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#TuConstitución: Una Constitución que sea nuestra

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Desde la vuelta a la democracia, la actual Constitución ha sido reformada extensamente por nuestros representantes en el Congreso.  En distintas etapas y gracias a un notable esfuerzo, se logró fortalecer el deber estatal de protección de los derechos fundamentales, garantizar el pluralismo político, consagrar la igualdad entre hombres y mujeres, eliminar censura cinematográfica, garantizar la educación media gratuita,  eliminar los senadores designados y vitalicios, terminar con la inamovilidad de los comandantes en jefe de las fuerzas armadas, facilitar la participación política de los jóvenes mediante la inscripción automática en los registros electorales, reconocer derecho a sufragio de los chilenos en el extranjero, entre otras importantes reformas.  En algún minuto pensamos que con la reforma de 2005 la Constitución podía empezar a funcionar como nuestro pacto social y que el gran desafío pendiente era cambiar el sistema binominal para sanear nuestra institucionalidad democrática.


Me parece que detrás del deseo de un proceso constituyente, se expresa la necesidad ciudadana de manifestar simbólicamente que somos una sociedad diversa y que eso nos parece valioso, que ansiamos dialogar para indagar en qué consiste esa diversidad, que nos gustaría hacer el ejercicio de ir articulando cuál es nuestra nueva identidad común aún difusa y pensar en conjunto qué reglas fundamentales nos acomodan para el nuevo tipo de comunidad plural que formamos.

Hoy celebramos el fin del binominal. Por fin contaremos con un Congreso que reflejará más fielmente la voluntad de la ciudadanía y permitirá que ésta se transforme en leyes.

En este escenario, se podría pensar en esperar la renovación total del Congreso bajo el nuevo sistema electoral y confiarle a nuestros futuros representantes la tarea de reformar la Constitución.  Esas futuras reformas constitucionales no serían producto del “consenso tramposo” que imponía el binominal, sino que del consenso propio de los quórum más altos que normalmente se estiman legítimos para las reformas constitucionales.

Es cierto que falta mucho tiempo para la renovación total de ambas cámaras, pero planteo este escenario hipotético sólo para hacernos la pregunta de si una reforma en esas circunstancias lograría lo que hasta ahora ha sido imposible: hacernos sentir a todos y todas que la Constitución que tenemos es “nuestra” Constitución. Si el camino de las reformas, por profundas que sean y habiendo solucionado el tema de la representatividad de quienes las acuerdan, siguiera pareciéndonos insatisfactorio, significaría que la discusión sobre el proceso constituyente incluye también un anhelo de participación y reconocimiento sobre el que me gustaría reflexionar.

La experiencia traumática de la dictadura, las profundas transformaciones económicas y de modos de vida que hemos experimentado en las últimas décadas, los cambios en las formas de convivencia que ambos fenómenos implicaron, unidos a una mayor conciencia de las identidades étnicas, de género y de las injusticias de la discriminación, nos han transformado.

Me parece que detrás del deseo de un proceso constituyente, se expresa la necesidad ciudadana de manifestar simbólicamente que somos una sociedad diversa y que eso nos parece valioso, que ansiamos dialogar para indagar en qué consiste esa diversidad, que nos gustaría hacer el ejercicio de ir articulando cuál es nuestra nueva identidad común aún difusa y pensar en conjunto qué reglas fundamentales nos acomodan para el nuevo tipo de comunidad plural que formamos.

Es revelador que las dos críticas más recurrentes que se hacen a quienes promueven una asamblea constituyente sean, en cierto modo, contradictorias.  Se dice, por una parte, que los convocantes sólo se han dedicado a discutir sobre el proceso de reforma, sin proponer contenidos.  Pero también se acusa que se busca imponer por medio de una asamblea constituyente una agenda ideológica de izquierda que sería excluyente de otras posiciones políticas.   Lo primero sería irresponsable y lo segundo atentaría contra la idea de que una Constitución debiera representarnos a todos.

Lo que me parece revelador es que tanto la eventual inhibición de unos respecto de la proposición de contenidos que esperan sean frutos de la expresión de la ciudadanía, como el miedo de otros de ser pasados a llevar en un proceso constituyente que ocurra fuera del congreso, es que ambos fenómenos –en su mejor interpretación- pueden mostrar una conciencia compartida sobre el valor de la diversidad y la necesaria expresión de la diferencia que debe darse en el proceso de elaboración de una nueva constitución.

Para que el proceso constituyente cumpla con las expectativas, se va a necesitar mucha introspección personal y colectiva, que permita después expresar nuestras distintas visiones de sociedad.  También deberemos aprender a ejercitar el diálogo respetuoso, ese que dedica tiempo para comprender a  quienes tienen una experiencia del mundo que nos es ajena.  Curiosidad, respeto y valoración de la diversidad de formas de vida y miradas, primero.  Diálogo y construcción creativa, después.

Esta iniciativa de participación ciudadana a las que estamos invitados/as se enmarca en esa línea.  Como profesora de Derecho, me entusiasma el desafío de abrir la mente,  echar a andar la imaginación y pensar colectivamente con personas de otros ámbitos y experiencias, cómo asegurar una correcta estructura del Estado, fortalecer la participación política y garantizar el respeto de los derechos fundamentales. Cómo lograr que la Constitución de Chile sea “nuestra” Constitución.

TAGS: #NuevaConstitución Constitución TuConstitución

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24 de marzo

Señora Veronica, tengo gran aprehensión respecto a una Asamblea Constituyente por simple sentido común: Si una persona o un grupo de ellas tiene una constitución alternativa que considera mejor que la actual ¿Por qué no la propone directamente? si la ciudadanía la prefiere se reemplaza y listo eso es democracia , el resto lo veo turbio:

Quienes aprobarían una asamblea? Los descontentos con la constitución actual?
Ejemplo: A usted no le gusta la constitución actual porque no dice que las FFAA no pueden intervenir jamás, por eso quiere la asamblea, y a mi tampoco me gusta la constitución porque tampoco especifica que las FFAA sean garantes de toda la institucionalidad. Por lo tanto voy también por la asamblea ¿ no es absurdo ? El único propósito de algo tan absurdo es dejar que la asamblea lo resuelva y no nosotros, o sea la AC solo sirve para dar por aprobada una constitución sin que la ciudadanía la lea siquiera.

Probablemente en un pais que parte de cero y carente de toda institucionalidad no queda otra que constituirse por una asamblea. Puede ser. Pero buscar aprobación ciudadana para una Asamblea Constituyente en el Chile de hoy es una simple cuchufleta para dar por aprobada una constitución sin que nadie la lea y algo tan turbio traerá mas problemas que soluciones.

EL que tenga una constitución mejor, en el sentido que con ella lograremos mayor consenso, estabilidad y la gobernabilidad que necesitamos para desarrollar el pais, entonces que la publique de una vez para que podamos aprobarla, ¡¡pero por favor despues de leer!!.

Saludos –

hernan

25 de marzo

es una de las tantas tretas para que los ignorantes créan que los políticos cambiaran las cosas, mientras no cambien ellos su actitud de mafiosos y seguidores de intereses económicos seguira este país hacia el despeñadero

solopol

25 de marzo

Estoy de acuerdo con una nueva constitución y una asamblea constituyente. Para que el país se despolitice, se descafeíne y haya espacio para quedar bien con todo el mundo. Estamos demasiado pesados, todo el día hablando de Pinocho, la verdad este país se tiene que poner más light…. no le hace bien a una nación de 16 millones de habitantes tener como unico norte a Pinocho, la UP, los conchenchos, los Chicago Boys… ordinarieces de tema, que me perdone Bertolt Brecht que vivio entre dos guerras mundiales, era judio y aleman, por tanto no podia escapar al tema, pero si un pais puede ir a la playa en vez de vivir entre bombas, mejor que vaya a la playa… ya da lata tanta tension intelectual y militar por nada, en un pais que debiera ser un paraiso da harta lata vivir pensando en conflictos y en guerras, es una wea de tontos perderse esto… lastima por nosotros que no sabemos donde estamos y queremos cagarnos la vida hablando de poder y dinero… todo el dia… derecha hablando de plata, sin poder disfrutar sus millones, esparciendo su amargura, e izquierda sin dejar de pensar en poder… ambos utilitaristas, cerrados de mente, egoistas, sin dejar espacio a nadie mas… se apoderan del debate publico y politico… y latean, esa es la verdad…. y todo quien piense distinto es un comunista o un neoliberal, segun se le mire… ya dejen vivir… estaria bueno… son demasiados siglos como el perro del hortelano.

Garibe Huaquin

27 de marzo

Totalmente de acuerdo, pero debemos presionar para que se elimine e “binominal en las elecciones”, pero sin triquiñuelas…

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