#Sociedad

Sobre el silencio de la filosofía

3 |
COMPARTIR
EN WHATSAPP
COMPARTIR
EN WHATSAPP

… como proletario pensante descrito más arriba, debo –si deseo seguir dedicado a lo que quiero hacer– cumplir con un calendario burocrático que, a estas alturas, ya nadie sabe quién impuso.

Acabo de terminar de leer con estupor y temblor la columna de mi colega Fernando Miranda “El Silencio de la Filosofía” y, tristemente, debo concordar con la grueso de lo que dice y, aunque tal vez podría extenderme sobre algunos detalles, no quisiera caer en discusiones bizantinas, pues ni la comunidad filosófica ni el país necesitan esa clase de debates. Sí quisiera completar el cuadro descrito por mi colega con un detalle que sería bueno que el público conociera y la comunidad académica recordara: los filósofos –en el más humilde sentido, es decir, los profesionales de la filosofía– somos personas. Este ser personas implica una serie de necesidades propias de la condición humana tales como comer, dormir (bajo techo), vestirse y aparearse, lo cual se traduce, en nuestra sociedad contemporánea, en pagar cuentas.

Terminada la licenciatura y una vez superada la etapa de ser mesero, vendedor de tienda o “emprendedor”, el filósofo accede a la bendición de una beca de posgrado, normalmente de la mano de CONICYT, que significa Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, institución que, como podemos apreciar, no lleva la palabra ‘filosofía’ inscrita en ninguna parte de su nombre, pero, curiosamente, financia los estudios humanísticos, tal vez por la presión internacional y por el arribismo de un país que quiere permanecer en la OCDE, aun siendo el país más periférico del grupo.

Esta beca de posgrado suele devolverle algo de autoestima al filósofo, que, muchas veces a una edad ya avanzada, puede dejar de depender de la paciencia de sus padres o de su cónyuge y pasearse de nuevo por la misma facultad que le vio nacer, esta vez como estudiante profesional, esto es, pagado por el Estado. No tarda mucho tiempo nuestro héroe en darse cuenta de que este privilegio tiene una duración limitada, por lo que, si se trata de una beca de magíster, debe hacer méritos para una de doctorado y, si ya se encuentra en este punto, debe hacer pasantías docentes para quedarse como profesor ayudante ganando una miseria, pero con la posibilidad de juntar otras miserias trabajando como profesor taxi en otras universidades, normalmente privadas.

Es por ello que nuestro abstracto protagonista necesita, luego de su primera beca, validarse para conseguir la segunda y luego seguirse validando para, si tiene suerte, llegar, cuando bordee los sesenta, a tener una plaza de profesor asistente en una universidad tradicional o en una privada decente, en la que por fin tendrá el sueldo de una persona adulta con menos de la mitad de los estudios y de los méritos académicos de él o ella. Así, el pensador se vuelve un burócrata del pensamiento, un sobreviviente que piensa para ganarse el pan, como el esclavo de Esperando a Godot.

En su recuerdo están los días como garzón o acaso la imposible misión de enseñar filosofía en algún colegio en el que los alumnos son analfabetos funcionales, por lo que no se puede sino pasar películas con algún contenido intelectual y esperar, muchas veces en vano, que un montón de adolescentes, más pendientes de sus hormonas que de cuestiones metafísicas, piensen.

Mientras, en el mundo real de la gente con empleos normales, el doctorado en filosofía no le da al filósofo el prestigio de un médico. Cuando la gente se entera de que tiene un médico enfrente suyo, aprovecha de hacer cualquier consulta gratis. Cuando hay un filósofo, normalmente no le preguntan nada y, como si fuera un árbitro de fútbol, le dicen cómo hacer su trabajo –“la sabiduría viene de Dios”, “la verdadera filosofía se aprende en la vida”, etcétera–. Al principio el profesional discute, pero pronto es considerado por todos como dogmático y aguafiestas.

Después de todo, la tarea de la filosofía es buscar algo así como la verdad, o sea, decirle a la gente que no existe el Viejo Pascuero y no dar esperanzas tiernas, como hacen la tele, la autoayuda y la religión. Así el filósofo pasa a ser un bicho raro parecido al Grinch, de quien se espera, en el mejor de los casos, que eduque, es decir, que supla todas las carencias del magro sistema escolar chileno, llevando su conversación a palabritas simples, muy parecidas a las que los filósofos de las cosas simples, como Arjona, usan para trasmitir su sabiduría.

Finalmente nuestro héroe se encierra en la torre de marfil de su facultad, pues es el único lugar en donde alguien puede comprenderlo y, para sobrevivir allí, cumple con los objetivos burocráticos trazados por las universidades, que a su vez vienen dados por organismos del Estado que esperan productividad, es decir, que publiquemos muchos papers. Ese es el único mundo al que el filósofo tiene acceso. No puede darse el lujo de perderlo, no puede aventurar una tesis audaz, pues una mala nota le hará perder sus opciones a su próxima beca, al FONDECYT, o bien un artículo polémico le causará problemas para obtener esa plaza de profesor instructor que aumentará en algo sus ingresos de supervivencia –muy poco, si es que no los disminuye–. De esta forma, nuestro filósofo chileno proletario sí crece en erudición, qué duda cabe, pero, como dijo mi colega –cuyo diagnóstico no discuto, sino que complemento–, pierde todo el empuje y toda la fuerza que lo llevó al pre-grado alguna vez, cuando pudo desafiar, casi en todos los casos, a unos padres que soñaron con tener un hijo que hiciera algo útil para ganarse la vida.

Mientras, la sociedad chilena languidece de estupidez, la televisión abierta se encarga de aumentarla y el debate público decae cada vez más, pese a los chispazos de consciencia de clase que de vez en cuando sacan a marchar a la gente o crean una huelga en un supermercado. Mi respuesta personal, como profesional de la filosofía y como persona creativa, ha sido llevar esa crítica y esa creatividad a otros ámbitos, así, por ejemplo, ayudé a crear escribiendo una pieza de teoría crítica que todo Chile vio, aunque nadie supo que había pensamiento filosófico detrás de ella –me refiero al Allende de “Palta” Meléndez, en Viña 2007, del cual fui el autor principal–. Con menos difusión, pero paradójicamente con mayor entusiasmo, he publicado poesía, una novela y sigo trabajando en productos literarios, porque en la filosofía, como proletario pensante descrito más arriba, debo –si deseo seguir dedicado a lo que quiero hacer– cumplir con un calendario burocrático que, a estas alturas, ya nadie sabe quién impuso.

Columna publicada en El Mostrador

TAGS: #Filosofía

Los contenidos publicados en elquintopoder.cl son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores.
Te invitamos a conocer nuestras  Reglas de Comunidad

Comentarios

Quedan 1500 carácteres.

Ordenar comentarios por:

28 de diciembre

Arturo,

Grandes verdades y horribles realidades. No hay ninguna actividad propiciada por el poder para que el ser humano enriquezca su desarrollo. Entre más nos embrutecen, más felices son… y en el peor de los casos… somos!

Sin embargo, aunque soy ultra ignorante en las materias de sus dominios, recuerdo vívidamente al Palta, instalado en ese podio “presidencial” diciendo “pucha que están cambiados los compañeros”. Con risas reaccionó el público a las verdades que ya anunciaban en ese año, lo que hoy, apenas a algunos, nos provoca rabia e impotencia.

Slds.

Sobre la profesionalización de la filosofía | Red Seca

29 de diciembre

[…] posición de Miranda ha generado, como se dijo, simpatías en varios. No obstante ella ha sido, me parece, desarticulada ya en sus aspectos centrales en una excelente […]

Felipe

30 de diciembre

Rutina del Paltita Melendez: https://www.youtube.com/watch?v=rkZIB9QG9u0

wena la wea, ojalá siga creando, difuseelo usted mismo

Ver todos
Ocultar

Nuevo

VER TODO

Nuevo

Será interesante saber si Piñera y Guillier ofrecerán nuevas propuestas en materia científica, y si rescatarán propuestas e ideas de los programas de las otras candidaturas, en particular si quieren bu ...
+VER MÁS
#Ciencia

Segunda vuelta: ¿qué esperar para la ciencia?

"Lo que se espera en la propuesta política en estas presidenciales, es que tenga muy presente que la nobleza y dignidad de un país no se calcula sólo en el volumen de su PIB, ni en las cifras macroe ...
+VER MÁS
#Política

Chile Vamos: ¿a dónde?

La primera vuelta de las elecciones presidenciales desmintieron rotundamente a las encuestas que con un claro sesgo ideológico y serios límites metodológicas instalaron, durante meses, la victoria ineluc ...
+VER MÁS
#Política

El progresismo es mayoría política y electoral

El mensaje es, la población con salir a votar estuvo a punto de generar un gran cambio que hizo asustarse a muchos analistas en un primer momento, y que dejó como gran triunfante al Frente Amplio, que har ...
+VER MÁS
#Política

El Frente Amplio, una gran lección para todos

Popular

Baradit deja al desnudo aspectos políticamente incorrectos, ha tocado la fibra del conservadurismo doble estándar de la elite criolla, aristocrática, oligárquica, momia. Para ellos, es de muy mal gusto ...
+VER MÁS
#Sociedad

El caso Baradit, o el arte de develar lo incómodo en Chile

Para nosotros los psicólogos, cuando la química (no racional) te impide dar tu 100% con un paciente estás obligado a derivarlo a otro, luego, si eres responsable, tienes que analizar porque no toleraste ...
+VER MÁS
#Política

Cero tolerancia al Rincón que mata en mala

Nuestra participación y la de muchos otros es la que hace posible orientar la dirección de un país en un sentido u otro. Un grano de arena no hace una montaña, sin embargo un gran número de granos, sí ...
+VER MÁS
#Política

¿Por qué no votar?

¿Cuál debiese ser la preocupación esencial? Primero que todo, brindarle al INE, de una vez por todas, la autonomía que requiere. De esa forma, se evitan suspicacias sin bases o gustos políticos como el ...
+VER MÁS
#Economía

Censo 2017 ¿Un déjà vu? ¿Problema del INE, del gobierno o del Estado?