#Justicia

Las fronteras invisibles de un país que se dice de acogida

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Hace unos pocos días, aquellas y aquellos que nos dedicamos a la defensa de los derechos humanos de los y las migrantes y refugiados y quienes creemos que migrar no es un delito sino el ejercicio pleno de un derecho humano, nos enteramos de la lamentable noticia que el Ministerio de Relaciones Exteriores exigiría visa consular para ingresar a nuestro país a la comunidad haitiana.

Según lo que se desprende del Oficio de Cancillería, dicha petición tendría su génesis en la Comisión de Relaciones Exteriores, Asuntos Interparlamentarios e Integración Latinoamericana de la Cámara de Diputados. Los argumentos de los Honorables Diputados se sustentan en “el incremento de los flujos migratorios de origen haitiano y el desafío para la gestación migratoria que ello ha generado, debido principalmente al ingreso masivo en calidad de turistas y a su permanencia en el territorio nacional, ha derivado en situaciones de vulneración de derechos a los mismos migrantes, problemáticas de convivencia local, así como delicadas situaciones de trata de personas y tráfico de migrantes”. 


«Las soluciones que deben adoptar las autoridades, no pasan por el cierre de fronteras ni el mal llamado “cuoteo migratorio” sino en la aplicación plena de los tratados internacionales de derechos humanos, especialmente aquellos relativos a la población migrante.»

Es lamentable que un argumento de esta naturaleza sea la solución fácil para enfrentar los nuevos flujos migratorios que nuestro país está experimentando. Traspasar la responsabilidad estatal del control fronterizo; de los programas de integración e inclusión multicultural; del ejercicio de derechos sociales básicos como salud, vivienda y educación y sobre todo de la persecución, sanción  de los delitos de trata de personas y tráfico ilícito de migrantes, me parece, a lo menos, una irresponsabilidad y una salida facilista de las autoridades.

Está comprobado que establecer barrera de ingreso consulares, esto es, a través de los vistos en los consulados de los países de origen genera mayores complejidades para la movilidad humana, algo tan propio y natural del ser humano.

Si recordamos que en el año 2012 se estableció la visa consular para los ciudadanos de República Dominicana, los resultados fueron negativos. Esto generó más trabas administrativas, aumento de los “ingresos clandestinos” y mayores vulneraciones de derechos al ser estas personas blancos fáciles para las redes de tráfico ilícito de migrantes, de los coyotes”.

Si vemos el caso de Haití, estamos frente a un país que ha sufrido tanto guerras, inestabilidad civil-política y desastres naturales. Todo esto acompañado de altas tasas de mortalidad infantil, de enfermedades, de escasez de recursos básico etc.

Chile tiene un compromiso internacional respecto a Haití. A través de las misiones de paz que durante años fueron comandadas por nuestro país, se generó lo que se conoce como una “expectativa migratoria”. Miles de haitianos vieron en nuestras tropas una mano amiga, una ayuda, una nueva esperanza. Cuando las misiones quedaron al mando de Brasil, esa expectativa se trasladó al país carioca. Pero éste, a diferencia de Chile, dado el aumento de flujos migratorio haitianos hacia su país, adoptó una solución a la luz de los derechos humanos y protección de las personas, otorgando más de 3.000 visas humanitarias para que todos los haitianos que llegasen pudiesen regularizar su situación migratoria y optar a prestaciones básicas y trabajos dignos.

En cambio, nuestro país, lamentablemente, ha optado por ponerse una venda en los ojos y trasladar a la comunidad haitiana, su problema de falta de políticas públicas migratorias integradas, cerrando las fronteras, manteniendo el sesgo de seguridad interior del Estado aun imperante en las normas de extranjería de 1975.

Las soluciones que deben adoptar las autoridades, no pasan por el cierre de fronteras ni el mal llamado “cuoteo migratorio” sino en la aplicación plena de los tratados internacionales de derechos humanos, especialmente aquellos relativos a la población migrante.

En ese sentido, se debe considerar procesos especiales de regularización, facilitadores culturales e idiomáticos en los servicios básicos de atención como salud primaria, inspección del trabajo, establecimientos educacionales y jardines infantiles dependientes del estado y/o de los gobiernos comunales, programas de capacitación laboral, y sobre todo capacitaciones a los funcionarios gubernamentales, de extranjería, policías y órganos contralores de fronteras. De la misma forma se debe combatir fuertemente los delitos transnacionales de trata de personas y trafico ilícito de migrantes, procurando la protección de las víctimas de dichos ilícitos, evitando su repatriación y eventuales sanciones migratorias.

De esta manera, la integración e inclusión de los y las migrantes en nuestro país se hará de manera efectiva y podremos decir, esperemos en un corto tiempo, que somos un país hermano, somos un país de acogida.

 

 

TAGS: #Cancillería #DDHH #Haití #Migrantes Integración

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06 de julio

Hay que filtrar, no hecemos ningun favor dejando antrar a gente que no encontrará trabajo.
Fernanda, la cuestion es que un país de acogida no se hace con leyes, la mejor forma, mejor dicho la única forma de ser un país de acogida es creando y sosteniendo en el tiempo una economía sana que permita que haya suficiente demanda de trabajo para ellos y haya un presupuesto del estado suficiente para ayudar a los inmigrantes mas imposibilitados. Hay que entender de una vez que los beneficios sociales, como la acogida a extranjeros son resultado de una gestión económica, no de leyes.

Hasta hace muy poco tiempo (antes que se amenazara el modelo economico con reformas estrucurales) no se encontraba mano de obra en muchas areas (construccion, empleadas domesitcas, medicos zonas rurales,etc..etc… ), e,presas chilenas andaban con megáfono en países vecinos ofreciendo trabajo porque los chilenos ya se habian acostumbrado a otro estándar, y sólo podiamos seguir creciendo gracias a la contratación de mano de obra extranjera, tal como se desarrollo EEUU, Australia, etc.. etc.. el tema es volver al crecimiento sostenido. Si volvemos a crecer a ese ritmo sostenido necesitamos migración, seremos un país de acogida, sino al reves, tendremos que volver nosotroa a buscar mejor pega afuera, como ocurria antes de aplicar el modelo

Saludos

Cristian

11 de diciembre

Tenemos un flujo haitiano excesivo y ya esta generando consecuencias negativas. Servicios publicos saturados, largas colas, colegios copados por migrantes dejando a alumnos chilenos sin educacion. La reforma educacional ha provocado el cierre de muchos establecimientos. Precarizacion del trabajo con inmigrantes que compiten deslealmente con los nacionales. Aceptan trabajar sin contrato, ganando mucho menos, no se sindicalizan, etc. Todo para quedarse con el puesto. Ya se ven a varias temporeras cesantes si los paking estan llenos de haitianos. Eso de que ocupan puestos que el chileno no quiere es una vil mentira, lo hacen porque son mano de obra barata.
Ingresan de turistas, engañan al personal de extranjeria, no traen los recursos minimos de subsistencia, por eso estan ilegales. Apelan a la lastima para que les hagan colectas, campañas en redes sociales para juntarles víveres, utensilios basicos, encontrarles alojamiento y trabajo.
Ningun otro flujo migratorio de otro pais ha significado tanta carga social excesiva ni tantos problemas ni tanto perjuicio a los nacionales como la inmigracion ilegal haitiana.
Se debe rigidizar la ley, aplicar filtros, controles, exigir visa y examenes medicos.

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