el 30% del electorado).

Se autoproclama como outsider de la política; una falacia, puesto que en la actualidad ejerce su séptimo período y ya lleva 27 años en el Parlamento. Ha cambiado repetidamente de partido y por momentos fue parte de algunos que estuvieron particularmente hundidos en escándalos de corrupción. El periódico ISTOÉ lo llama con ironía el “candidato antisistema que proviene del sistema”.

A pesar de su retórica contra el establishment, su agrupación política, el Partido Social Liberal (PSL), defiende entusiastamente la agenda económica neoliberal de Temer en el Congreso y, por otro lado, eligió como su vocero en materias económicas al economista ultra liberal Paulo Guedes (investigado por fraude a Fondos de Pensiones).

Las elites empresariales de Brasil se volcaron a su favor porque prometió la reducción de impuestos, la venta de empresas públicas y por ser “pro-business”. Las redes sociales, la TV y la prensa derechista convenció a una buena parte de los brasileños que el programa oculto del PT era convertir el país en una nueva Venezuela y las élites se auto convencieron que el verdadero peligro no era el líder ultraderechista sino el PT. Daba igual que The Economist ya había afirmado que un gobierno de Bolsonaro sería un caos.

Su juego sofístico, le sirvió para lograr el respaldo de los sectores más desfavorecidos por el sistema vigente -el desempleo alcanza 13%- y logró seducir a la comunidad empresarial crítica de toda regulación. Es la paradoja brasileña, como lo señaló un tuitero: “Elegir a un fascista de verdad, creyendo que es de mentira, por miedo a un comunismo de mentira que creen que es de verdad”. Separar la racionalidad de la emoción se volvió casi imposible en Brasil; por ende, la razón no fue el elemento que predominó en el debate político.

Sin una mayoría en el Congreso -el PSL obtuvo 52 escaños en un parlamento de 513- este candidato “antisistema” buscará alianzas con las fuerzas conservadoras del sistema y de inmediato desvelará ser el guardián de los intereses del establishment empresarial, desregulando, privatizando y prosiguiendo los recortes sociales de Temer e implementará una cruzada contra el liberalismo cultural y el “marxismo cultural”. Para esta lucha, tendrá el apoyo de Steve Bannon, el ex-estratega de campaña de Donald Trump.

La pobreza, que ha crecido desde la destitución de Dilma Rousseff, puede volver a los niveles existentes antes de los gobiernos del PT y los partidos conservadores vinculados a los intereses de los sectores económicos más poderosos, como las compañías mineras, los bancos y la agroindustria -cuyos controladores descorcharon champán tras el resultado de primera vuelta- consolidaran el bloque parlamentario BBB (buey, biblia, bala en referencia a terratenientes, pastores evangélicos y ex-integrantes de fuerzas de seguridad) hacia dimensiones hasta hoy desconocidas.

En Chile, el alto porcentaje de votación obtenido por Bolsonaro ha generado felicitaciones de José A. Kast y Manuel José Ossandón, como también expresiones de elogio a su equipo económico por parte del Presidente Piñera y el ministro de Hacienda Felipe Larraín. La opinión vertida por el Presidente reviste preocupación porque separa el desempeño de la economía con el funcionamiento institucional de la democracia. El debate público es una reflexión sobre las formas y valores de la sociedad y eso significa que si bien política y moral son dos cosas distintas, como afirmaba Kant, no puede ni debe haber contradicción entre ambas.

También podría incentivar a la derecha “tradicional” (RN y UDI) a girar más a la derecha, para resguardar los espacios políticos-electorales que J.A. Kast amenaza con arrebatarles al adoptar una agenda política semejante al Trump brasileño. Es posible que veamos en el futuro una competencia por la derecha extrema entre los “presidenciales” de Chile Vamos y aquella liderada por el ex diputado de la UDI, lo que causaría a esos partidos la caída de sus caretas al hipotecar su blanqueo democrático efectuado en el último tiempo ¿Cuánto tiempo se puede mantener Chile Vamos diciendo, sotto voce, lo que J.A. Kast y Ossandón van gritando por todas las esquinas?

Para la izquierda y los sectores progresistas, los compele levantar una alternativa que logre interpretar el sentir de una mayoría que pide más preocupación por su seguridad, por el crecimiento económico o por demandas básicas en salud, pensiones, educación y medidas efectivas para reducir las desigualdades a todo nivel. Una alternativa construida no desde el simple idealismo de un sector de las izquierdas, sino que esta debe imbricarse en un progresismo plural, ya que para confrontar el anti progresismo es fundamental extender las fronteras de las fuerzas del cambio, junto con perseverar en la renovación de liderazgos e insistir en una reforma ética de la política, lo que los dotará de la autoridad ética y técnica para penetrar en todas las capas sociales que desean un Chile moderno y con justicia social.

Ello implica, también, contrarrestar con mayor solidez argumentativa la demonización y la construcción de la hostilidad hacia la izquierda y el progresismo en general, retrucando convincentemente la campaña de instrumentalizar los miedos y las angustias de las clases medias en la cual los sectores conservadores y los medios de comunicación de derecha son expertos, a través de la construcción del mito de que sus problemas se agravarán a consecuencia de las medidas económicas y sociales promovidas por los sectores progresistas,  polarizando la sociedad en falsos dilemas.

 

TAGS: #Bolsonaro #Derecha #Izquierdas Brasil

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Comentarios

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Janine Souza

16 de Octubre

Um relato esclarecedor sobre nossa atual situação política e eleitoral.

16 de Octubre

Gracias. Lastima que , pese a la euforia de los sectores financieros y empresariales -con alza de la Bolsa brasileña incluida- el vaticinio de lo que se viene para los brasileños no es color de rosa ni halagüeño, ya que Bolsonaro no ha caracterizado por propuestas concretas y detalladas para sacar a Brasil de la profunda crisis económica, social y política, aparte de emitir consignas, insultos y descalificaciones.

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