#Internacional

Las palabras erradas

0 |
COMPARTIR
EN WHATSAPP
COMPARTIR
EN WHATSAPP

Imagen

En días recientes, el cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, pronunció una frase desafortunada: “Las estadísticas nos dicen que hay abortos de niñas, pero no es que hayan abusado de ellas, muchas veces las mujeres se ponen como en un escaparate, provocando”. Poco después, durante una visita a un hogar para madres víctimas de violencia y abandono, pidió perdón a las allí presentes afirmando que nunca había sido su intención ofender a la mujer; todo lo contrario, contaban con todo su apoyo y simpatía.


Esto revela una conducta social proclive a aceptar la agresión sexual desde la masculinidad como un derecho adquirido por naturaleza y no como una desviación de la conducta.

Sin embargo, este faux pas del Arzobispo limeño no pasó inadvertido a los medios de prensa, a algunos funcionarios de gobierno y tampoco a las organizaciones de mujeres —quienes recientemente se habían manifestado contra la violencia sexual— dado que el prelado es conocido por su postura conservadora, abiertamente contraria a la diversidad sexual y, por razones obvias, al aborto.

“Cipriani hace apología de la violencia en un país de violadores” publicó en Twitter la joven congresista Indira Huilca, socióloga y reconocida activista por la igualdad de género. No obstante, es importante señalar que el desliz del cardenal no es único ni es el más ofensivo. Desde muchos foros –religiosos, institucionales, sociales y empresariales- se reproduce con excesiva facilidad el estereotipo sexista cuyo objetivo es minimizar la gravedad del delito de violación para insertarlo entre los “usos y costumbres” de sociedades patriarcales, cuya estabilidad consideran preciso preservar para beneficio de un sector poseedor del control casi absoluto.

Estos conceptos, reconocibles por lo abundantes en el diario vivir, son reproducidos por hombres y mujeres por igual, consolidándose en el imaginario social y formando parte de los valores aceptados por todos. De acuerdo con ellos, las mujeres deben ser obligadas a resguardar su integridad no exponiéndose a la agresión, en lugar de reprimir y castigar a los agresores. Esto revela una conducta social proclive a aceptar la agresión sexual desde la masculinidad como un derecho adquirido por naturaleza y no como una desviación de la conducta.

En Guatemala, la situación no es diferente. Si la congresista peruana afirma que Perú es un país de violadores, ha de saber que también lo son los demás países del continente, como los europeos y asiáticos. En fin, en donde se quiera voltear la mirada hay naciones en donde reina un machismo crudo y violento, en donde la mujer se encuentra en desventaja, y en donde para hacer respetar sus derechos ha de enfrentar un fuerte muro de compadrazgo e impunidad. Las estadísticas de violencia intrafamiliar, maternidad forzada, violaciones y feminicidios cada día son más reveladoras de esta realidad.

En fecha reciente, el Centro de Epidemiología del Ministerio de Salud de Guatemala realizó un estudio con metodología similar a la utilizada para una epidemia como el zika o los indicadores de nutrición. El resultado —aún incompleto por ser una tarea de largo aliento— arroja resultados aterradores: “es un mal que se extiende indiscriminadamente y de forma intensa”, afirman. Y sin duda, el interés de las instituciones por identificar los alcances de la violencia sexual podría marcar una enorme diferencia en el enfoque de este drama humano.

Guatemala posee aún un sistema colonialista en grandes extensiones de su territorio, en donde destaca la absoluta ausencia de Estado con las graves consecuencias implícitas por esta deficiencia, en los temas de salud, justicia, seguridad y respeto de los derechos humanos. Es tiempo de reparar esos vacíos.

TAGS: #Aborto #DerechosHumanos Derechos de la Mujer

Los contenidos publicados en elquintopoder.cl son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores.
Te invitamos a conocer nuestras  Reglas de Comunidad

Comentarios

Quedan 1500 carácteres.

 

PARTICIPA

Popular

Una prueba esencial para las democracias no es si afloran o no tales figuras [los líderes populistas y autoritarios], sino si la elite política y, sobre todo, los partidos políticos se esfuerzan por impe ...
+VER MÁS
#Política

La decisión de Chile Vamos

Existiría una actitud más tolerante hacia el adulto mayor que toma la decisión, existiendo mensajes implícitos y explícitos alusivos a su edad, según los cuales sería más “aceptable”
+VER MÁS
#Sociedad

Suicidio en la adultez mayor

Docentes decentes y también valientes. Sobre todo [email protected] que pararon y marcharon. Porque no es fácil organizarse y abrirse paso para romper los muros de hierro de la indiferencia que fabrica el sistema socio ...
+VER MÁS
#Educación

Carta abierta al Presidente del Colegio de Profesores de Chile

De parte de las autoridades que la impulsan, y las compañías y ONGs que la respaldan, no se escuchan voces sobre sus múltiples impactos asociados
+VER MÁS
#Medio Ambiente

Electromovilidad, litio y Salar de Atacama: Del sartén al fuego

Popular

Estamos en la Cuarta Revolución Industrial, que viene de la mano de la aplicación y uso de la inteligencia artificial y de la robótica en todas sus posibilidades, y ello también impacta en el ejercicio ...
+VER MÁS
#Sociedad

La Inteligencia Artificial y el final de las profesiones jurídicas

Cuento mi historia por todas esas mamás que están buscando información en Internet, un testimonio, una esperanza para sus hijos con alguna anomalía VACTERL
+VER MÁS
#Salud

Nacer y no morir con una enfermedad rara

Nuestro sistema de salud, requiere urgente una reforma, que de una vez por todas, visibilicemos que en Chile estamos vulnerando los derechos humanos
+VER MÁS
#Salud

Sistema de salud, en Chile estamos vulnerando los derechos humanos

Las redes sociales se han transformado en una panacea, en parte, porque las personas se sienten movilizadas por cualquier causa sin salir de su zona de conforto, frente al computador o recostados en un sill ...
+VER MÁS
#Medios

Los cambios se disputan en las calles, no en las redes sociales