#Justicia

En nombre del Padre: todos somos La Legua

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p { margin-bottom: 0.21cm; }p { margin-bottom: 0.21cm; }En julio de 2007, la Oficina de Fiscalización Contra el Delito (FICED) realizó un estudio en el cual señaló que en Chile existen 109 villas y poblaciones, en las que viven 700 mil habitantes con altos índices de delitos graves y tráfico de drogas en la que los delincuentes quedan en la impunidad.

El texto, confeccionado por el organismo privado Fiscalía Contra el Delito (FICED), señala como epicentro de las grandes bandas de narcotraficantes a la población Legua Emergencia, en San Joaquín, Región Metropolitana.

En ese año, Chilevisión hacía un reportaje sobre La Legua. En él, el lenguaje y modo de enfrentar comunicacionalmente la presencia de violencia contribuía, con toda la impronta y fuerza que tiene un programa en el espacio premium de la TV, a rotular a cualquier habitante de este lugar como narco, como delicuente, como gente de mal vivir en su totalidad.

En ese entonces, Gerardo Ouisse, sacerdote belga, párroco de la parroquia San Cayetano de La Legua, hacia llegar a los medios una carta donde abría los ojos a una sociedad ciega que solo juzga pero poco y nada hace por combatir efectivamente la desigualdad. Una sociedad en que la violencia en poblaciones como La Legua solo es importante porque es un “insumo de trabaja” para el noticiario de las nueve, pero no hay una preocupación integral por la vida, por la paz, ni por el reconocimiento a quienes viviendo en la población hacen todos los esfuerzos que están a su mano para dignificar el espacio que habitan.

El problema es que tenemos en Chile “muchas más leguas”. Según el estudio de FICED en Chile cerca de 700.000 personas vivirían en poblaciones en condiciones equivalentes a La Legua y el veredicto sería siempre parecido: lo que se ha hecho es insuficiente.

Por esta razón, Grarado Ouisse esta semana ha vuelto a enviar una carta al gobierno, esta vez al ministro Hinzpeter, levantando una vez más una voz de alerta, porque la violencia en nuestras poblaciones no es solo un dato en la estadística; son familias enteras ahogadas en la desesperanza, en el dolor de querer salir adelante y no poder por temor a morir. Sí, a morir. Para ellos es normal que los niños tengan que suspender un partido de fútbol en la calle porque hay balacera: el partido se detiene, se meten a la casa , para la balacera y siguen jugando. ¿Sabe lo que significa eso en la infancia que crece, en sus familias? Integrar la violencia como forma habitual de relación modifica la manera que tenemos e ver el mundo y se aleja enormemente de lo que podemos imaginar o suponer que es un país bueno y justo para todos.

Recuerdo uno de lo primeros discursos del presidente Piñera, en el que hacía alusión a la importancia de la rescilencia de quienes viven en condiciones adversas y que el valoraba enormemente a quienes son capaces de salir adelante gracias a ella. Yo pienso que ojalá nadie tuviera que ser resciliente para sobrevivir , ojalá la paz y la justicia no fuera solo un bien deseado. Ojalá a las personas de sectores vulnerables no les costará esfuerzos sobrehumanos el simple hecho de vivir en dignidad. Ojalá no fuera un mérito no caer en la droga, ojalá nunca estuviera al alcance de ellos/as, pues un Estado de derecho no debiera aceptar que eso sucediera.

La violencia presente en La Legua y en todas nuestras poblaciones no solo se resuelve con más violencia de los aparatos del Estado y menos con una prensa que mete a todos los habitantes de la población en el saco de delincuentes.

Por eso ,amigo Gerardo, una vez más estamos contigo, que representas a la iglesia buena, a esa iglesia que está con el Jesús del pueblo, con los frágiles, con los que no tienen voz ni poder para hacer valer sus derechos. Estamos contigo aunque no compartamos tu fe, porque tu lucha es la lucha por la dignidad humana, porque tu lucha, si es que lo hay, es en nombre del Padre.

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Foto: Marcelo RockerLicencia CC

 

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