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3 mitos de la nueva inmigración en Chile

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Chile, en los últimos años, ha aumentado de manera sostenida el porcentaje de inmigrantes e incluso, desde el 2010 a la fecha, las cifras se han multiplicado en más de un 200% en algunos colectivos. Por ello urge actualizar la ley de extranjería y facilitar una mejor y más rápida integración de estos nuevos ciudadanos en la sociedad chilena, y así evitar posibles dificultades en términos de relaciones humanas, laborales, salud pública, etc. El objetivo, entonces, se traduce en potenciar una mejor integración.

Es decir, comprender la inmigración como una oportunidad de desarrollo más que como un problema.

Es relativamente común que, en los nuevos países receptores de extranjeros, la población entienda la inmigración como un fenómeno negativo o de rechazo. Lo anterior, genera rápidamente tensiones improductivas entre los propios núcleos inmigrantes y las comunidades locales. La ciudad de Antofagasta vivió una de las primeras manifestaciones públicas de rechazo hacia la comunidad colombiana, y aunque la protesta fue de escaso apoyo ciudadano, es necesario prevenir dichos actos.

En este sentido, es preciso derribar ciertos mitos. Sólo destacaré tres.

El primero se refiere a que “los extranjeros son demasiados, ya que Chile es un país atractivo”: sólo el 2,5% de la población son inmigrantes (el promedio mundial es 3,1 y en los países desarrollados es en torno al 10% o más). Además, por cada persona que ingresa a Chile, dos chilenos ya han emigrado.

Segundo mito: “los inmigrantes que llegan son de bajo nivel educativo”. Si tomamos como ejemplo a los peruanos, el 77% tienen 10 o más años de estudios. En cambio, ciudadanos chilenos con 10 o más años de educación sólo llega al 50%. Asimismo, los inmigrantes en general desarrollan trabajos menos calificados respecto a su formación.

El tercer mito más difundido es que “son responsables en el aumento de la delincuencia”: según los datos de carabineros los delitos asociados a inmigrantes no alcanza al 1%. En definitiva, y como señala el especialista Álvaro Bellolio, el inmigrante que llega a nuestras tierras no es de pobreza extrema. Al contrario.

Veamos algunas cifras sobre la actual inmigración en Chile.

En agosto pasado, el Subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, señaló que la tasa de crecimiento de inmigrantes entre el 2006 y el 2014 fue del 78,5%. Especificó que de los 440.000 inmigrantes que viven en el país, el 70% son latinoamericanos (entre peruanos y argentinos superan el 50%). Detalló que las tasas de crecimiento más notorias corresponden a los colombianos con un 245%, los peruanos 186% y los bolivianos 153%. Un dato no menor, es que un 20% de los inmigrantes tiene menos de 18 años. La capital acumula un 64% de extranjeros, seguida de Antofagasta y Tarapacá en torno a un 7% cada una.

Como vemos, las cifras demandan una política de integración moderna, eficaz y, por sobre todo, permanente. Esto último es necesario, ya que como reconoce el mismo Gobierno, la inmigración seguirá creciendo y los núcleos familiares comienzan a estructurarse. Es necesario que a los inmigrantes se les faciliten los permisos de residencia y trabajo, y a la vez éstos cumplan con los deberes que la legislación les exige. Es pertinente que los colectivos tengan acceso a los programas de vivienda, salud o educación, ya que si bien aumenta la demanda de estos servicios también obtenemos más capital humano para, justamente, formar y producir esos mismos servicios. Es decir, comprender la inmigración como una oportunidad de desarrollo más que como un problema. Los inmigrantes en si, son emprendedores natos: el sólo hecho de viajar para emprender un nuevo proyecto de vida representa un valor intrínseco.

La actual ley de extranjería fue escrita en 1975, bajo un contexto que favorecía una política restrictiva. Al Estado chileno de nada le sirve contar con una masa potencial de trabajadores extranjeros segregados, cesantes o niños con derechos limitados, ya que se transforman a largo plazo en una carga para el propio país y en fuente de permisible conflicto con el entorno (entiéndase barrios, convivencia en los espacios públicos, demanda en hospitales). Además, como hemos visto por la prensa, en algunos casos los nuevos inmigrantes en situación de vulnerabilidad son requeridos por empresarios inescrupulosos para desarrollar trabajos altamente precarios.

Es de esperar que el renovado proyecto de ley de Extranjería e Inmigración -que descansa en el Congreso chileno- sea aprobado a la brevedad en una modalidad más bien abierta (y no altamente selectiva). Esto último será seguramente tema de debate, pero independiente de ello, es necesario fijar nuevas reglas, derechos y deberes. Se hace urgente diseñar políticas públicas (escuelas integradas, espacios de encuentro, actividades culturales y deportivas mixtas, redes de apoyos desde el gobierno regional, homologación de títulos profesionales, etc.) acorde al fenómeno y así transformarlo en una oportunidad. Innovar en este sentido, puede convertir a  Chile, en el mediano plazo, en un referente regional.

TAGS: Inmigrantes

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04 de Diciembre

Queda claro que resulta equivocado justificar la necesidad de restringir la inmigración con el agumento de que parte importante de los inmigrantes resultan ser delincuentes, sin embargo la razón por la cual la inmigración debiera ser mucho mas acotada y restringida de lo que actualmente es en Chile, radica en su efecto destructivo de ingresos para los chilenos mas vulnerables y esto último es lo que efectivamente genera mas delincuencia.
Nadie podría negar que cuando la mano de obra sobra, los sueldos bajan y cuando la mano de obra escasea los sueldos suben, por lo que la inmigración de personas no calificadas agrava el peor problema que tiene Chile, esto es la inequidad en la distribución de su riqueza.

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