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La geografía de poder boliviana, en la búsqueda del ¿equilibrio?

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Con estos resultados se puede afirmar que Bolivia se encuentra en un equilibrio político electoral aún explosivo, ya que sin perjuicio de que se ganó en primera vuelta, con un amplio respaldo en la Asamblea Plurinacional, persistirán los mantos de sospechas sobre el resultado

Mientras Chile conmemoraba un año de lo que fue el Estallido Social, marcado por la vulneración de los derechos humanos concretados en ese tiempo (18 de octubre 2019 al 2020), Bolivia celebró una de las más particulares elecciones de su historia, fundamentalmente, por permitir que la dupla Luis Arce y David Choquehuanca, ganaran en el primera vuelta con un 55,1% de los votos y con bajos porcentajes de abstencionismo (88,4% de participación electoral)[1]. Ello, además estuvo correlacionado positivamente con los resultados en senadores (21 de 36) y diputados (75 de 130), elecciones que también se tuvieron que repetir[2]. Pocos imaginaron un resultado como el vivenciado en esa jornada, más cuando hubo un año de descredito a Evo Morales y el MAS. Pero también por el alto nivel de polarización aparente en el cual se generó el acto electoral.

Quedará ver cómo la aparente polarizada Bolivia enfrenta este triunfo de la dupla consignada. Específicamente, interesará observar al MAS y a Evo Morales en el cómo lo asumen, donde paradojalmente, tras un año estando fuera de la primera magistratura ejecutiva, otra vez sacó la primera mayoría ganando en primera vuelta, demostrando que el proyecto del partido/movimiento, logró, durante su gobierno, con Evo Morales a la cabeza, profundas raíces en el electorado y sociedad boliviana (también están los que endosan responsabilidades políticas al oficialismo de transición y a las oposiciones al MAS, por su incapacidad política para enfrentar la tarea). De todos modos, el partido/movimiento se encontraba presente en la Asamblea Plurinacional vía sus senadores y diputados, incluyendo su presencia en la amplia red de organizaciones civiles, cocaleras, campesinas y urbanas (subalternos) repartidas por todos los departamentos, siendo por supuesto fuerte su presencia en los altiplánicos o del oeste del país como La Paz (68,36%), Cochabamba (65,9%), Oruro (62,94), Potosí (57,61%),  fundamentalmente[3].

Con este resultado atrás quedó el referéndum del año 2016, cuando NO se le permitió a Evo Morales una siguiente reelección. Lo mismo respecto de la estrategia de posicionamiento de Morales para ser candidato otra vez en el año 2019. También quedó atrás el fraude electoral avalado y promovido por parte del sistema político boliviano, la OEA y otras organizaciones intermedias de la sociedad civil boliviana, entre ellos, los Comités Cívicos de Santa Cruz y Tarija[4]. Quedó atrás un año de descrédito del MAS y Evo Morales, el cual carga con una cantidad de querellas, que deberán despejarse en tiempo y espacio en el regularmente cuestionado sistema judicial de Bolivia, despejándose una, por lo pronto (terrorismo y sedición)[5]. Vale indicar, que algunos cargos, son escrutables críticamente en su fondo, como el ya levantado.

Ciertamente, con estos resultados se puede afirmar que Bolivia se encuentra en un equilibrio político electoral aún explosivo, ya que sin perjuicio de que se ganó en primera vuelta, con un amplio respaldo en la Asamblea Plurinacional, persistirán los mantos de sospechas sobre el resultado[6]. La dupla recién electa deberá enfrentar altos grados de vulnerabilidad e incertidumbre no sólo por cómo se disponen los diferentes factores productivos y sociales (negativos nacional e internacionalmente), sino que también por los efectos de la pandemia Covid – 19, los cuales se encuentran en franco desarrollo como en cualquier parte del mundo. Así, las fuerzas sociales, políticas y electorales muy probablemente no se quedarán tranquilas, aunque los resultados sean política, social e institucionalmente legítimos. Hay que indicar que se viene otro ciclo electoral asociado a las elecciones sub-nacionales, para marzo del 2021, aproximadamente[7].

En este contexto, las Fuerzas Armadas y policiacas bolivianas, otra vez jugarán un rol estratégico. Antes, respaldaron el Golpe de Estado, en cuanto medida posibilitadora de cierta ‘gobernabilidad democrática’ por medio de un gobierno de transición. No hay que olvidar que uno de sus jefes invitó al presidente Morales a renunciar a su cargo para impedir una conflictividad interna que superara el umbral de lo tolerable (general Williams Kaliman y Wladimir Yuri Calderón por parte de la policía)[8]. Ahora, con este resultado, lo que les resta es tener una conducta institucional y enfrentar las aparentes polarizaciones políticas y sociales, sobre todo cuando el COVID-19 y sus efectos se encuentran en franco despliegue. A lo anterior, se agregan los regionalismos autonómicos siempre vigentes y demandantes de más autonomías, los que estarán expectantes respecto del quehacer del nuevo gobierno.

Este sistema político boliviano, organizado en una geografía de proyectos políticos difíciles de conciliar, a propósito de las autonomías regionales (medialuna) v/s los departamentos Altiplánicos, o bien, esta geografía del poder, la cual se expresa en cada grupo étnico, campesino, cocalero, ecológico, de elite clásica (criollo-colonial) o nueva (creada desde la ejecución del gobierno del MAS) más la autonómica-medialuna-cruceña, ofrece un desafío nada nuevo de gobernabilidad, gobernanza o como se le quiera denominar al modo de organizar la plurinacionalidad boliviana. Bolivia, es una abigarrada sociedad de conflictividad como indicaría René Zabaleta Mercado (prestigioso sociólogo boliviano), entendiéndosele como un rasgo identitario que de cuando en vez, llega a sus límites para sellar nuevos arreglos políticos, como lo ocurrido con la instalación del MAS, tras el ciclo de neoliberalismo que se instaló en la década de los 80’, cuando se recuperó la democracia[9].

Ese ciclo, con esta victoria in-pensada (por cómo se dio), se proyecta en el desafío de replantearse el gobierno ejecutivo, pero también, el despliegue de la Asamblea Plurinacional. Esta victoria, en la historia política boliviana, debería entendérsele como una validación al planteamiento realizado por el MAS en orden a consolidar y fundir un ideario nacional – plurinacional transversal de la sociedad, el sistema político y de la temporalidad, ya que nada impide proyectarse, si es que las cosas se hacen bien en este vertiginoso escenario nacional, donde la aparente polarización (que debería disminuir con el tiempo, sobre todo después de las próximas elecciones sub-nacionales), convivirá con los efectos de la pandemia nacional e internacional y una base productiva, que no necesariamente tiene los mismas fortalezas que si tuvo con el ciclo de Evo Morales (explotación de recursos naturales intensos y con precios altos).

Arce y el MAS, a Evo, lo deben proyectar como el Líder que es, con sus luces y sombras. Es insoslayable. Además, el triunfo del MAS y la dupla Arce-Choquehuanca, prioritariamente, más los éxitos de los candidatos a la Asamblea Plurinacional, también le pertenecen. El desafío estará en cómo se administra este capital político, ya que lo anterior no es sinónimo de que se impida la polarización. Evo está fortalecido, pero no es igual a que no genere tensión y no es igual a que sea gobierno.

Contradictoriamente, en los programas de gobiernos de las distintas coaliciones políticas, su autoimagen en el subcontinente sudamericano es de equilibrio del mismo, esto es, Bolivia es el país que posibilita el equilibrio regional, el cual se ve vulnerado sistemáticamente por su NO acceso soberano al océano pacífico. Esta situación contradictoria aparece claramente en el programa del MAS, como en el de Comunidad Ciudadana de Carlos Mesa y no con tanto énfasis, pero igualmente comprometido en el de Fernando Camacho. Quedará observar cómo se logran los factores de la ecuación que permitirá salir o empantanarse, al plurinacional estado boliviano en esta siguiente administración del MAS.

Para Chile, eso es de una importancia de primer orden, no sólo porque fue el MAS y Evo los que proyectaron la estrategia contra Chile en la Corte Internacional de Justicia de la Haya (CIJ), sino porque Chile debería inaugurar una estrategia de política exterior hacia Bolivia distinta a la que se le ha conocido, sin perjuicio de su éxito en la CIJ el 1º de octubre del año 2018. Y ello no implica vulnerar los intereses nacionales del país, muy por el contrario, fortalecerlos. En esa perspectiva, las coyunturas migratorias ofrecen una oportunidad para ese nuevo trato cuando del diseño de la política exterior se refiere.

[1] Ver en https://www.oep.org.bo/wp-content/uploads/2020/10/Discurso_Presidente_TSE_23_10_2020.pdf

[2] Ver en https://eju.tv/2020/10/conozca-a-los-cuatro-senadores-electos-por-departamento/

[3] Ver en https://computo.oep.org.bo/

[4] Ver en https://www.elquintopoder.cl/internacional/bolivia-y-su-proceso-algunas-claves/

[5] Ver en https://www.elmostrador.cl/dia/2020/10/26/tribunal-boliviano-anula-la-orden-de-detencion-contra-evo-morales-por-terrorismo/

[6] Ver en https://eldeber.com.bo/santa-cruz/union-juvenil-crucenista-denuncia-fraude-electoral-y-convoca-a-un-paro-civico-a-partir-de-este-sabad_205774

[7]Ver en https://correodelsur.com/politica/20201023_subnacionales-tse-emitira-convocatoria-en-noviembre-y-preve-votacion-en-marzo-de-2021.html

[8] Ver en https://www.eltiempo.com/mundo/latinoamerica/militares-y-policias-piden-la-renuncia-de-evo-morales-presidente-de-bolivia-432234

[9] Ver en https://www.elquintopoder.cl/internacional/bolivia/

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