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¡En el fútbol, como en la vida, el pasado se respeta!

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Campeonato Sudamericano 1956: Chile obtiene su primera victoria ante Brasil (4×1)

A raíz de unos desafortunados comentarios del periodista Cristóbal Guarello.

Mientras observaba el partido de fútbol por los cuartos de final de la Copa América entre Brasil y Paraguay me vi sorprendido por los dichos del periodista Cristóbal Guarello a raíz del estilo de juego ultradefensivo del cuadro guaraní (cuestión archiconocida en el escenario sudamericano), acentuada en esta ocasión porque jugaba con un hombre menos, cuestión que de hecho, al señor Guarello no le pareció relevante; como tampoco la existencia de un desequilibrio tradicional e histórico entre ambas selecciones. A pesar de ese detalle, el señor Guarello pareció encontrar un punto de referencia para enconarse en un discurso sorprendente sobre la pobreza histórica del fútbol chileno (seguramente tratando de contrastarla con la actual realidad de su fútbol). Arremetió contra su pasado aduciendo que Paraguay estaba jugando como lo hacía Chile antes de Bielsa. Es decir, “ratoneando” con sistemas ultradefensivos.


Es sano recordar un poco de nuestra evolución como confederación de fútbol profesional. Durante una larga etapa, aquí en el hemisferio sur, Chile solo era superado por el fútbol del Río de la Plata y por Brasil

De esta lamentable seguidilla de demostraciones durante el citado partido, se puede desprender que el periodista pudo estar sufriendo el síndrome del olvido generacional (no conocer de primera mano lo que hicieron las generaciones anteriores); una cuestión insalvable para alcanzar un equilibrio mínimo en la comparación del presente con el pasado. En este caso, está claro que el periodista cayó, por desconocimiento directo –extraño en un profesional como él–, en un vacío de la línea del tiempo atribuible a la sublimación de los éxitos del presente. En este punto del abismo generacional, creo que para intentar salvar la cuestión sería aconsejable reunir las opiniones sobre el tema entre aquellos que vieron fútbol chileno, al menos desde la década del cincuenta. Esto, antes de que muera su último testigo. Testigos oculares; no ya analistas profesionales con muchas lecturas a cuestas, como únicos testigos de esa realidad. De los 30 años anteriores la historia nos enseñó que la semilla de la fundación se hizo con inteligencia, con singular presteza y habilidad para conectarnos tempranamente con el mundo del deporte competitivo a nivel internacional. Se hizo sobre bases de respeto, hidalguía y juego limpio, y echaron a andar las bases de lo que somos hoy; y todo eso se respeta.

Los extraños comentarios del señor Guarello debieron conmover a todos esos viejos que aman el fútbol y llenaron los estadios en el pasado. Probablemente sus chocantes comparaciones y su desconocimiento de un pasado que ellos albergan con orgulloso respeto en sus corazones fue la nota discordante que quedó penando después del partido de cuartos entre Brasil y Paraguay.

¡Es el colmo, que poco fútbol tiene Paraguay! dijo para empezar; y no sin razón, pero con un extraño  empeño en compararlo con el fútbol chileno de la época anterior a Bielsa. Sin soltar a Chile durante un largo rato, y en medio de un ataque brasileño frustrado, en un área sembrada de guaraníes golpeando todo lo que se moviera, afirmó, ¡Así jugaba Chile! Pero el asunto no paró ahí, pues minutos más tarde, en medio de los pelotazos paraguayos para alejar el balón de su área en una noche clásica de su estilo, se congratuló: ¡Qué bueno que Chile abandonó esa manera de jugar! Y cuando los telespectadores creímos que cerraba sus insólitas comparaciones continuó: ¡Qué bueno que nosotros ya no estamos en esa! Ese fue el monólogo con que creyó matizar de relevancia sus comentarios. Y lo hizo centrado en esta odiosa e incomprensible afirmación, a escasos minutos de que Brasil y Paraguay fueran a penales a causa del empate a cero; y después de que los guaraníes dieran una endiablada lección de defender a morir. Majadero, el señor Guarello cerró con ánimo compasivo: Esto es lo que hacía Chile antes.

¡Plop! ¿Todo eso dijo?

Ante esta inusitada manera de apreciar el pasado, cabe preguntarse ¿de dónde sacó el señor periodista tamañas conclusiones? ¿Qué grabaciones tuvo a mano para concluir que jugábamos como Paraguay?

Desde luego, es sano recordar un poco de nuestra evolución como confederación de fútbol profesional. Durante una larga etapa, aquí en el hemisferio sur, Chile solo era superado por el fútbol del Río de la Plata y por Brasil. Y en general, manifestaba en los guarismos de sus confrontaciones oficiales amplia superioridad sobre el resto, incluido el Perú. Por la vía del ejemplo, y como observador, puedo recordar el sudamericano extraordinario de 1956 jugado en Montevideo. Allí donde se consagró la joven figura de Leonel Sánchez; la delantera chilena, con Jaime Ramírez, Enrique Hormazábal, Rene Meléndez, Manuel Muñoz y el propio Leonel Sánchez fue la más goleadora del certamen; de hecho, partió goleando a Brasil 4 a 1 bajo la dirección de don Luis Álamos. Terminó segundo compartiendo puntaje. Puedo asegurar que algo parecido ocurrió en Chile un año antes, en 1955, a pesar de la derrota con Argentina en una final de triste recuerdo por un incidente que costó la vida a algunos espectadores. En ese torneo Chile fue una aplanadora ante el resto de los participantes, confirmando equilibrada categoría entre defensa y ataque.

También resulta interesante no olvidar algunos datos que pueden dar luces sobre la verdadera realidad que acompañó el desarrollo del fútbol chileno en la etapa a que se refiere el señor Guarello. Cómo olvidar por ejemplo cuando en Ecuador consideraban a Chile su bestia negra porque por más de cincuenta años no pudieron ganar una clasificación con Chile para ir a un mundial. Otro dato: a raíz del partido por cuartos de final con Colombia, el público se pudo enterar de la enorme ventaja chilena en el cuadro estadístico de sus confrontaciones con ese rival. Etcétera.

Por supuesto que estos datos no eximen a la historia de haber sido testigo de sombras ocasionales, sin embargo, si hubo algún estilo desafortunado y circunstancial que implementara algún director técnico desprolijo, la historia demuestra que de ninguna manera podía caracterizar al fútbol chileno como intenta hacer el periodista. En lo único en que este habría tenido razón, si lo hubiese mencionado, es que nos achicábamos con los grandes (o nos achicaban a veces mediante subterfugios no siempre santos). Pero eso fue un proceso que se fue atendiendo de a poco, y cuando Bielsa hizo su aparición, gracias a ese pasado ya estábamos preparados para asumir la filosofía ganadora del enorme DT argentino. Todas estas son cuestiones que no se pueden olvidar porque son fundacionales.

Es cierto que en el pasado nos llenamos de victorias morales, eso todo el mundo lo sabe. También que, en los mejores momentos, éramos superados por imponderables siempre achacables a la falta de autoestima; pero más cierto es que Chile siempre fue admirado por su técnica y dominio del balón, dan cuenta de ello los comentarios europeos de la década del sesenta. Definitivamente no es efectivo que se practicó un fútbol ultradefensivo, al estilo de los paraguayos. Al revés, se jugó siempre un fútbol equilibrado, menos competitivo, es cierto, pero ya venía evolucionando desde la conciencia, desde la cabeza hasta llegar a Bielsa. Él nos hizo tomar en serio que todo encuentro oficial o amistoso debía ser encarado con seriedad y la mente puesta en la victoria. Así, aprendimos que las estadísticas favorables aportan confianza y autoridad (como hicieron con nosotros uruguayos y argentinos) porque juegan un papel determinante a la hora de afinar el espíritu para los encuentros decisivos.

Si hubiésemos jugado así, como sostiene el señor Guarello, no habríamos tenido un Ballet Azul ni habríamos salido terceros en el mundial de 1962. Menos habríamos tenido un Elías Figueroa, que se habría negado a conformar un sistema defensivo de semejante laya. Como tampoco habríamos conocido jugadores de la talla de Luis Eyzaguirre, de Rodolfo Almeyda, de Raúl Sánchez y una pléyade generosa de defensores ricos en cultura táctica y técnica.

Un dato interesante: a un conocido gurú hoy desaparecido, no se le habría ocurrido jamás imaginar y propiciar la idea de que Chile podía llegar a ser campeón mundial si no hubiese tenido la convicción de que el fútbol chileno tenía ese algo que es propio de algunas minorías escogidas.

No habría tenido ese sueño si Chile hubiese jugado siempre colgado del travesaño. Como un ratón con alas.

Ahora solo queda perdonar al señor Guarello y conminar a los jóvenes de hoy a que entiendan que el fútbol chileno, necesita reconocerse a sí mismo, en su verdadera esencia, si queremos seguir avanzando.

_________________________________

Nota: Lee la respuesta de Juan Cristóbal Guarello:

“Señor Ríos
Lamento que su impulsividad le haya impedido escuchar el comentario completo. Porque en la transmisión me referí claramente al período de Luis Santibáñez y Orlando Aravena, dando los nombres de ambos técnicos. Meter a la selección de 1962 o al Ballet Azul, que quedaban claramente fuera del período, no aplica por ninguna parte. Fuera de tiesto. Le quiero recordar que Alfredo Asfura debió pedirle perdón a los dirigentes de la federación inglesa tras el bochornoso partido que hizo Chile en Wembley en 1989, donde utilizó la misma táctica nefasta de los paraguayos.
Para más señales, le cuento que fui el primero en conseguir el video completo del partido entre Chile y Yugoslavia del Mundial de 1962. El mismo que fue exhibido en la ANFP con la asistencia de la gran mayoría del plantel que jugó ese Mundial, además de invitados especiales como Bernardo Bello y Manuel Colo Colo Muñoz. El mismo fue pedido por la familia de Fernando Riera para que su padre, muy enfermo entonces y que murió pocos meses después, pudiera tener un pequeño reencuentro con su momento más luminoso. El año 2010 hicimos otra exhibición en el Mall Florida Center, mostrando los partidos completos de Chile-Yugoslavia (1962), Chile-Corea del Norte (1966) y Chile-RDA (1974). Todos se mi colección personal, mucho antes de que fueran subidos a youtube. Finalmente le cuento que escribí el prólogo del libro sobre el Mundial de 1962, Tómala, métete, remata de Luis Urrutia O’Nell.”

TAGS: Fútbol

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Juan Cristóbal Guarello

01 de Julio

Señor Ríos
Lamento que su impulsividad le haya impedido escuchar el comentario completo. Porque en la transmisión me referí claramente al período de Luis Santibáñez y Orlando Aravena, dando los nombres de ambos técnicos. Meter a la selección de 1962 o al Ballet Azul, que quedaban claramente fuera del período, no aplica por ninguna parte. Fuera de tiesto. Le quiero recordar que Alfredo Asfura debió pedirle perdón a los dirigentes de la federación inglesa tras el bochornoso partido que hizo Chile en Wembley en 1989, donde utilizó la misma táctica nefasta de los paraguayos.
Para más señales, le cuento que fui el primero en conseguir el video completo del partido entre Chile y Yugoslavia del Mundial de 1962. El mismo que fue exhibido en la ANFP con la asistencia de la gran mayoría del plantel que jugó ese Mundial, además de invitados especiales como Bernardo Bello y Manuel Colo Colo Muñoz. El mismo fue pedido por la familia de Fernando Riera para que su padre, muy enfermo entonces y que murió pocos meses después, pudiera tener un pequeño reencuentro con su momento más luminoso. El año 2010 hicimos otra exhibición en el Mall Florida Center, mostrando los partidos completos de Chile-Yugoslavia (1962), Chile-Corea del Norte (1966) y Chile-RDA (1974). Todos se mi colección personal, mucho antes de que fueran subidos a youtube. Finalmente le cuento que escribí el prólogo del libro sobre el Mundial de 1962, Tómala, métete, remata de Luis Urrutia O’Nell.

01 de Julio

Señor Guarello
Usted como profesional de las comunicaciones sabe muy bien que, al revés de la información escrita, en la que uno puede regresar páginas para recuperar un dato, en las alocuciones televisivas no hay vuelta atrás. Además, el telespectador puede tener un comportamiento de nómade al interior de su hogar (abandonar el televisor de vez en cuando) mientras ve un espectáculo; y por no oírlo todo, perderse detalles que, como en este caso, son extremadamente relevantes. Por esa sencilla razón me he quedado sin escuchar su referencia a Santibáñez y Aravena, por lo que le ruego que lo tenga en consideración. Tal vez me dejé llevar por mi impulsividad, pero ese fue el resultado de la idea que usted mismo dejó flotando entre los telespectadores. Le puedo asegurar que, si 100 mil viejos como yo, solo escucharon lo que yo mismo escuché en un tramo de largos minutos, la reflexión de ellos probablemente habría sido la misma. Tal vez un recordatorio final ad hoc, atendida la naturaleza del medio que prohijó este debate, habría ayudado. Aliviado, lo saluda a usted un hincha del fútbol.

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