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Si vas para Chile: El embudo migratorio

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Hasta mediados del 2018, los trámites migratorios en Chile implicaban muchísimo tiempo, muchísima burocracia y la mejor gráfica eran las enormes y eternas filas de personas que se aglomeraban alrededor de las oficinas de Extranjería, la PDI y el Registro Civil.

Condiciones básicas no existían para quienes habían decidido venirse a Chile y buscar aquí un nuevo futuro, un país moderno, un país donde hay empleo, un país que funciona. En el fondo, una versión tercermundista de la tierra de las oportunidades. Las filas se hacían a la intemperie, con sol, con lluvia o con frío, en aceras de 80 centímetros donde había que compartir con coches de guaguas (bebés), bicicletas, carros para venta de agua y otros. Ni pensar en baños para quienes debían pasar mañanas enteras buscando avanzar un paso en su -largo y complejo- proceso de obtención de visa.


Los extranjeros que llegan a Chile buscando una nueva (y mejor) vida, pagan impuestos como todos y sin embargo no están recibiendo los servicios que el Estado debe (por obligación, por mandato), entregar. ¿Qué hacen los migrantes?, ¿dónde pueden reclamar?, ¿Quién puede poner el cascabel a este gato?

Hacia fines del 2018, todo cambió. Ahora ya no se precisaba concurrir a rodear por manzanas enteras las oficinas, ahora se modernizaba este proceso, ahora se obtendría hora a través de una plataforma por internet y cuando consigues “la cita” puedes dirigirte a extranjería y/o a la PDI.

Maravilloso, el país moderno, modernizaba el proceso migratorio y aprovecha de mostrar al resto del mundo que sabemos hacer bien las cosas. Maravilloso.

Dimensión de la demanda

Consideremos (como un dato útil) que el 2016 se solicitaron más de 174.000 visas y el 2017 esta cifra superó las 270.000 solicitudes. Este inmenso flujo terminó por colapsar el sistema y el aparato del Estado simplemente no logró responder a esta fuerte presión.

Con este colapso en la mira, las (nuevas) autoridades se propusieron atacar el problema, buscando solucionar sus principales cuellos de botella. Es así como ya en tercer trimestre del 2018 aparece un nuevo modelo de “solicitud de citas” a través de internet. Ya no hay que ir a hacer la fila a extranjería, ahora se debe conectar a la plataforma. Si agregamos un 10% de crecimiento al flujo para el año 2017 y 2018, podemos estimar que este año (2019) la cifra de migrantes superará las 325.000 personas, es decir, un promedio de 27.000 personas por mes, promedio de 1.230 personas por día. La plataforma de extranjería establece seis horas de atención diarias y por hora se otorgan 4 citas, es decir, 24 citas diarias. De lunes a viernes, se pueden verificar un total de 120 citas semanales, exactamente, 480 citas mensuales. 480 citas mensuales para una demanda de más de 27.000 personas.  A este ritmo, van quedando rezagadas una cifra no inferior a las 26.000 personas mensuales; veintiseis mil personas por mes quedan sin poder avanzar en su trámite.

El perro corriendo tras su cola

La segunda paradoja (casi una vergüenza), es que después de haber transitado por el desierto y lograr conseguir la ansiada “resolución de permanencia definitiva”, se debe concurrir desde extranjería a la PDI para obtener otro certificado, llamado “registro de permanencia definitiva” y con ese “registro” concurrir al registro civil para la obtención del RUT. Para conseguir este certificado (PDI) se debe “obtener cita” por internet. Nuevamente un segundo parto, casi imposible, un cuello de botella que no tiene solución. 24 citas diarias, prácticamente imposible. Dicho sea de paso, este “registro” en la PDI no tiene ninguna relevancia para efectos del proceso ya que es solo un registro que podría hacerse automáticamente, pero, los “sistemas no conversan”, entonces ya que no se puede resolver por la vía tecnológica, se obliga al ciudadano a realizar presencialmente otro trámite inconducente.

¿Incapacidad o negocio?

Extranjería asigna un plazo de 30 días para obtener el certificado de la PDI (plazo autoasignado). Si usted no logra la suerte de obtener cita por internet (480 sobre 27.000), entonces el plazo vencerá y si el plazo vence, deberá volver a extranjería para extender el plazo y pagar una multa…si escuchó bien, extranjería le asigna un plazo absurdo de cumplir dados sus propios sistemas y al no cumplirse le cobra una multa. El lector podrá imaginar y sacar sus conclusiones. La propia ineficiencia del Estado debe ser subsidiada y pagada por el ciudadano, increíble. ¿Será una estrategia burda para recoger dinero de los migrantes?

Reflexiones finales

¿Qué tipo de Política Pública es esta que sólo logra esconder las filas, alejándolas de la calle y guardándolas en algún lugar del espacio virtual?

¿Qué está pasando con el aparato del Estado en nuestro país, que ha crecido al doble en dotación en los últimos 10 años, pero que es incapaz de prestar los servicios que la población requiere?

¿En qué están las autoridades Políticas de Chile que no han sido capaces de hacer los diseños oportunos, eficaces y pertinentes para -realmente- resolver estos problemas?

Los extranjeros que llegan a Chile buscando una nueva (y mejor) vida, pagan impuestos como todos y sin embargo no están recibiendo los servicios que el Estado debe (por obligación, por mandato), entregar. ¿Qué hacen los migrantes?, ¿dónde pueden reclamar?, ¿Quién puede poner el cascabel a este gato?

Como chileno siento vergüenza de toda esta situación y exijo de las autoridades del Estado respuestas a la altura de las circunstancias, basta ya de hacer las cosas sin ningún respeto por las personas. Chile es mejor que eso.

TAGS: #ChileActual #Migrantes

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Comentarios

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02 de Abril

El pagar impuestos no tiene absolutamente nada que ver con los derechos de las personas.

Son extranjeros, los extranjeros por esa sola condicion no pueden tener la misma atencion que un nacional. Porque el Estado nada puede exigirle a un extranjero mas que lo mínimo, y viceversa, y dentro de ese minimo estan ciertos impuestos (ni siquiera toda la carga que nos caen a los nacionales). Eso es valido para un extranjero en Chile, como para ud si sale fuera. Ud no puede ir a Buenos Aires a exigirle al Estado argentino que le de cosas porque ud paga el IVA. No tiene nada que ver una cosa con la otra.

Ud mismo pone el punto del problema: “este año (2019) la cifra de migrantes superará las 325.000 personas”. Chile no tiene capacidad para soportar a una población que excede la de muchas ciudades de nuestro país. Porque donde ud ve 325.000 personas, yo veo “Valparaiso” o “Antofagasta”. Es imposible que un Estado asuma responsabilidades con más de 300.000 personas que caen de golpe en su territorio. Eso es lo que genero el problema, no la ineficiencia del Estado de Chile

Juan M

03 de Abril

No sé quien les dijo que Chile era un pais acogedor, nunca lo ha sido, recordemos la historia de nuestro pais, los conquistadores españoles mordieron el polvo de la derrota ante otro pueblo que tampoco la encontró facil, los mapuches; los chilenos somos descendientes de militares del perraje pobres y rechazados de Europa y de sacrificados araucanos. Los pocos extranjeros que tuvieron la valentia de venir a Chile eran los que no tenian nada que perder y si mucho que ganar: judios, arabes, gitanos, yugoslavos, alemanes, italianos, polacos, chinos, etc, que llegaron con una mano adelante y otra atras, que estaban dispuestos a pescar la pala y la picota para labrarse un futuro. La tierra chilena no es generosa, es una madre terrible, cada cierto tiempo muestra su furia a traves de sus volcanes, terremotos, aluviones, maremotos, sequias, suicidios.
Creo que nadie se acuerda de los 50 yugoslavos que vinieron casi a fines de la decada de los 90, cuando vieron lo que realmente era Chile, salieron arrancando. Asi que amigos extranjeros, ¿quieren venir a Chile?, no vengan, Chile es, robandole la frase que hizo celebre a Winston Churchill, un pais donde para sobrevivir y lograr un futuro solo les ofrece sangre, sudor y lagrimas. Somos un pais frio, desconfiados, chaqueteros, pero es nuestro pais y asi la queremos, aunque nos duela……..

03 de Abril

Juan M

No, no es tan así

Judios, arabes, gitanos, alemanes, italianos, polacos, chinos, y españoles encontraron un país donde podían vivir, cuando los suyos fueron insostenibles. Pero vinieron agradecidos de poder estar aquí, no llegaron exigiendo cosas.

Eso fue todo lo contrario de lo que paso con los 50 yugoslavos que vinieron en los 90s. Se quejaron de las casas, se quejaron del trato, se quejaron de todo. Nada les parecio bueno, asi que fueron regresados a su pais. Ni siquiera la misma comunidad yugoslava ya existente en Chile entendio qué pretendian, lo mismo que ha pasado con los sirios que han llegado ultimamente, y que tambien vuelta con las quejas que ni siquiera los antiguos residentes sirios les toleran.

Chile es un pais duro para vivir, pero no mas que otros. Vivi en España, los problemas que tiene una persona ahi no difieren tanto de los de un chileno. Si un extranjero esta dispuesto a trabajar tan duro como lo hace un chileno, claro que se le apoya y se le trata de igual a igual. El problema es el zangano quejica que cree que le debemos cosas porque “vino a trabajar”. Pues que lo pruebe con los hechos!!!

11 de Abril

Es un problema que nos va a complicar, según las últimas cifras son cerca de un millón cien mil personas los inmigrantes, una ola gigantesca. El caso de aquellos/as que escapan de la tiranía en Venezuela se puede comprender, es un drama humano que esperemos se solucione, pero el resto es difícil de comprender, alguien o algo marcó en su agenda este país y comenzó una operación terrible, somos tan pequeño y tan despistados que el fenómeno nos tomó por sorpresa, o con algún grado de complicidad, no lo sabemos, lo que si sabemos es que esto se pondrá feo. Es cierto que hay involucrados derechos humanos en la inmigración, huir de guerras, hambrunas, estados fallidos, etc, pero a la luz de los eventos, creo que “alguien” o “algo” nos cargó la mano.

Pablo Correa

15 de Abril

Estimado columnista: tras leer sus reflexiones, solo me queda sugerirle que se guarde su innecesaria vergüenza por toda la burocracia que el estado impone a los extranjeros, ya que ésta es bastante menor a la que nos imponen otros Estados para ir a vivir en ellos. Sin ir más lejos, Canadá, Japón, Estados Unidos, Australia, exigen a todo aquél que quiera vivir en sus tierras en forma permanente, que tramiten sus respectivos permisos en el país de origen y que una vez concedido, lleguen con dinero SUFICIENTE para instalarse y automantenerse al menos seis meses y así ahorrarse estas largas filas. Yo -sin ser votante de la derecha- creo este gobierno ha sido al menos un poco más eficiente que el anterior en ordenar un proceso que se le fue de las manos a las autoridades previas simplemente por vender eslóganes: entienda usted que las fronteras existen por algo y que usted como nacional de un Estado, no puede ir a exigirle a otro lo que no obtiene en el propio. Más vergüenza deberían darle las filas en los hospitales públicos, los altos costos de las propiedades por exceso de demanda y los bajos sueldos del mercado (por exceso de oferta). Todas esas lindezas, las debemos a la absurda política de “puertas abiertas” que vendieron los gobiernos socialdemócratas que tanto decían preocuparse por nosotros los chilenos. Yo en su lugar, gastaría mi tiempo y energía en aconsejar a todo el vecindario que se quede en su país de origen y ayuden a levantarlo en vez de venir a Chile.

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