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Obras que unen chilenos

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Eso es lo que Chile necesita hoy. Necesita obras que nos unan. Pero estas obras no pueden ser carreteras ni autopistas subterráneas. Estas obras tienen que ser espirituales, conceptuales y morales. Educación. Salud. Pensiones. Esas son las obras que nos van a unir como chilenos y alguien las tiene que construir

A pocos días de las elecciones presidenciales, es urgente sincerar las ideas que cada sector político tiene como base filosófica. Es urgente porque, entre otras razones, no sólo estamos decidiendo hacia qué dirección queremos llevar el país. Estamos, también, decidiendo algo más fundamental. Estamos decidiendo si queremos un país o no. En otra oportunidad propuse la idea de que Chile no existe. El argumento fue que Chile, gracias a las ideas neo-liberales y atomistas que hoy imperan, no existe como comunidad de ciudadanos. Esta idea adquiere nueva importancia hoy porque la candidata de la UDI, Evelyn Matthei, amenaza con perpetuar la desconexión y el aislamiento en el que vivimos los chilenos.

Por esto, la Alianza no puede, sin caer en el ridículo, hablar de un proyecto país, de justicia social, de igualdad y de comunidad. Cada vez que algún representante de la derecha hable de “nosotros los chilenos” y de nuestro “país”, se hace muy difícil entender a qué se refieren. ¿De qué país hablan? ¿De qué comunidad? Si ellos no creen en la idea de comunidad (ni en la idea que todos tenemos el deber de aportar a dicha comunidad).

Ayn Rand, filósofa estadounidense del siglo XX y que representa la esencia del pensamiento capitalista y atomista dijo lo siguiente: las sociedades no existen. Sólo existen individuos juntos. Una nación, dijo ella, es sólo un conjunto de individuos. Así es: sólo un conjunto de individuos. Una agregación de voluntades individuales donde premios y castigos, derechos y deberes, sólo le pertenecen a la persona aislada y atomizada. El concepto de “sociedad” es irrelevante ya que la “sociedad” no cumple función alguna en el éxito o fracaso de nuestros planes de vida. Sólo importa el individuo aislado y es esta premisa la que forma la columna vertebral de todas las políticas económicas que fueron impuestas en Chile y que hoy la derecha propone perpetuar. Por eso tenemos las AFP. Las Isapres. Por eso no se promueve la sindicalización. Por eso se oponen a la educación pública y gratuita. Por eso no quieren aumentar los tributos que pagan los que más tienen (y se escudan tras argumentos económicos). Porque tomar cualquiera de estas medidas equivale a reconocer que vivimos en comunidad. Que los éxitos no se construyen en solitario. Que los demás tienen algo que decir en esta materia.

Por eso, si usted quiere construir un país, una sociedad, y una comunidad, por necesidad usted no puede votar por el proyecto político que representa la Alianza por Chile. Si todos los chilenos estamos de acuerdo en que es necesario construir un país, si  nos ponemos de acuerdo en que la comunidad importa y que las ideas de Rand son extrañas, entonces la Alianza por Chile deberá quedar reducida a su más mínima expresión y no sobrepasar el 10% de los votos (el 10% más rico que votará por ellos). Cualquier porcentaje sobre esa cantidad sería preocupante y, tal vez, sólo se pueda explicar por lo eficiente que fue el adoctrinamiento individualista que ocurrió bajo la dictadura de Pinochet. Y la forma de revertir ese adoctrinamiento es haciéndose preguntas. Preguntas tan sencillas como, ¿quiero vivir en sociedad? ¿Quiero formar parte de una nación? ¿De un país? Si usted se hace esas preguntas habrá iniciado el camino hacia la construcción de un país.

Sin duda, uno de los errores más infantiles de la campaña presidencial de Matthei fue haber comparado sus ideas a las ideas de la Alemania de Angela Merkel. Para que quede claro: Alemania es una nación, un país, una sociedad. No es una agregación de individuos. Y esa sociedad no fue, ni hubiera sido posible construir sobre la base de las ideas atomistas que Matthei profesa. Por el contrario, Alemania alcanzó los niveles de desarrollo que hoy tiene porque los alemanes se saben miembros de una comunidad y entendieron (y siguen entendiendo) que el éxito se construye sobre la base de la solidaridad y del fortalecimiento de los lazos sociales. Por lo tanto si usted quiere una sociedad como la Alemania de Merkel, entonces lo que tiene que hacer es precisamente no votar por Matthei ni los candidatos de la Alianza.

Muchos hemos visto que el Ministerio de Obras Públicas tiene un eslogan que dice “obras que unen chilenos”. Este eslogan siempre aparece en el sitio donde se está construyendo alguna carretera. Lo más interesante de esa frase es que apunta a la idea de conexión, de unidad y de solidaridad entre chilenos. Es decir, es un eslogan que representa todo lo contrario de lo que alguna vez dijo Rand y que hoy la derecha chilena hace suya. Un país es más que una suma de individuos. Un país es una comunidad donde los unos se preocupan por los otros. Y es una comunidad que se debe mantener y cuidar a través de obras que nos unan, que mantengan y fomenten dichas conexiones.

Eso es lo que Chile necesita hoy. Necesita obras que nos unan. Pero estas obras no pueden ser carreteras ni autopistas subterráneas. Estas obras tienen que ser espirituales, conceptuales y morales. Educación. Salud. Pensiones. Esas son las obras que nos van a unir como chilenos y alguien las tiene que construir. Lo claro, por ahora, es que Matthei y la Alianza por Chile no creen que esas obras sean necesarias porque no creen en la comunidad. Hoy es urgente tener esto claro, a tan pocos días de la elección Presidencial. Vote por obras. Obras que nos unan.

*Columna originalmente publicada en Cambio 21

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Foto: Evelyn Matthei

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