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Sueños de igualdad y salario mínimo

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Cuando era un niño  pensaba que las profesiones eran solo parte de un deseo, como si tan solo deseando ser algún profesional uno lo podría ser, por elección a partir de un deseo, es decir, cuando te preguntaban “¿Qué quieres ser cuándo grande?” muchos decían médicos, ingenieros y abogados, los menos, decían bombero o artista, en fin, el mundo estaba lleno de oportunidades y ¿Para qué preocuparse si más adelante todo sería distinto post independencia del yugo opresor de los padres? Que dicho sea de paso tenían más reglas que el código tributario, pero sin la rigidez que plantea el espíritu del mismo.


El salario mínimo es una expresión social que define y encarna los parámetros fundamentales con los que hoy se hacen las políticas públicas en Chile, mientras menos justicia exista en la asignación de recursos menor será la redistribución.

Al ir creciendo, pasé de un sistema de Educación primario al secundario ¿Y luego qué? ¡Exacto! La incertidumbre para muchos aparece de frente y el tiempo te presiona, como si siempre hubiésemos sabido que teníamos que tomar decisiones trascendentales, pero en la fantasía de la adolescencia, en donde todos teníamos los problemas más grandes del mundo y de casi nula solución. Yo quería que esto fuese instantáneo y no lo era. Quizás iba a decidir algo que jamás podría concretar, pues ya otros habían pensado por mí y pensaron en qué alternativas tendría llegada la hora, para hacerme creer que yo y solo yo decidía por mí.  Es una ilusión, es una mentira, sin embargo parte de esta mentira fue causada por la desinformación y las diferencias brutales de información disponible que teníamos desde niños, que fuerte es ver un país que es desigual desde sus ingresos, sistema de transporte, cañerías para el agua, los postes de la luz, la ubicación geográfica dentro de la ciudad en donde ubicarán tu casa, la comida, la ropa, las colas de los bancos, supermercados, colegios, universidades, hospitales, consultorios, clínicas y farmacias. Chile es desigual y no es algo malo per sé, no obstante los niveles de Desigualdad pueden, en ciertos casos, ser excesivos y nocivos para la vida en sociedad.

Comencé con la epifanía de la infancia centrados en la educación y luego derivamos a la desigualdad, estos dos elementos están muy presentes y muy de la mano con el Mercado del Trabajo, pues el mercado del trabajo explica fuertemente la desigualdad y éste mercado es explicado por la educación, existe una relación positiva entre más educación tenga el individuo, potencialmente tendrá un mayor salario respecto al que estudió menos años. Se forma un círculo que debiese ser virtuoso  que lamentablemente no lo es y no lo va a ser a menos que se tomen cartas en el asunto. Dicho lo anterior, existe un cohorte importante que, en rigor, no es tan desigual y que es el de las personas que se encuentran entre el percentil 15 y 60 de ingresos, de los cuales, muchos reciben el llamado “salario mínimo”, el cuál, a todas luces, para una jefatura de hogar de 4 personas los deja bajo la línea de la pobreza y condenados a una vida precaria en condiciones críticas, muchos cuando leen esto piensan que eso no existe y que es un invento, pero efectivamente existe y es real.

Hoy soy partidario de dos cosas, dos elementos ausentes que debiesen estar en la agenda pública y transformarse en política permanente, hoy vengo a defender a un grupo que prácticamente no tiene voz en Chile, pues ha sido callada por la corrupción y el conformismo. El estado en su rol de prudencia ha olvidado a un grupo significativo, “el hilo se corta por lo más delgado”, así dicen algunos y del mito a la realidad pareciera no existir diferencia. En cada aumento o discusión del cambio del salario mínimo los parlamentarios esgrimen que un aumento explosivo podría marcar la mayor crisis vivida en el país y remontan historias golpistas con banderas de “cuidado”, “prudencia”, “calma”, entre otros murmullos. La gente no le teme a la “izquierda”, le teme a la “derecha” cuando ésta se enoja.

En resumen, la definición de las barreras de salario mínimo, salario ético, líneas de pobreza e indigencia deben ser incorporados en una política pública que permita realmente acabar con la situación de angustia que viven las actuales familias en Chile, una política pública integral que permita establecer o demarcar una estrategia clara para erradicar la pobreza en términos reales y no oníricos.

Dicho lo anterior, los elementos deben ser, en primer lugar, un subsidio pro PYME, dado a que en la actualidad ésta es la que provee de mayor número de empleo y además es la que paga menores salarios, de manera tal que exista un aumento real de salarios y éstos no sean directamente transferidos al precio de venta de los bienes y servicios, que es lo que realmente pasa hoy, ese mecanismo debe ser trabajado en conjunto con el servicio de impuestos internos para fijar el método más eficiente de asignación. El segundo punto, o propuesta, es establecer una tasa de variación diferenciada, previo a la especificación de grupos o sectores industriales de la economía nacional. A modo de ejemplo, si el retail creció un 10% real (incluyendo IPC) el incremento de salarios debiese ser del 10% y por último, como un mecanismo que permita apuntar hacia la igualdad el reajuste de salarios debiese ser regresivo partiendo de dicha base, es decir, a menor salario mayor porcentaje de ajuste.

Básicamente planteo lo anterior porque el debate debe comenzar y también debemos hacernos cargo de la Desigualdad a través de la Educación y el Mercado del Trabajo, que derivaran en mejor calidad de vida y seguridad social.

Anexo 1: Reajuste Salario Mínimo desde 2006 A 2018.

 

Año
May. de 18 años y hasta 65 años de edad
May. de 65 años y men. de 18 años de edad
Fines no remuneracionales
Variación
2006  $           135,000  $           101,491  $             87,697
2007  $           144,000  $           107,509  $             92,897 6.67%
2008  $           145,000  $           118,690  $           102,558 0.69%
2008  $           159,000  $           118,690  $           102,558 9.66%
2009  $           165,000  $           123,176  $           106,435 3.77%
2010  $           172,000  $           128,402  $           110,950 4.24%
2011  $           182,000  $           135,867  $           117,401 5.81%
2012  $           193,000  $           144,079  $           124,497 6.04%
2013  $           210,000  $           156,770  $           135,463 8.81%
2014  $           225,000  $           167,968  $           145,139 7.14%
2015  $           241,000  $           179,912  $           155,460 7.11%
2016  $           250,000  $           186,631  $           161,265 3.73%
2016  $           257,500  $           192,230  $           166,103 3.00%
2017  $           264,000  $           197,082  $           170,296 2.52%
2017  $           270,000  $           201,561  $           174,166 2.27%
2018  $           276,000  $           206,041  $           178,037 2.22%

Elaboración Propia a Partir de los datos del Ministerio de Economía.

 

Ciertamente el salario mínimo es un tema que trae consigo la controversia e instala nuevamente los resquemores de la desigualdad de ingresos en Chile, en donde el índice de Gini al 2016 es de un 51.9 %, lo que significa que existe una desigualdad tremenda tal y como ocurre en países del tercer mundo.

Por otra parte el salario mínimo es una expresión social que define y encarna los parámetros fundamentales con los que hoy se hacen las políticas públicas en Chile, mientras menos justicia exista en la asignación de recursos menor será la redistribución. El ingreso medio en Chile es mayor que el salario mínimo, en dónde el 53% de los chilenos gana menos de 300 mil pesos. Se estima que para el 2018 según el Anexo1 llegará a ser 276 mil pesos, lo que torna aún más críticas las vidas de las familias que coinciden con dicha realidad. Este mensaje es una invitación a estudiar estos temas y llamar a las autoridades de carácter representativo a tomar cartas en el asunto, pues estos datos son en términos promedios, lo que quiere decir que existe dispersión, lo que involucra que personas ganan más y menos que las cantidades antes mencionadas, además de no todas estar trabajando en el mercado laboral informal con una serie de atenuantes, no olvidemos que Chile es un país altamente concentrado poblacionalmente y no todos gozamos los beneficios del crecimiento económico. Queda una gran tarea por delante y un desafío gigantesco para erradicar la pobreza y avanzar en la desigualdad político, económica y territorial.

TAGS: #Desigualdad Salario Mínimo

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Comentarios

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Felipe

11 de julio

Muy interesante columna, ya que nos invita a reflexionar de la realidad en la cual crecimo y vivimos actualmente

12 de julio

Gracias Felipe, uno de los objetivos es comenzar a estructurar elementos claves para generar cada vez propuestas más integrales a los problemas que enfrenta la sociedad día a día. saludos y gracias por el comentario.

11 de julio

No estoy de acuerdo. Uno de los grandes problemas de porque hay pobreza es porque existe el concepto de asalariado: una persona que realiza una labor continua y recibe una remuneración por ello. Dado ello, quien define las características de esa labor, y por lo mismo esa remuneración, tiene mucho mas poder que el asalariado. Y, para compensar, aparece el Robin Hood-Estado, que promete “emparejar”, “igualar”, etc…algo que NO ES IGUALABLE, por naturaleza. Entonces se inventan sueldos mínimos, subsidios, etc. sin reparar en que las platas se mueven con otras lógicas y velocidades….desde el minuto que se aprobó un subsidio, puede ya estar desfasado del mundo, y lo que se hace es trancar el progreso.
La solución, ideal, es que cada uno fuera un proveedor, un empresario de su vida. Que entienda su valor y supiera estructurarlo, diferenciarlo, comercializarlo, etc. Claramente es una solución que requiere un nivel educacional alto, y es para una fase de desarrollo social mas avanzada. Una segunda opción, mas ad-hoc, es potenciar los gremios, y capturar valor de esa forma….y sería una forma un poco socialista que haría sentido (en contra del neoliberalismo), pero que debería tener sus incentivos a progresar como gremio y no a solo cuidarse entre ellos de la competencia. Como botón, en ciertos países, por ejemplo, uno no puede comprar un enchufe y cambiarlo; debe llamar a un técnico autorizado; por lo mismo no se venden enchufes libremente; y las compañías de seguro exigen eso.

12 de julio

Arturo, primero agradecer el comentario, luego, tratando de hacer un esfuerzo por entender lo que planteas, me parece que las causas de la pobreza son más profundas que el nacimiento del concepto asalariado, hay países que no son pobres y tienen asalariados, por otra parte la gracia de la diversidad es tolerar al otro, así es que es totalmente sano no estar de acuerdo. Posiblemente no me expliqué bien, pero la desigualdad es prácticamente un problema sin convergencia o solución real, sin embargo, (Y entendiendo que los problemas de fondo son estructurales) lo que se propone es una narrativa que te permita reencontrar con una realidad abrumadora y que si bien no existen soluciones totales, pueden plantearse planes contingentes que cubran la mayor cantidad de flancos posibles para poder avanzar, cumpliendo una serie de objetivos basado en un plan con múltiples estrategias, para evitar el famoso “Hecha la ley, hecha la trampa” Agradezco el comentario que es en rigor una opinión, dista de ser una crítica. Saludos cordiales.

11 de julio

El Salario Mínimo debiera ser una unidad de medida para fijar el sueldo de los empleados, por ejemplo; un diputado tendrá un sueldo de 15 Salarios Mínimos y un senador 20 Salarios Mínimos.

Lo otro, así como existe un Salario Mínimo y dado que los ingresos no pueden crecer al infinito, hay que fijar un Salario Máximo.

Y para terminar, ya tenemos un buen PIB, ahora es tiempo de dedicarse a mejorar nuestro Indice GINI

Que el gobierno se preocupe del índice GINI y no tanto del PIB

¿O es muy tonto lo que estoy diciendo?

Saludos

11 de julio

Estimado, ¿y quien fija los rangos?…y cuando alguien llegue al maximo, ¿por que se va a esforzar por mejorar en su labor, si no recibirá nada mas?..¿y si llega otro, que lo hace mucho mejor que ese que ya gana el maximo…?¿se le bajaría el sueldo al anterior, por el hecho de que no lo hace tan bien como el otro?…estandarizar los sueldos es muy sovietico, pretendiendo que existe una regla unica para todos….con el objetivo de que los menos productivos no se sientan menoscabados por la diferencia. Este tipo de soluciones ha derivado, en todas sus pruebas sociales, en una nivelación hacia abajo en la productividad de un pais, y el consiguiente poca competitividad como pais.
Saludos

12 de julio

Hola Fernando, comprendo el fondo y lo comparto, sin embargo el tema acá es claramente distinto. Faltó desarrollo en las ideas y claramente los efectos sobre la distribución son importantes, debemos solucionar de alguna forma la desigualdad, pero esto tiene dos tenores, uno de largo plazo y otro de corto plazo. El mercado del trabajo explica la desigualdad como un determinante casi perfecto, y a su vez el mercado laboral y la oferta son explicados o determinados por el género, el nivel educacional y la experiencia laboral, parece que existe una relación endógena entre estos determinantes, por lo que el planteamiento de los topes entre salarios mínimos y salarios máximos podrían incrementar excesos de oferta laboral o literalmente escasez. Sin embargo el salario mínimo cobra sentido cuando la “mano invisible” de la que hablaba Adam Smith no opera en este paraíso llamado “mercado”, pues quizás no todo responde a las lógicas del mercado. Por lo mismo acá debemos estar de acuerdo en algo, el capitalismo triunfó, nada que hacer, desde la individualidad, núcleos familiares, educación, salud, etc el que niega eso es porque no sabe donde está parado. la alternativa es elegir “qué capitalismo queremos” en fin, lo que planteo en la columna es una solución equidistante entre los agentes del mercado del trabajo incluyendo al estado, considerando que debe existir además de la pugna capital trabajo un tercer elemento y es calidad de vida.

12 de julio

Es cierto el Capitalismo triunfó, pero el costo es alto, uno de sus efectos indeseados es la desigualdad y la concentración de la riqueza en unos pocos y este no es un tema solo de Chile, que tiene el peor Índice GINI de la OCDE, es un problema a nivel global.

La globalización tuvo otro efecto negativo y es la destrucción de nuestra industria, los productos que vienen de China son mucho más barato que los producidos aquí y el mejor ejemplo es la industria del calzado con la empresa Bata. Y no podemos competir con China, ya que ellos para producir barato, esclavizan a sus ciudadanos y nosotros no podemos caer en lo mismo para ser más “competitivos”.

Sobre fijar topes máximos, esto debiera ser así ya que los recursos de nuestro planeta son finitos y los sueldos no pueden crecer al infinito, además la población es bastante grande para que exista el reemplazo, es decir, si alguien ya llegó al tope y se quiere ir, da igual, siempre tendremos “tiraje en la chimenea” y llegará alguien que lo haga igual o mejor.

Y sobre ser Socialista, debemos ser pragmáticos, es decir, quien gobierna debe buscar el beneficio de todos y evitar que algunos se aprovechen del resto, debe ver cuando conviene ser Capitalistas y cuando es mejor ser algo Socialista o Comunista. Hay que pararse arriba de la mesa y darse cuenta que las ideologías son simples herramientas, solo debemos aprender cuando utilizar una o la otra.

Saludos

12 de julio

Entonces si sabemos que las decisiones deben ser equidistantes entre todos los agentes involucrados es que se debe sofisticar la forma de hacer política, en el caso particular del salario mínimo u otro contingente, es eso “la contingencia”. Tenemos grandes problemas estructurales, normal en un país adolescente como lo es Chile que tiene poco más de 200 años, uno de ellos es nuestra matriz productiva que algunas llaman “la maldición de los recursos naturales” (A propósito, te recomiendo el libro el el billón de abajo de Paul Collier, o Bottom Billion si no lo encuentras en español. Ahí habla de una forma bastante innovadora de la maldición de los recursos naturales, simplemente brillante.), siguiendo con lo que te mencionaba, existen problemas estructurales y esto que planteo en la presente columna es una salida eficiente que es capaz de hacer frente a la contingencia, sin embargo en sí misma es una condición necesaria, pero no suficiente.

12 de julio

Interesante articulo y muy bien atendido por el autor quien se dá la paciencia de leer y responder en extenso los comentarios. Yo creo que el equipo deberia facultarnos a calificar artículos y autores separadamente. En este caso seria nota máxima ambos.

La intención de tener un salario mínimo que permita un bienestar digno es aplaudible, muy loable. Pero la “conciencia social” colectiva es bastante poco reflexiva y nuestros ilustres políticos sabemos que les importa un pepino la honestidad.

No hay que olvidar que con un salario mínimo de 276.00 significa que estamos dejando en la calle a muchos que están dispuestos a trabajar por menos porque no pueden ser contratados y eso también debería estar incorporado en la “conciencia social”.

Tambien hay estudios que muestran que después en cada alza del salario mínimo en poco tiempo el costo de la vida aumenta en porcentaje mayor ( no se saca nada con ganar el doble si las cosas van a costar el triple). Recordemos la porfiada regla de oferta-demanda: si toda la gente tiene mas dinero de todo lo que se produce los precios suben hasta encontrar el punto de equilibrio. Todo esfuerzo en que la gente gane mas dinero sin que se produzcan mas bienes y servicios siempre han sido y serán estériles. No se saca nada con ganar mas si no se produce mas, decir lo contrario es demagogia. Eso también debería ser parte de la “conciencia colectiva”.

Y felicito de nuevo al autor.

Saludos cordiales

12 de julio

Estimado José Luis, gracias por los comentarios, la verdad es que me halagas. Por otro lado recogiendo lo que planteas, me parece muy acertado el comentario y en sí considero que existe una crítica implícita, pues te haces cargo de variables relevantes como por ejemplo la evolución de la productividad y de los efectos nocivos de los aumentos explosivos de los salarios en la inflación, de los cuales yo no me hago cargo completamente. Por lo mismo si bien menciono en líneas muy particulares al lector puede que no le quede completamente claro. Reitero el agradecimiento por detener el tiempo, leer esta columna y además comentar, dado a que este comentario lo consideraría como un complemento. Saludos cordiales.

Servallas

13 de julio

Primero agradecer por el artículo y por las respuestas que posteas, cansa eso de que muchos autores tiran sus artículos y nunca más leen lo que otros comentan, triste porque pontifican. En lo esencial hay en este problema una conformante cultural que es muy arraigada, es difícil, compleja y es alimentada por el clientelismo que practican los políticos, se trata del estado de confort de ser pobre. Muchas personas tienen oportunidades de salir, de cambiar, de arriesgar, de ser autosuficientes al menos, pero no dan el paso, y lo peor, se lo transmiten a sus hijos, en esencia la cultura de ser pobre genera medioambientes que te brindan certezas, te acunan y sobre todo te brindan la sensación de pertenencia, la idea de tu mundo y sus luchas, luchas que le dan sentido a la vida aunque sólo sean en realidad, planes y programas de grupos interesados, entonces ¿para qué salir?.

13 de julio

Claro, el apoyo electoral de hoy está íntimamente relacionado con estos pseudo favores o marketing político y todas las derivadas generada en proyectos de contingencia que atienden a demandas de corto plazo, que además alimentan el conformismo. El clientelismo como bien señalas ha sido un elemento que incrementa lo señalado anteriormente, por lo que la estrategia que maximiza el potencial beneficio de la comunidad es que la contingencia se relacione y ofrezca caminos o alternativas para iniciar cambios estructurales, pues estos últimos son los que tiene nuestro hermoso país ganador de copas.

roberto argandoña léniz

25 de septiembre

La política de fijar un salario mínimo obligatorio para todas las empresas es una medida populista. Es cierto, crea la ilusión de ir en la dirección correcta, respecto de la desigualdad. También hace creer que los pobres serán más ricos con ello. Pero eso no es verdad pues afecta el empleo hacia abajo.
Y la diferencia entre ricos y pobres, proviene principalmente de la cantidad de personas por hogar que tienen un trabajo remunerado.
Los países ricos, como Finlandia, Austria y Alemania son serios y no aplican esa política.
Estos tres países, junto a Dinamarca, Suiza, Noruega y Suecia, son 7 de los 10 con menor desigualdad del mundo, sus políticos no le mienten al electorado para ganar votos y ninguno tiene salario mínimo.

25 de septiembre

Hola Roberto, te agradezco el hecho de darte el tiempo de leer la columna. Yo entiendo que el populismo es la degradación de lo popular y en ese sentido creo que el “salario mínimo” persé es un parámetro y quizás los ofertones alcistas sean una degradación de lo popular (siempre y cuando el salario mínimo sea el salario popular), en tanto creo que el salario mínimo a mi forma de ver es solo un parámetro que se alinea con el empleo más volátil y un piso para los emprendedores. Difiero respecto a las economías sin salario mínimo, pues dado a que es un parámetro aparece inclusive en la sección wage minimun de la OCDE en Estadísticas, al igual que otros indicadores de distribución de ingresos y políticas públicas. Para cubrir la crítica que haces respecto a los políticos y la política, siento que los ciudadanos debemos hacernos más presentes en dichas materias, pues creo que nos incumbe a todos y las formas de avanzar en desigualdad es a través de la participación consciente. Actualmente los mejores predictores o determinantes de la oferta laboral son el género, los años de estudio y la dimensión geográfica. Es por ello que creo que en Chile se debe profundizar la Educación, equidad de género y descentralización. No sé si estás de acuerdo con ello.

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