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Tu realidad no es la de Chile

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Muchas veces la gente no se lo cuestiona, pero es por obra de la vida, el destino o como quieran llamarlo, que uno nació en una familia favorecida. No se piensa mucho el hecho de que a cualquiera de nosotros nos podría haber tocado nacer en una familia que vive en condiciones miserables, que tiene que hacer horas de cola en los hospitales para, muchas veces, ver a sus seres queridos morir por falta de atención.

Siempre se ha dicho que dentro de los colegios privados no existe real conciencia de lo que pasa en la sociedad. No lo desmiento. Es verdaderamente inadmisible el nivel de desinformación y despreocupación en que vive este sector del estudiantado. Tanto es así, que entre estos establecimientos se forma una burbuja en que sólo se juntan entre ellos, sólo conocen la realidad de gente como ellos.

Sin embargo, aunque esto abarca a gran parte de los colegios particulares, existe un grupo de personas dentro de este mundo que ve más allá de su puerta y se da cuenta de la tremenda desigualdad que existe en nuestro país. Pero este grupo nunca ha sabido como canalizar su fuerza y preparación ya que en la mayoría de los casos no cuentan con el apoyo de sus colegios, amigos ni familias. Es bajo este contexto que nace la Organización Colectiva de Estudiantes Particulares (OCEP). Ahí se reúnen alumnos de colegios privados católicos ABC1, como son los que participan en el Interescolar, otros privados y también de particulares subvencionados.

Mi participación ciudadana comenzó en tercero medio, cuando empecé a informarme del tema, a leer entrevistas, encuestas y a darme cuenta de que mi realidad no era la de la mayoría del país y que yo, en la condición azarosa de privilegiada, tenía como obligación moral conmigo misma y la sociedad el dedicarme a luchar porque mis privilegios fueran derechos para todos los chilenos. Desde que empecé a reflexionar me marcó mucho la palabra que usé antes, “azarosa”. Muchas veces la gente no se lo cuestiona, pero es por obra de la vida, el destino o como quieran llamarlo, que uno nació en una familia favorecida. No se piensa mucho el hecho de que a cualquiera de nosotros nos podría haber tocado nacer en una familia que vive en condiciones miserables, que tiene que hacer horas de cola en los hospitales para, muchas veces, ver a sus seres queridos morir por falta de atención. No nos percatamos de que la única razón por la que estamos más preparados y tenemos más oportunidades en la vida es porque podemos comprar una educación de calidad. Ahí está el dilema: ¿comprar el derecho esencial? ¿El único medio por el cual es posible cambiar la sociedad y tornarla en una más justa? ¿La posibilidad de volvernos personas íntegras, cultas y libres para elegir nuestro camino es un bien adquirible en el mercado? No debería ser así, pero lo es.

Por eso, cuando supe de la creación de la OCEP me uní sin pensarlo dos veces. Me di cuenta que si nos conocíamos y organizábamos entre “los privados conscientes” podríamos generar mucha más fuerza e ir llevando a cabo iniciativas para romper la burbuja, hasta que un gran día los privados y municipales sean sólo uno, con la misma bandera de lucha, y por qué no decirlo, que ni siquiera existan los colegios privados. Una vez en la OCEP, me encontré con gente más parecida a mí, que compartía los mismos ideales, y pudimos llevar varios proyectos a cabo. Primero hicimos una marcha de privados, luego panfleteos varios y ahora, para cerrar el año en grande, la intervención al Interescolar, que no fue realizada a nombre de la OCEP pero si en conjunto con los compañeros que allí conocí.

¿Por qué el Interescolar? El Interescolar es una competencia deportiva, lo que me parece muy positivo. Si bien en la competencia deportiva puede participar cualquier atleta escolar, para animar a los atletas, un grupo de colegios lleva una barra, y es ahí donde comienza el problema. ¿Llevan todos los colegios barra? Claramente no, ya que para hacer eso se gastan elevadas sumas de dinero en la tarima, los lienzos, los globos, plumeros e incluso paragüas con el signo del colegio que cada establecimiento lleva. Y ya sea por consecuencia natural de eso o por algo anteriormente planeado, el Interescolar se traduce más en una competencia de suntuosidad que sólo los colegios católicos ABC1 pueden darse el lujo de tener, que en una sana diversión como debería ser el deporte. Como si fuera poco, gran parte de este grupo de colegios ya selectos realiza un esquema que no escatima en gastos: derecho a bailar, que ya es carísimo, y trajes y elementos que llegan a parecer ridículos.

Para mí y los que me acompañaron, el Interescolar significa 3 cosas: derroche de dinero, segregación y fomento de la estupidez. Ya nos parecía inaceptable la falta de cultura y consciencia en que viven estos colegios, pero al enterarnos de la suma de dinero que se gasta en el Interescolar no nos sentimos capaces de no hacer nada para manifestar nuestro desacuerdo. Es por eso que el domingo nos paramos en el pasillo del Estadio Nacional en silencio con distintos carteles, entre los que destacaban “Con la plata que se gasta en 10 interescolares se podrían pagar 150 carreras universitarias” (completas), “Con la plata que se gasta en el interescolar podría vivir una familia por más de 4 años”, “Tu realidad no es la de Chile” y “Si rezar cambiara algo estaría prohibido”.

Me quiero detener en la última frase, ya que es un tema muy contingente dentro de nuestros colegios y para mí especialmente. Yo soy católica, y precisamente por esa razón, a diferencia de mucha gente de estos colegios, me siento el doble de obligada a luchar por una sociedad más justa. Todos hemos leído la Biblia, sabemos que Jesús no era partidario de la riqueza, sino de la justicia. Los que niegan eso, están cerrando sus ojos a la realidad y están siendo inconsecuentes con su propia creencia. Y si pudiera resumir en una frase lo que he aprendido durante esta época de participación en el movimiento social en relación con mi fe es que a Jesús no hay que predicarlo, sino imitarlo. Y estoy segura de que si Jesús estuviera en el siglo XXI estaría marchando por la Alameda, esperando ver pasar al hombre libre, libre de ataduras materiales y espirituales, abierto a la cultura y al amor por todos los seres vivos; sin duda pensaría que la desigualdad es más violenta que cualquier protesta. Rezar sólo sirve cuando va acompañado de actos, sino es nada más que prédica superflua.

Por todo lo anterior, mis amigos y yo decidimos aportar nuestro pedacito de voz, un par de lienzos y un, a nuestro parecer, noble discurso, porque estamos más seguros que nunca de que se viene un cambio social, pero sabemos que es imposible que se logre sin el apoyo de la clase dirigente de nuestro país y no quisimos quedarnos fuera. Dijimos “sabemos que nuestra realidad no es la de todo Chile, pero no nos vamos a quedar sentados comentándolo, sino que vamos a luchar para que en un futuro no muy lejano todos los chilenos compartamos la misma realidad, justa y amorosa”.

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Comentarios

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Paz González

14 de noviembre

Me parece muy cierta la apreciación de la competencia de barras, pero no me parece que una competencia deportiva debiese abandonarse por eso, debiera modificarse.
Otra cosa, si bien es cierto que los colegios católicos causan más escozor por el contraste entre prédica y práctica, atacar a los católicos en particular no tiene mucho sentido. Colegios como el Grange o el Santiago College son laicos y los del Colegio Hebreo no viven mucho más afuera de la burbuja.
Sólo creo que hay que mantener los horizontes limpios hacia donde marchar. No confundirse con eventos que están correlacionados.

Javiera Martínez

15 de noviembre

Paz, me parece que el tema de fondo no es atacar a los colegios católicos, si no que apunta a un la conciencia social que debiera despertar en todo ser humano, tomando como ejemplo lo que se nos enseña en la práctica espiritual aplicada a nuestros tiempos.
Sin duda, las actividades deportivas debieran recobrar su sentido de diversión y fomento a una vida saludable, en lugar de convertirse en una exposición de merchandising. Tal vez se pueda incentivar la creatividad en la confección artesanal de lienzos y otros.
Me he desempeñado como docente teatrale en colegios subvencionados y municipales, el grado de conciencia social es variado. Sin embargo, ignoraba el despertar que se está produciendo también en el sector privado, al punto de crear Organizaciones como la OCEP, lo cual me parece muy potente y positivo. Es muy probable que en el futuro, debido al origen socio-económico de estos jóvenes, se vean posicionados en carreras de prestigio, para lo cual es fundamental conservar y desarrollar el grado de conciencia social que comienzan a manifestar, de esto depende que sepan qué hacer al momento de las grandes decisiones, es decir, sobreponerse a la influencia del viejo orden, defender lo que hoy consideran justo y tomar acciones al respecto.

Trinidad Blake

15 de noviembre

Totalmente de acuerdo.. Eso sí, creo que el problema no radica en el quedarse sentados comentando, sino que en NO QUERER pararse y hacer algo… creo que va más allá de la comodidad de sus casas, tiene que ver más con la voluntad de querer hacer algo, incluso con el miedo de lo que implica hacer algo… y es por ahí que habría que trabajar…
Excelente texto! un abrazo
Trinidad

Marcelo Massardo M.

15 de noviembre

Hola Paz, te felicito por tu discurso y tu accionar. Solo me preocupa un tema…para debatir…para construir…y no te lo digo solo a ti sino que a todos los actores sociales…¿qué pasa con el que piensa distinto?…con el que cree que el Interescolar es una actividad rica, diversa, sana y competitiva…que esta bien que alumnos se programen, trabajen e inviertan en esta actividad. En el fondo, ¿será nuestro desafío que todos pensemos igual?, ¿que todos pongamos el mismo énfasis a las mismas cosas?, ¿será necesario que en cada acto público todos los actores sociales planteen sus puntos de vista?, ¿será acaso mejor que todos lo que piensen de una determinada forma, propongan, construyan y lleven a cabo actos en los que están comprometidos y así cautiven a otros para que se les unan?….en fin…eso me da vuelta…y creo que tiene que ver con no sentirse dueño de alguna verdad…o no querer adherir a una verdad…o quizás simplemente nos planteemos la vida en forma distinta…

15 de noviembre

Estoy de acuerdo contigo, Marcelo. No tengo por qué ser yo ni nadie dueño de la verdad. Y es muy complicado cuando en una sociedad un grupo de personas se empieza a sentir dueño de esta. Pero a su vez, me parece que hay que tener cuidado con caer en el relativismo. Puede que haya gente que piense que gastar 7 millones (es un promedio que hicimos para sacar los cálculos) en una actividad recreativa de un fin de semana vale la pena, pero ¿lo hace eso un gasto consciente? A mi me parece que el gran punto está en que gastar esa cantidad de plata por cada colegio es desmesurado desde donde se le mire, y totalmente inconsciente, ya que mientras ellos gastan esa plata hay gente que está viviendo en condiciones indignas y no me parece que eso tenga dobles lecturas. En todo caso, la injusticia del derroche de dinero frente a la carencia de todo medio no es sólo algo que pase en el interescolar, lo podemos extrapolar a millones de ejemplos. Es algo tremendamente violento y yo por lo menos, creo que la violencia no depende del punto de vista.

20 de noviembre

Totalmente de acuerdo!
También concuerdo con Paz, que no sólo los católicos entran en la burbuja, pero entiendo que es lo más fácil para ejemplificar.
Yo estuve en un colegio de monjas y hoy no soy católica, pero sí tengo conciencia social, empatía y me agobia la injusticia que vive la gente sólo porque le tocó nacer en un lugar menos privilegiado. Voy a averiguar más de la OCEP, ya que me encantaría ser parte y tratar de cambiar la realidad verdadera de muchos chilenos.

21 de noviembre

El fondo de lo planteado tiene que ver con un elemento que, cada vez mas, se pone vigente: que la sociedad exige, de quienes ganan o tienen mas, que use esos recursos para ayudar al resto. Existe una fuerte dicotomía entre los dos pareceres, el del que tiene los recursos y el que no lo tiene; el que los tiene quiere gastarlos en lo que le parezca/convenga/atraiga; el que no los tiene, quiere desviar esos recursos hacia si o hacia otros que tampoco tienen. Pero el hecho es que no somos neutros respecto a lo que haga la gente con su plata.
En el caso de las barras, estos eventos los hacen para fomentar ciertos valores, pertenencia, etc. Claramente, a los ojos de alguien que ve que otra persona no tiene que comer, le parece aberrante; pero, en esa línea, no deberíamos construir metro, cines, estadios de fútbol, etc, hasta que todos tuvieran plata para vivir, estudiar, etc. El cuestionamiento, entonces, tendría que llegar mucho mas allá de el interescolar.

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