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Francis Francoise: El arte de traspasar el Género

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La bohemia LGBTIQ lamenta el fallecimiento de Francis Francoise celebre estrella transformista, momento oportuno para reflexionar sobre el arte del transformismo, desconocido para muchos.

El transformismo es la expresión artística que traspasa las barreras del género, tomando los elementos que se le asignan al género opuesto dentro de un contexto social y cultural en tiempo y espacio determinado para construir un personaje.


Francis creó escuela con un talento innato para el humor, en un arte en el que partió en plena dictadura cuando los locales gays eran allanados y tantos sus clientes como su personal eran fichados sin un motivo específico.

En las discotecas y pubs dirigidos al público gay, son habituales los espectáculos con transformistas, que son los artistas que caracterizan personajes del sexo opuesto. Si bien no todos los artistas que hacen transformismo son homosexuales, ahí esta el comediante Patricio Torres y su inolvidable Eglantina Morrison para testimoniarlo, lo cierto es que la mayoría sí lo son. Francis Francoise es reconocida como la reina madre de este arte en nuestro país y es común que muchos transformistas se refieran a ella como Big Mamma. Si bien no fue la primera transformista chilena, como olvidar a las míticas figuras del teatro de revista, Francis creó escuela con un talento innato para el humor, en un arte en el que partió en plena dictadura cuando los locales gays eran allanados y tantos sus clientes como su personal eran fichados sin un motivo específico.

Hoy en día, cuando lo relativo a lo gay parece estar de moda, producto de una creciente visibilización, podría pensarse que el del transformismo es un arte nuevo. Todo lo contrario nos cuenta la historia, si consideramos que ya en el teatro Kabuki japonés, encontramos expresiones de este arte con los onnagatas,  los actores que representaban los personajes femeninos en la ópera tradicional china. A los roles femeninos interpretados por hombres también los encontramos en el antiguo teatro de algunos países europeos, como lo testimonia la cinta Shakespeare in love. En el cine hollywoodense nos encontramos con clásicas interpretaciones de transformismo en cintas como Tootsie y Victor Victoria. Si bien el transformismo fílmico suele ligarse al humor, en la pasada entrega del Oscar, Jared Leto recibió el premio al Mejor Actor de Reparto por su interpretación de Rayon en la dramática Dallas Buyers Club, el club de los desahuciados. La premiada película está ambientada en los inicios de la epidemia de VIH/SIDA, y  cuenta la historia de sobrevivencia de un homófobo vaquero que, al ser diagnosticado VIH, recibe una condena de muerte (solo le dan treinta días de vida). En su búsqueda de los fármacos que le permitan seguir vivo, el vaquero Ron conoce a la paciente transexual Rayon.

En Chile, el ya citado Patricio Torres recibió el año 2012 el Premio Grace por su aporte al transformismo, este es entregado por los mismos transformistas. No es habitual ver interpretaciones de transformismo en nuestro cine, y en las telenovelas hemos visto algunas interpretaciones poco logradas como la del ex Ministro de Cultura Luciano Cruz Coke como Judith Méndez en Fortunato (Mega, 2007), o la de Diego Muñoz como Brigitte y Valentina en Dos por Uno (TVN, 2013). Llama la atención que para esos roles no se haya convocado a transformistas, habiendo tantos. ¿Será que nuestra industria audiovisual aún teme incorporarlos en roles distintos al de prostituta?.

Fue a propósito de la pasada entrega del Premio Grace que tuve la oportunidad de entrevistar a Francis Francoise, ganadora al Premio a la Mejor Tranformista en 1995,  y en esa oportunidad dijo varias cosas que creo que nos pueden ayudar a reflexionar sobre este arte como: “ahora no existen artistas completas, que hagan todo tipo de cosas… evaluando el transformismo como todo un proceso de trabajo” . En momentos en que la población LGBTIQ se hace cada vez más visible hay varios locales enfocados a ese público que cierran sus puertas, cabe preguntarse: ¿se ha simplificado el arte del transformismo?, ¿Veremos pronto a una transformista en un rol dramático presentándose más allá de los locales gays?, ¿será que con la visibilización de nuestra población el ghetto o el gaytto desaparecerá?, ¿seguirán transitando las transformistas desde esos locales nocturnos a otros escenarios, como teatros y TV, como lo hiciera una pionera Heather Kunstt en la década de 1990 o como lo hacen actualmente Luz Violeta, Stephanie Fox “La Botota” o Pola?.

 

 

TAGS: Transformismo

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Comentarios

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05 de diciembre

Muy lúcida columna, mi estimado.

A seguir trabajando!

13 de diciembre

Así, es a seguir trabajando por la igualdad de derechos colega.

Juan Pablo De La Hoz

15 de diciembre

Aquí les dejo una entrevista que realicé a Mauricio, hace un tiempo, en el marco de un libro que publicaré.
Abrazos y gracias.

MAURICIO ZENTENO
51 AÑOS
SOY LA REINA DEL TRANSFORMISMO

Quedamos de vernos en calle Mosqueto a eso de las 18 horas, es una fría tarde de mayo. Al encontrarnos me abraza y dice que le encanta la idea de compartir sus vivencias conmigo. Es un hombre alegre, con chispa única. Jamás habría pensado que el dueño de esa sonrisa se enfrentó cara a cara con la muerte.

“A los 15 años, después de clases, fui a jugar flippers. Era algo novedoso para mí porque no conocía el centro. Junto a unos amigos fui a los Juegos Diana, apenas llegué me fijé en un tipo. De pronto se me acercó y preguntó si quería jugar, acepté pero le dije que no sabía hacerlo así que se ofreció a enseñarme. Me puso delante de él, entre la máquina, y empezó a jugar, sentí como estaba excitado”. Fue su primer acercamiento con alguien del mismo sexo.

“Terminé el liceo y quería conocer el ambiente gay. Hice amigos y casi siempre partíamos a una fiesta en alguna casa”. También frecuentaban Quinta Cuatro en Recoleta: “en un lado estaban los hombres, en otro las mujeres, además había cafiches y también travestis. Una vez que se iban los matrimonios, los hombres bailaban con los travestis y ahí quedaba la cagada”.

Al año siguiente fue invitado a una fiesta de disfraces, con motivo del aniversario de un local gay ubicado en Dardignac: “fui de torero y adentro vi varios hombres vestidos de mujer, eso me llamó la atención. Clavé mi mirada en uno disfrazado de enfermera que tenía bigote, al rato pasó por el lado mío y dijo muy fuerte que le gustaría darle un beso al torero, le dije que me lo diera”. Luego de ese beso iniciaron una relación de pareja que duró bastante tiempo, recuerda con emoción.

Mauricio se volvió asiduo a ese lugar: “había un transformista que me gustaba porque doblaba muy bien las canciones de Massiel. En una oportunidad tiró una flor al público y me llegó a mí. En ese instante sentí que yo debía estar sobre el escenario”. En una ocasión uno de los transformistas se enfermó y le pidieron que lo reemplazara: “no estaba ni ahí con hacerlo, era sólo un pensamiento, hasta que un día me convencieron”. Mauricio se preparó ensayando durante varios días la canción Adiós chico de mi barrio, de Tormenta. El día de su presentación se puso un vestido ajustado y una peluca, además de maquillaje: “subí al escenario y me recorrió una sensación, supe que esto era lo que quería hacer”. Cuando terminó su presentación nadie lo aplaudió: “me sentí furioso, yo no era parte del staff que estaba siempre así que supongo que por eso nadie se manifestó, la gente debe haberse preguntado quién era ese maricón que apareció de repente”. A pesar de esto quiso seguir haciendo shows de transformismo.

“Sabía que podía hacerlo muy bien así que aprendí varios temas, pero me decían que no. Insistí, insistí e insistí y no pasaba nada”. Mauricio supo que Ernesto Belloni estaba preparando Los años dorados de la Tía Carlina: “me llamaron porque alguien les habló de mí, me contrataron y viajé por todo Chile como parte del elenco. Estuve más de un año trabajando con ellos, al tiempo me cargó porque me llegaba muy poco del dinero recaudado”. Fue aquí que se puso el nombre artístico de Francis Francoise.

Lo contactaron para la inauguración de la discoteca Quasar, Semana Santa, y le pidieron doblar María Magdalena de Jesucristo Superestrella: “tenía cuerpo de baile conmigo para hacer coreografías y estaba lleno de gente”. Mientras realizaba su espectáculo el vestuario que utilizaba se rompió dejándole el pecho al descubierto: “se me cayó la túnica y para arriba quedé sin nada, además los bailarines me dejaron sola”. No sabía qué hacer, hasta que vio un micrófono a un costado del escenario: “lo agarré, y como si no hubiera habido nadie empecé a hablar, hablar y hablar, y dije al cuerpo de baile ya poh maricones bajen, se me va a ver la teta del juicio, se van a dar cuenta que no soy mujer”. En ese instante los asistentes se rieron a carcajadas: “no entendía qué sucedía y me fui avergonzado al camarín, luego me di cuenta que esa era la tecla que debía tocar”. Francis Francoise es una anfitriona que denosta a los invitados. Mauricio se abocó cien por ciento a trabajar su personaje.

“Antes del regreso a la democracia fui víctima de persecución por parte de Carabineros y Policía de Investigaciones. Bastante seguido nos iban a buscar al Quasar pero no nos encontraban porque teníamos un escondite, detrás de una muralla. Una vez una de las colas, huevona, abrió la puerta y todavía habían algunos de la PDI, nosotras estábamos vestidas de cabra chica ya que habíamos hecho un sketch de un parvulario. Todos quedamos detenidos, ni siquiera nos permitieron cambiarnos de ropa, luego nos llevaron a General Mackenna, nos metieron a una piscina sin agua y nos dijeron que fumáramos, lo hicimos y nos manguarearon. Se supone que éramos prostitutos de la calle pero vestidos de mujer”. Los partes que les entregaron decía sodomía.
Años más tarde se habrían roto las fichas de los transformistas que supuestamente ejercían la prostitución, sin embargo, el registro existía: “fui a sacar papel de antecedentes, salía que era puto”.

Junto a otros le pagaron a un abogado para que sus papeles fueran limpiados, agrega con orgullo.
Hace un año llegó de urgencia a un centro asistencial debido a una falla multisistémica: “una noche sentí algo parecido a vértigo, me miré al espejo y tenía la cara muy hinchada, yo soy gordo pero no tanto. Mis piernas estaban inflamadas, no podía caminar, no sé cómo pero bajé de mi departamento y tomé un taxi que me llevó a la Posta Central, yo digo Clínica de Portugal. No recuerdo si pagué o no la carrera, al entrar a la urgencia me desmayé”. Mauricio es diabético e hipertenso: “toda la vida fui bueno para los excesos, pero en los últimos años fue más: mucha droga y mucho copete, la noche es la noche”. Cuando recuperó la conciencia, una semana después, se enteró que al momento de su ingreso había sido el paciente más grave del lugar: “los enfermeros colas y los médicos fletos me ayudaron, cuando desperté no me acordaba de nada, ellos me contaron que decía cosas como las que digo en mis shows: sáquenme esto de la zorra y era la sonda, yo mismo me mujereaba, no me daban ni agua ni comida y yo reclamaba, tenía puesta una cámara de oxígeno y yo decía que me parecía a Hannibal Lecter, me ponían apósitos en el cuello y les decía que me veía como Lady Gaga así que les cantaba como ella, no me dejaban levantarme para ir al baño y querían que hiciera en una chata, yo le decía cómo quieren que ande mostrando lo mío, mis partes privadas”. Enfatizaba que era toda una señorita.

“Mi doctor era de nariz respingada, culo parado, brazos grandes, muy guapo, era estupenda, típica musculoca. Le pregunté por qué se preocupaban tanto por mí, respondió que yo era el cliente VIP, que me cuidaban tanto porque les había dado alegrías durante muchos años, para qué le iba a preguntar si era cola”. A los días fue dado de alta pero debió regresar producto de una neumonía: “yo decía pero cómo si esto ya lo viví, estaban los mismos que me cuidaron. Algunas mariconas me decían volviste huevona y me buscaban en sus teléfonos, por internet, para ver cómo bailaba yo Lady Gaga en el Búnker”. En esta discoteca trabaja desde mediados de los ‘90.

“Pavimenté el camino para toda la gente que ahora hace shows, llevo 33 años sobre los escenarios, soy la más antigua del circuito, soy la reina del transformismo. Ser transformista ya no es lo mismo de antes porque se trata de crear un personaje y no perder la esencia, por ejemplo a mí no me gusta depilarme y hasta el final voy a usar medias arriba del escenario, nunca me he sentido mujer, hago una parodia. Ahora todas se creen minitas, se ponen ropa de Patronato o del sector oriente, creen que mientras más mujer se vean más logrado está el personaje, no es así. No es necesario hablar de la cintura para abajo en las presentaciones para que la gente se ría, como se hace ahora, no soy cartucho pero es muy diferente decir conchetumadre a decir conchetumangaslargas, se dice lo mismo pero no con tanta rotería”. Mauricio se viste de mujer sólo como parte de su espectáculo: “no me gusta andar de mina por la calle, ni en la sala de la discoteca luego del show”. Para él el verdadero transformista tiene que estar arriba del escenario no debajo.

“Por la noche recibo los aplausos y felicitaciones, luego me voy a mi hogar y duermo con la soledad. Lo único que espero cuando ya no esté es ser recordado como una de las grandes transformistas de Chile. Mi último momento de vida quiero que sea en la noche, sobre un escenario, cantando mi tema favorito de Massiel, Eres… por tu forma de ser conmigo lo que más quiero, eres… mi timón, mi vela, mi barca, mi mar, mi remo…”.

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