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Los “chooligans”

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Ahora son simplemente delincuentes de la peor clase, subnormales, animales, flaites sin cultura, o tal vez peor aun, “chooligans”, desafortunado término puesto en el titular de El Mostrador, combinando “cholos”, insulto para referirse a las personas de ascendencia amerindia, y “hooligans”

Faltaba cerca de media hora para el inicio del partido de fútbol entre Chile y España cuando llegaron los primeros reportes de lo sucedido en el mítico estadio Maracaná de Río de Janeiro: un grupo de 85 hinchas nacionales, probablemente sin dinero suficiente para financiar el costo de las entradas en la reventa ilegal, rompieron las vallas de contención e ingresaron forzosamente al interior de la sala de prensa del estadio. A los pocos minutos fueron detenidos por la policía y posteriormente la autoridad de Brasil les dio un plazo de 72 horas para abandonar el país. La noticia dio la vuelta al mundo en poco tiempo y las reacciones de reprobación e indignación por parte de la prensa local y de los intelectuales nacionales no se hicieron esperar.

Lucía Godoy, académica de la Universidad Andrés Bello, condenó el incidente y, en entrevista con el diario electrónico El Mostrador, no dudó en atribuirlo a la “falta de valores, cultura y educación”, a la vez que lamentó que no hubieran sido detenidos por unos días dado que deben “aprender que lo que hicieron no estuvo bien”. El noticiero de Canal 13, por su parte, responsabilizó a los “nuevos ricos” de este comportamiento vandálico en tierra extranjera. Paralelamente, otros medios y periodistas emitieron opiniones de todo tipo, llegando a admitir pocos matices en el tenor de las críticas, las que fueron replicadas, compartidas e incluso extremadas por gran parte de nuestra ciudadanía. Una crítica pública a la violencia y al desorden que de por sí es claramente necesaria en cada ocasión en que corresponda emitirla, pero que ciertamente no requiere de ese clasismo y provincianismo tan propiamente chileno con que tristemente se acompaña.

Poco ayudó que algunos de los hinchas pidieran disculpas. De un momento a otro todos los involucrados dejaron de ser tratados como personas iguales. Ahora son simplemente delincuentes de la peor clase, subnormales, animales, flaites sin cultura, o tal vez peor aun, “chooligans”, desafortunado término puesto en el titular de El Mostrador, combinando “cholos”, insulto para referirse a las personas de ascendencia amerindia, y “hooligans”, en referencia a los violentos hinchas británicos que alguna vez le dieron más de algún dolor de cabeza a Margaret Thatcher allá en Inglaterra. Y es que, convengamos que, en nuestro sentido de inferioridad, es infinitamente peor ser un chooligan que un hooligan. Los segundos podrán ser violentos y borrachos, pero al menos son blancos, rubios y europeos.

Igualmente penoso resultó ver las reacciones de quienes se quejaban de la vergüenza ante la prensa extranjera y la terrible imagen-país generada por parte de un país con pretensiones de seriedad, donde se acentúa el trabajo y el orden, y que se acerca rápidamente, desde hace ya un par de décadas, a convertirse en un “país desarrollado”. En este contexto, pareciera que no es tanto el ilícito en sí lo peor, sino haber mancillado la honra nacional ante los ojos del mundo. Y es que, ¿cómo un país fuerte y sólido, miembro oficial de la OCDE, puede tener a este tipo de fanáticos? ¿Qué pensarán los otros? A partir de estas preguntas, las airadas reacciones de reprobación adquieren un carácter eminentemente parroquial.

El oprobio ya está irremediablemente hecho y ahora sólo queda lamentar el bochorno y condenar sin vacilación a los autores. Sobre este punto, no deja de ser curioso que quienes más se preocupan de temas de esta índole tienden a ser quienes menos se molestan ante los problemas permanentes que sí son de notoria vergüenza nacional, como el hecho de que seamos uno de los países más desiguales del mundo, o que tengamos una institucionalidad política y social, incluyendo a nuestros sistemas de salud, educación y pensiones, diseñado en plena dictadura y que apenas haya recibido algunos cambios cosméticos desde el retorno a la democracia. Aparentemente, aspectos ‘triviales’ como éstos generalmente no producen una mala imagen-país según los críticos más exacerbados.

Así y todo, Chile continúa vigoroso en el Mundial con una selección nacional compuesta en su mayor parte por jugadores de notorios rasgos mestizos y de comunas eminentemente populares, populares, me atrevería a decir, como Chile mismo. Ese Chile íntimo que emana de nuestras más raíces más profundas, raíces que muchas veces buscamos esconder o ‘superar’, a fin de evitar ser percibidos como de una clase inferior, o bien debido a ese increíble temor a la idea de lo que otros, a quienes casi inconscientemente juzgamos como superiores, puedan llegar a pensar de nuestras faltas.

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Comentarios

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21 de junio

Me parece una crítica muy acertada. Chile se preocupa de tener una “imagen país” al extranjero, pero no se da cuenta que la principal preocupación han de ser temas de fondo internos.

Cristian

21 de junio

BASURA, se nota que eres ingeniero comercial, anda a ganar plata mejor.

22 de junio

a ver si justificas tu comentario, porque leyendo el artículo, lo único parecido a basura es tu comentario

22 de junio

Si hay algo que se infiltra en todas las clases chilenas es la ignorancia, la falta de espíritu cívico y de ciudadano. Que alguna vez tuvimos. El pobre, marginado y resentido reacciona como “chuligán”, el rico y nuevo rico se ha convertido en un arrogante y petulante chileno, prepotente hasta dar vergüenza.
Se necesita con urgencia una Reforma a la Educación y volver a ser nuevamente ciudadanos, aunque seamos ricos o pobres.

22 de junio

Esto es una verguenza y peor aún es como algunos trtan de bajarle el perfil o justificar lo injustificable. Lo mismo pasa en Chile, donde cualquier cosa se puede justificar. Al final, el concepto básico es el respeto y entender que mis derechos terminan donde empieza el de los demás.

Daniela

23 de junio

El típico resentimiento mezclado con un fuerte complejo de inferioridad… triste.
Pensar que anteponer la C en la palabra hooligans es por cholos y no por Chile me parece innecesario. No intentemos restar importancia al vandalismo protagonizado por esos flaites, chulos… chooligans. Es más, merecen el mismo repudio que los delincuentes que destrozaron micros e hicieron cuanta barbaridad se les cruzó por la cabeza “celebrando” el triunfo de nuestro país… Si en Chile se está perdiendo el respeto al orden público y a los compatriotas ¡qué mal!, pero al menos traten de dejar la estupidez en el país. Entrar a la fuerza a un estadio creyendo que su actuar queda validado por el alto costo de las entradas es despreciable, ya que no solo empañó el triunfo histórico de Chile ante España si no que nos dejó en vergüenza ante el mundo.

23 de junio

No falta el que inventa su tesis sociologica “charcha,” Vayan a vender humo a otro lado. Todo el repudio a los chuligans y a sus defensores

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