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Malestar, neoliberalismo y (sub) desarrollo

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Quienes se movilizaron no eran sólo estudiantes, esta vez los ciudadanos de a pie se hicieron parte de marchas donde diversas demandas tenían un norte común: El modelo de desarrollo chileno no generó los niveles de bienestar, igualdad y seguridad prometidos. La alegría les llegó sólo a algunos.

“¡Vivimos en un país de mierda!”. Reclamó a viva voz un pasajero del metro de Santiago un día miércoles a las 8:30 de la mañana, producto de lo incómodo y atochado del vagón donde viajaba. Estaba junto a una mujer de la tercera edad que en su intento por salir a la estación de destino tuvo muchos problemas para avanzar  entre el mar de personas. El hombre del reclamo le decía: “Señora, los chilenos somos muy hueones, mire las condiciones en las que viajamos y cuánto pagamos por esto. Y ahora, además, quieren subir el pasaje cien pesos. ¡Sinvergüenzas!”. El alegato de este señor es ilustrativo de cierto malestar que ha estado presente en nuestra sociedad desde hace años. Con el paso del tiempo se ha hecho aún más agudo, llegando a un punto en que la apatía y desconfianza con las instituciones han puesto en duda el curso de nuestro modelo desarrollo.

En 1998 el informe producido por el PNUD vaticinaba la aparición de cierto malestar y sensación de inseguridad tras ocho años desde la vuelta a la democracia. El estudio evidenció que este problema estaba relacionado principalmente con tres elementos, pilares de nuestro modelo de desarrollo:

1) El modelo actual mantiene inalterable las desigualdades sociales históricas del país. Parte de este problema se evidencia por la forma en cómo operan los sistemas de salud, educación y el mercado laboral.

2) Tiende a no escuchar las subjetividades de las personas, no se valora su experiencia, por lo que no hay un vínculo afectivo con el desarrollo del país y ello le quita sustentabilidad en el tiempo.

3) La estrategia de modernización chilena ha hecho uso extremo de las lógicas mercantiles, las que han debilitado las redes de confianza y cooperación entre las personas. La competitividad extremada ha socavado los flujos de información, el intercambio de conocimientos y experiencias, la colaboración gratuita.

En parte, este diagnóstico crítico fue caldo de cultivo para la serie de problemas que comenzó a tener la –hasta el momento exitosa- coalición  de centro – izquierda que logró derrocar la dictadura. Aumentó la desconfianza hacia las instituciones, problemas de corrupción al interior del gobierno, y lo más relevante, una ruptura en la élite producida por las definiciones en torno al modelo de desarrollo que estaba impulsando la Concertación. Paulo Hidalgo, en su libro sobre el ciclo político de la Concertación, nombra a esta época como el inicio del fin del ciclo.

El augurio del informe del PNUD comenzó a hacerse realidad con mayor evidencia en el año 2006. Ya en ese período era axiomático que existían al menos dos interpretaciones en torno a los efectos del modelo en la vida de las personas. Por un lado, el éxito, la estabilidad política, crecimiento económico, aumento en el consumo, reducción de la pobreza y movilidad social. Por otro lado, la frustración, inseguridad, alto endeudamiento y desconfianza sistemática y transversal con las instituciones.

Los estudiantes secundarios fueron canalizadores de ese malestar llenando las calles con grandes manifestaciones. En un inicio, las demandas planteadas tenían relación con una mejora significativa en las ayudas que entregaba el Estado y con más fuerza aún un cambio en la gestión de los colegios municipales. Sin embargo, con el paso de las semanas, poco a poco se fue haciendo evidente que el problema era más profundo aún. Las movilizaciones hicieron sentido a un gran porcentaje de chilenos y las críticas al modelo y a la élite no se hicieron esperar.

Tras esas movilizaciones la historia es conocida. Bachelet logró terminar su gobierno con alto porcentaje de aprobación, pero el candidato de continuidad pierde frente a una renovada derecha que plantea un proyecto de cambio al país, y es justamente en este gobierno donde lo planteado por el PNUD en el 98 explica -en parte- la sensación de crisis producida por la serie de grupos de la sociedad civil que comenzaron a hacer presión para generar cambios estructurales.

Movilizaciones sociales como no se habían visto en 20 años de democracia hicieron aguas la intención de la derecha por inaugurar un nuevo ciclo político donde ellos fueran los protagonistas. Quienes se movilizaron no eran sólo estudiantes, esta vez los ciudadanos de a pie se hicieron parte de marchas donde diversas demandas tenían un norte común: El modelo de desarrollo chileno no generó los niveles de bienestar, igualdad y seguridad prometidos. La alegría les llegó sólo a algunos.

En medio de este clima convulsionado, nuevamente un informe del PNUD da cuenta de los impactos del modelo en la percepción de los ciudadanos acerca de su forma de vida. Un 80% de las personas declara que ser feliz depende del individuo, mientras sólo un 20% declara que la felicidad depende las condiciones de oportunidad que entrega la sociedad. A pesar de esto, un 77% de los chilenos se considera feliz, sin embargo, el 59% indica que en Chile no se respeta la dignidad de las personas. Es evidente que la temprana evaluación acerca del estado del bienestar subjetivo en el 98 tiene relación con los resultados del informe del 2012.

Es claro que existe cierta continuidad en torno a la evaluación de estos aspectos. A pesar de los logros del país en materia de crecimiento económico, existe de manera transversal en nuestra sociedad un déficit en materia de integración social, felicidad, conformidad con el proyecto de vida, dignidad, acceso cultura y educación; en el fondo, ausencia de bienestar subjetivo. A pesar de esta situación, en el ambiente político aún existen algunos neoliberales furiosos que plantean que el malestar es producto sólo de falta de competencia y libertad para el “emprendimiento personal”. Sin embargo, claro está que sin un cambio en la racionalidad de las políticas públicas y en la superación de las lógicas unidimensionales que explican los problemas del país desde la ortodoxia económica, experiencias como el Transantiago o el Crédito con Aval del Estado (CAE), seguirán siendo fuente de desprestigio de la acción Estatal. De ahí que las recomendaciones hechas por el prestigioso intelectual Norbert Lechner en el informe del 98 cobran hoy más relevancia. Es necesario volver a dotar de sentido la acción de Estado mediante grandes reformas que aseguren la integración social a través de la generación de derechos sociales que garanticen acceso a salud, educación, vivienda y previsión social.

Además, las políticas públicas deben estar vinculadas con las subjetividades de las diferentes comunidades, generando espacios de participación efectiva para hacer sentir parte al ciudadano de las acciones emprendidas por el Estado. Y, sin lugar a dudas, un proceso de descentralización permitiría que las comunidades locales y regionales se acerquen más a sus instituciones generando espacios de gestión pública más colaborativa y cercana.

Todo esto bajo el macro objetivo de desmercantilización de espacios que han sido invadidos por las lógicas del proyecto neoliberal. Impulsar políticas que reconozcan el importante rol del desarrollo de las artes, las letras y las humanidades, disciplinas que permiten repensar el modelo desde un punto de vista más humano. Fortalecer las organizaciones de la sociedad civil, permitiéndoles existir sin cooptación, pero influyendo desde sus subjetividades en las decisiones en materia de políticas públicas y planificación de nuestras formas de vida en comunidad.

El señor del reclamo no estaba enojado solamente por lo lleno del metro. Seguramente es uno más de los chilenos que ha sido vulnerado por algún banco y sus formas de cobranza o por alguna casa comercial y sus cobros excesivos. Quizás es uno de los tantos padres y madres que deben pagar altas sumas de dinero por matricular a su hijo en un colegio subvencionado, porque no confían en la educación municipal. O quizás es de aquellos miles de subcontratados que trabajan bajo condiciones indignas, sin derecho a organizarse, ni canalizar sus pretensiones de mejora.

La transformación social en torno a los temas planteados es urgente. La serie de suicidios que se han hecho públicos durante estas últimas semanas dan cuenta de que estamos en la etapa más oscura de agudización de los problemas del modelo. Es responsabilidad de todos -pero mucho más de aquellos que fueron elegidos para iniciar este proceso de cambios- realizar las transformaciones necesarias para frenar el paso acelerado de la apatía y el malestar en nuestra sociedad.

La política “en la medida de lo posible” ya no da para más.

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Comentarios

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jose-luis-silva

10 de mayo

1- El modelo NO mantiene inalterable las desigualdades porque está registrado que al menos cuando se aplicó con rigurosidad los que ganan menos multiplicaron mas veces su ingreso respecto a los que ganan mas. Es el modelo que ha dado más movilidad social en la historia de Chile.

2- Tiene menos sustentabilidad en el tiempo porque según usted tiende a no escuchar las subjetividades de las personas? Me parece una premisa subjetiva y antojadiza para definir algo falso: El modelo ha perdurado como 30 años durante los cuales se le ha basureado de lo lindo y se mantiene mucho más firme de lo que piensa.

3- Toda estrategia de modernización de un país hace uso de lógicas mercantiles. No conozco ningún país que se haya modernizado donde no se haya hecho.

Este modelo es el que los chilenos eligieron o ya lo habrían desechado, puede movilizar a millones de personas a las calles para reclamar contra el modelo, eso no significa nada a menos que estén dispuestos a arriesgar lo que el modelo les da y que ninguna alternativa está ni cerca de lograr: cada vez mas trabajo, cada vez mas bienestar, cada vez menos pobreza, cada vez mas prestaciones sociales que da un estado cada vez mas rico. Esperemos que pasará cuando realmente comprueben lo que arriesgan (o que perdieron) al terminar con el modelo y veremos cuan certero es su diagnóstico del “malestar”.

Saludos

11 de mayo

Esta es otra mas de las descripciones que hablan de un fin de la historia, o de todo lo conocido, para pasar a un mundo feliz, lleno de oportunidades, hermanos todos…terminando por ser gobernados por John Lennon.
El malestar, tomando incluso las estadísticas que da el autor, NO ES TAL. Hay un solo punto donde el malestar fue fuerte, que es en el tema del costo y calidad de la educacion; es ese el punto que hace ganar a Bachelet&Cia. El resto es un dibujo de la realidad que hace la izquierda, tratando de extrapolarlo hacia el 90% de la población, buscando segmentar la sociedad en esos dos grupos: un 90% misero y un 10% opresor.
Pero Chile, felizmente no es así. La pobreza disminuyo a un 15% en base a un modelo liberal, con lo que quedo demostrada la fuerza de una lógica de este tipo para mejorar las condiciones de TODOS; fallando en que la velocidad de ese progreso debe ser mas alta para sectores que exigen mas conforme avanzan. Si hay un 77% de chilenos que es feliz, malo no ha sido el camino.
Por lo tanto, creo que hay un consenso, de parte de izquierdistas como de liberales en que la educación, y probablemente la salud y previsión son elementos que se deben arreglar sin esperar las fuerzas del mercado. Pero, de ahí a pensar que prácticamente todo Chile quiere un modelo social donde papa Estado sea quien dirige todo, y que los políticos de izquierda sean los nuevos santos ya que nos traen la formula de la felicidad, es bastante lejano a lo que Chile merce y desea.

Gonzalo

11 de mayo

El modelo es destruido todos los dias por los empersarios, los Gerentes los ejecutivos de ventas de todo tipo, los supuestos técnicos de erselensia, y los politicos que supuestamente defienden el modelo.
Este artículo despribe muy bien lo que está sucediendo, los ciudadanos no aguantamos mas el cuento de que este modelo es la solución a todo.
Y los empresarios no están dispuestos ni a cambiar el modelo, ni a dar mejor servicio, o mejorar salarios, y condiciones de trabajo.
Por eso están colaborando con su destrucción desde adentro: gracias.

11 de mayo

Estimados,

1. Lo que intenta reproducir esta columna es la serie de estudios que dan cuenta de un creciente malestar subjetivo en nuestra sociedad.

2. Los datos usados no son producidos por el marxismo internacional. Son parte de estudios financiados por el PNUD (ONU).

3. Es correcto afirmar que el modelo chileno produjo cambios importantes en la reducción de la pobreza y otros indicadores de crecimiento. Sin embargo, la desigualdad se mantiene inalterable y eso ha producido situaciones como las descritas a lo largo de la columna.

4. El modelo chileno se agotó pues hoy no existen respuestas para tratar los altos niveles de desconfianza hacia la instituciones, los altos niveles de descontento, la alza en las consultas por patologías mentales, etc.

5. No estoy diciendo que se debe hacer una revolución armada, ni menos calificaría de “hippie” los indicadores del PNUD. Sólo intento expresar con preocupación que si no se da un giro en la forma en como se hacen las cosas, el modelo chileno explotará.

6. No sólo de pan, Tv, autos y consumo vive el hombre.

11 de mayo

Estimado.
Lo del malestar de la sociedad (creo que acertadamente calificado como “”subjetivo”) es, a la luz de las estadísticas y de incluso la correlación de fuerzas en el congreso, no tan apocaliptico como se platea. Si hay, con binominal y todo, digamos un 40% que piensa que las cosas están bien, y luego hay un 60% que considera que quiere cambios, y de ese porcentaje la mitad lo hace con “malestar”, se esta lejos de calificar el tema como un fracaso. O sea, un liberalismo corregido, tipo socialdemocracia, fácilmente invierte los porcentajes y ¿se podría hablar de un modelo fracasado y que ya paso?
Una de las mayores fuerzas que tiene el liberalismo es la conexión con la esencia de las personas, y no con sus mas avanzadas necesidades o razonados deseos. El sistema económico de mercado se fundamenta en hechos que naturalmente ocurren; y no en construcciones que, para funcionar, deben cercenar libertades y alejar a los individuos de su naturalidad. Sin significar que eso sea perfecto, ha demostrado ser el más eficiente de todos los sistemas en hacer progresar sociedades.
El tema de la desigualdad es una cosa que se puede manifestar cuando hay un estadio cultural que lo permite….situación que ha generado el propio liberalismo; por lo tanto, es un sistema que, además, genera sus propias medidas correctivas, pues la fuerza del humanismo crece en conjunto. Nuevamente, en ningún otro sistema el pueblo ha tenido tanta fuerza como en este.
Apostaría mucho mas que esto pueda derivar a una socialdemocracia moderna que a un marxismo u anarquismo modernos.

11 de mayo

Estimado,

1. Hay un porcentaje importante que no participa de las elecciones. Por lo que el descontento y apatía tienen un correlato empírico.

2. Este país está muy lejos de siquiera asomarse a ser una socialdemocracia, pues eso supone una serie de condicionantes macroeconómicas que nuestro país esta muy lejos de alcanzar. Ejemplo de eso es el modelo de educación, salud y previsión social que tenemos.

3. El objetivo de esta columna no es incentivar el anarquismo o una revolución obrero-campesina a lo “FARC” o “Sendero Luminoso”. Si no que, hacer ver que hay cosas que están mal. Que el conformismo llevó a que la centro-izquierda perdiera el poder, y que en esta oportunidad, si no se hacen los cambios necesarios es posible que en Chile se produzcan experimentos populistas como los Europeos o latinoamericanos, los cuales han tenido resultados desastrosos.

4. Estoy de acuerdo que el modelo es la construcción de un Estado de derechos -civiles, políticos y sociales- pero nuestro país está muy lejos de eso.

5. Solución posible: Reformismo radicalmente democrático.

jose-luis-silva

13 de mayo

Las ideas respecto a la sociedad, todos esas altruistas ideas sobre igualdades sociuales, reformismo democrático, etc.. etc.. sean utópicas o no, todo eso choca con la realidad: la gente se preocupa de estas abstracciones cuando ya tiene pan, techo y por ultimo la pega estable. Cuando comprueban que sus “soluciones sociales” amenazan sus necesidades básicas el “malestar con el sistema” se esfuma inmediatamente.

Por ejemplo habia consenso de casi todos los chilenos respecto a realizar una reforma trubutaria. Pero al entrar en el debate y ver la realidad de amenazas al empleo (verdaderas o no, eso es parte de debate), etc… ya no hay tanto consenso, la gente que tanto vociferaba en favor empieza a bajar la voz y el rechazo es creciente. Y recien entra al parlamento.

No crea tanto en este “malestar”

Saludos

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A pesar del nuevo escenario, la correlación de fuerzas entre la derecha y la centroizquierda quedó casi igual a la que existían bajo la lógica binominal.
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