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Conciliar: una cuestión social

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Las políticas de conciliación de vida laboral y familiar en Chile, presentan en la actualidad un desafío urgente a resolver. Las medidas para frenar la pandemia, ha agudizado el problema de la desigualdad de las mujeres, no sólo haciendo retroceder la participación de la mujer en el mercado laboral, sino, también, evidenciando las profundas brechas que existen en cuidado, rentas y condiciones laborales.


Avanzar en políticas de conciliación laboral y familiar efectivas es avanzar en mayores índices de igualdad impactando positivamente en la sociedad y permitiendo aumentar su bienestar, fortaleciendo su justicia y mejorando su economía.

Es conocido que las mujeres a nivel mundial no presentan una desigualdad sólo por el empleo y el cuidado (ya que es sabido que dedican más horas que los hombres al cuidado y a las labores domésticas), esta también se presenta en la brecha salarial, la falta de redes propias y públicas, la falta de recursos económicos y sociales y el impacto en su desarrollo profesional y personal así como en sus derechos, en sus pensiones, en su formación, en su promoción y en su salud. Y si esto lo vinculamos con su situación socioeconómica, esa desigualdad se va profundizando.

El tema del cuidado ha sido históricamente depositado en las mujeres. Este hecho genera una profunda desigualdad de base para enfrentar no sólo el empleo, sino la vida cotidiana, el acceso a recursos, el desarrollo o el autocuidado. Además, la participación de las mujeres en el mercado laboral, que ha ido en aumento estas últimas décadas, ha generado un aumento en la actividad económica. Por tanto, si su participación genera impacto social, la respuesta de la sociedad a este fenómeno también debe ser social. Por ello, las políticas de conciliación de vida laboral y familiar son fundamentales para enfrentar esta desigualdad.

Un ejemplo interesante a observar son los países nórdicos. Suecia y Dinamarca tienen los mayores índices de igualdad de género de la Unión Europea. Con un 83,6 y 77,5 (European Institut for Gender Equality, 2019), ambos países han logrado avances en igualdad. Tienen modelos políticos sociales demócratas donde las políticas públicas son poco familiaristas, esto quiere decir que ponen el tema del cuidado en el ámbito público, comprendiendo su entendimiento y solución dentro de la esfera de lo social. Asimismo, hay mayor enfoque de género en sus formas estructurales, administrativas y en sus políticas y medidas. Se fomentan las redes y recursos de cuidado estatales mediante el incentivo de organizaciones privadas y, además, se aborda directamente la brecha salarial. Todo ello para generar condiciones más igualitarias entre hombres y mujeres.

De este modo, para que las políticas de conciliación laboral y familiar avancen hacia la igualdad se debe diseñar e implementar políticas que modifiquen la norma social (Castro, 2016). Por ello, se debe abordar de manera directa la concepción y el enfoque que perpetúan la división sexual del trabajo, el rol de los hombres en la crianza, el cuidado y tareas domésticas y el fomento y la internalización e incorporación del impacto que tiene el rol de la mujer en la sociedad.

Este tema debe considerarse en Chile y tratarse como urgente. Y es que no sólo hay que detener el avance de la desigualdad, sino proponer medidas concretas que fortalezcan la igualdad. Para que esto sea así, hay que avanzar en situar lo doméstico en la esfera de lo social porque se observa que el impacto de lo que sucede a nivel doméstico, se vivencia claramente en lo social: cifras de desempleo, mujeres que no vuelven a buscar empleo, limitación en su desarrollo, aplazamiento de su crecimiento, abandono de los trabajos, entre otros. El impacto negativo de las desigualdades afecta, por tanto, primero a las mujeres y, en segundo lugar, a la sociedad en su conjunto.

Para esto propongo algunas reflexiones que si bien no pretenden ser una respuesta definitiva a esta problemática, aportan al debate.

Primero, es entender que si bien Chile ha avanzando en políticas de conciliación (muy lentamente), han sido diseñadas desde una perspectiva familiarista en la cual se entiende el cuidado de los hijos o personas dependientes, desde el hogar y la familia. Estas políticas en general responden a una mirada donde la división sexual del trabajo esta basada en roles tradicionales de género que ponen los temas de cuidado en las mujeres, y que perpetúan la desigualdad de la mujer.

Por tanto, hay que avanzar en desfamiliarizar la solución de este problema y situarlo en la esfera social. Eso también implica visibilizar la situación de las familias monoparentales, que en su inmensa mayoría son lideradas por mujeres. Familias expuestas a mayor fragilidad y desprotección.

Segundo, es necesario abordar este tema considerando la interseccionalidad de la problemática y la solución. Es preciso entender que hay diversas identidades que influyen sobre el acceso de las personas a sus derechos u oportunidades. De esta manera, las distintas situaciones que enfrentan las mujeres en el ámbito familiar, socioeconómico, racial y educacional deben ser considerados al momento de diseñar una política pública para que tenga impacto en cómo viven esos derechos y oportunidades.

Tercero, fortalecer la red social de recursos, medidas y cuidados que están a disposición de las familias y de las mujeres fomentadas, por el Estado a través de las políticas públicas y fortalecidas por otros actores sociales relevantes como son los relacionados a las organizaciones, empresas, instituciones o entidades. Aquí, el rol del gobierno local es muy importante. Esto se refiere a la corresponsabilidad en esta materia, entre el Estado y las familias.

Cuarto, diseñar las políticas públicas desde el gender mainstriming para ser traducidas a estrategias que desafían abiertamente las desigualdades de género. En este punto es necesario promocionar de manera efectiva la igualdad, la equidad y el empoderamiento de género. Lo relevante de este enfoque es que penetre en los marcos estructurales que mantienen valores, principios y patrones de desigualdad y provoque efectos de sostenibilidad y solidez.

Quinto, avanzar en políticas transformadoras que fomenten la simetría de derechos y responsabilidades de hombres y mujeres, lo que permitiría una re-construccion de identidades, alejándose de la diferenciación sexual y configuraciones de género en estos temas.

Para finalizar, es preciso mencionar que el tema de la conciliación laboral y familiar no es sólo un tema urgente hoy, sino que será un tema grave en un futuro, la falta de conciliación laboral profundizará las desigualdades estructurales de la sociedad. Por tanto, debe tratarse con la relevancia necesaria, colocando a la mujer como primera afectada y junto con ello a la familia, al hombre y a la sociedad en su conjunto.

Es necesario también entender que al ser éstas políticas una forma efectiva para abordar la desigualdad de la mujer en la sociedad, no pueden ser diseñadas aisladas de las normas sociales imperantes y debieran ser acompañadas de una labor que permita y fomente, de manera clara, la igualdad, la equidad y el empoderamiento de género.

Avanzar en políticas de conciliación laboral y familiar efectivas es avanzar en mayores índices de igualdad impactando positivamente en la sociedad y permitiendo aumentar su bienestar, fortaleciendo su justicia y mejorando su economía.

Por último, la situación de desigualdad de la mujer en éste y en otros ámbitos debe ser reconocida y reparada; la justicia pasa por entender que lo doméstico y lo privado es un espacio desde donde comienzan gran parte de las desigualdades hacia la mujer; por ello, es necesario abordar la solucion a esta problemática, desde la sociedad donde todos tenemos una responsabilidad y un rol a cumplir.

TAGS: #Desigualdad Brecha de género Conciliación Laboral

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