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Lo ilógico de la exclusión al debate

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Por las redes sociales e incluso en cierto mal llamados debates televisados existen personas que indican algo aproximado a lo siguiente: “no comprendo por qué los hombres debaten en torno al aborto si es un derecho que le compete a la mujer” o “qué curioso de que la discusión acerca de si los homosexuales deben casarse o no se dé entre heterosexuales, lo que es incomprensible”.


Nadie está exento de un problema social. Nos vinculamos mutuamente por lo que ciertos temas nos involucran de uno u otro modo, a no ser que algunos sujetos (aislados) sean unos brutos o sean unos Dioses como bien señalaba Aristóteles.

Pues bien, en primer lugar, tal vez en nuestro país hay una enfermedad crónica afectada por la vasta desigualdad socio-económica en que la segregación se hace parte inherente de nuestra vida diaria, tanto así para apartar a otros individuos de los debates, para así hacerlos funcionar como una especie de “club de membresía”. En segundo lugar, si nos pusiéramos en aquella lógica al principio mencionada, es decir, que para referirse a ciertos tópicos hay que vivir en carne propia esa experiencia lo que sería un dominio exclusivo para determinadas personas. En ese sentido si se discute una ley respecto a la educación universitaria la idea sería por tanto que sólo estuviesen académicos y estudiantes de las diferentes casas de educación superior. Si se discute una ley de impuestos a las bencinas la idea sería que sólo tuviesen el derecho a deliberar los que tienen un vehículo motorizado. O en una ley de igualdad paternal en que sólo tuviesen que fundamentar los que son padres y madres, ya que sus argumentos serían válidos por el solo hecho de pertenecer a esa categoría. Por lo que el resto de las personas ni siquiera posea empatía por el otro, lo que incluso nos da la amarga sensación de creer que seríamos unos verdaderos autómatas. Y en tercer lugar son los mismos que pregonan sobre derechos; se presenta la inconsistencia y omisión de la libertad, en particular, la libertad de expresión, por lo que tales comentarios serían mutuamente excluyentes.

En una sociedad democrática, cuestiono si esos fraseos constituyen opiniones. Más bien parecen ser obsesiones propias de personas amantes de la intransigencia y la insipidez  que se traduciría a sectas “culturales”.

Discutimos porque vivimos en comunidad. En ésta conviven heterogéneas perspectivas de la realidad, en que es necesario la retribución más que una descalificación e invalidación del otro por no pertenecer a un soma con mis caracteres. El aporte de “otros” es menester para separar las pasiones de los argumentos racionales, ya que las primeras, en medio de una deliberación, se pueden escapar de las manos de los constituyentes de un gremio determinado. El mirar desde otro punto de vista hace enriquecedor y controla los subjetivismos que podrían emanar de lo propio.

Por último nadie está exento de un problema social. Nos vinculamos mutuamente por lo que ciertos temas nos involucran de uno u otro modo, a no ser que algunos sujetos (aislados) sean unos brutos o sean unos Dioses como bien señalaba Aristóteles.

TAGS: #Inclusión #SociedadChilena

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Comentarios

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zeus burr

02 de febrero

Estimado, considera usted que la ausencia de “identidad” de los países sub-desarrollados es el detonador de la exclusión al debate?

02 de febrero

Muy bueno el punto que tocas.
Creo que si apuntas al caso chileno es:
– un país sin identidad
– país sub-desarrollado
considero más la segunda, aunque la primera que agregas es una propiedad del pueblo chileno, puesto que se ve impregnado de sub-culturas producto de la globalización y la apertura económica que no va de la mano con el desarrollo cualitativo.
En la segunda el sub-desarrollo lo veo como una consecuencia de ciertos pisos mínimos de derechos sociales, en concreto a la educación. El desarrollo va más allá de un aspecto cuantitativo, vale decir, tener buenos índices de IDH. Va también en la capacidad de respetar y hacer respetar los derechos de otros y la cultura es un aspecto cualitativo y nuestro país carece de eso, ya que la educación está ahí; segregada, de baja calidad, muy cuantitativa y poco integral lo que conlleva a conflictos sociales. Con respecto a latino américa veo que pasa algo similar aunque no te podría dar una respuesta más detallada.

03 de febrero

Hay una frase irónica famosa de Descartes que reza “No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente.”
Que un problema sea “social”, no quiere decir que cualquier integrante de tal sociedad tiene automáticamente la solución al problema. Usted lo ha dicho: podrá tener una opinión, en griego, una “doxa”, pero no una “episteme” o conocimiento. Es mediante el conocimiento que se llega a la solución de un problema, ergo, por ejemplo, ante un problema social como una plaga la solución no está en la multiplicación de la opinión, sino que mediante el conocimiento de la enfermedad llegar a una cura.
En lo personal, creo que actualmente vivimos en la locura colectiva de pensar que quien es el más popular es automáticamente el más idóneo para gobernar, pero esa es la esencia de la democracia.
Si nos ponemos puristas la democracia en sus orígines tenía características que difieren profundamente de la contempóranea: era segregada a cierto grupo particular (varones, de cierta edad y con cierto status social) y bajo modalidades de elección y sorteo.
Estas características tenían su “lógica”. Por una parte aislar el grupo idóneo para ostentar los cargos y por otro impedir la corrupción que se produce con el poder vitalicio.
Actualmente, una de las preguntas que seriamente me hago es ¿son idóneos todos quienes votan en las elecciones a los cargos públicos?
En fin. Divago, aunque mi punto creo que fácilmente puede ser deducido: no creo que a priori en un debate, sobre todo a nivel de políticas públicas, debiese estar permitida la participación de cualquiera, sino que debiese ser la de aquello más idóneos al debate específico. Esto no debe entenderse como un límite a la libertad de expresión, sino más bien como un límite pragmático a la utilidad real que puede tener un debate entre partes que carezcan de conocimiento del tópico en cuestión.

04 de febrero

Estoy de acuerdo con su opinión. El conocimiento no todos los poseen y tampoco así como lo mencioné la experiencia, es esto lo que destaco y hay métodos para alcanzarlo, pero claro, culturalmente hay un poco avance lo que legitima la exclusión, pero por una parte es por el conocimiento y por otra; la experiencia.
Saludos y gracias por comentar.

14 de febrero

Estoy de a cuerdo con el autor.
Si solo pueden opinar los que saben mucho de un tema, se excluye a posibles afectados por las conclusiones de esos temas. Siguiendo el ejemplo propuesto, si se deja elegir la tasa de impuesto a la renta que quieren los que la pagan..¿cual creen que terminaría siendo?
En el caso del aborto es muy dramático, ya que se le entregaría como patrimonio a las mujeres la vida de las personas; si quisieran, se acaba la humanidad, unilateralmente.
El desafío democrático es crear los vehículos e instancias para que todos puedan participar de todos los debates, y no generar islas privatizadas de decisión para grupos oligarquicos.
Saludos

03 de febrero

Don Diego Barrera, no me ha tocado escucharla, pero una afirmación como esta: “no comprendo por qué los hombres debaten en torno al aborto si es un derecho que le compete a la mujer”, que cita, es tan absurda como la del asesino que alega, “no entiendo por qué lo defiendes, si lo estoy matando a él y no a ti” Lo mismo pasa con el concepto del matrimonio. El lazo de sangre es fuente de normas jurídicas. El progenitor debe hacerse pecuniaria y emocionalmente responsable por su descendencia. El término matrimonio es un derivado de dicho concepto jurídico. Eso marca la diferencia entre los términos “matrimonio” y “unión civil”. Los niños provienen de la generación espontánea.

03 de febrero

Estimado:
Hay una mala comprensión por tu parte. Primero la idea principal no es hablar acerca del aborto y del matrimonio. Segundo, es justamente lo que critico; si eso te parece absurdo, a mi también, por eso mi columna se titula: Lo ilógico de la exclusión al debate. Habiendo argumentos no falaces cualquiera puede participar y dar su opinión; esta es la idea central. Los casos son netamente a que no es mutuamente excluyente de participar en el debate por el sólo no ser parte del caso en cuestión, lo que si es diferente que lo hace parte de la casuística.

Sr. Araya Burr

06 de febrero

El problema radica en que la clase política del país (que es la que finalmente participa en los debates de mayor importancia) en su mayoría pertenece a una clase media-acomodada hacia arriba, y al final el debate siempre queda entre ellos mismos. Muy pocas veces se arman comisiones investigadoras con personas que realmente estén sujetas al tema y puedan contribuir. Puede que sientan empatía respecto al tema y a las personas que les afecta, pero por ejemplo por muchos conocimientos que manejen, no están sujetos a la realidad social que pueda tener un obrero o un campesino, y que tengan la facultad de debatir y manejar los hilos del destino de ellos no augura algo muy bueno, o una verdadera solución a cierto problema.

14 de febrero

Gracias por comentar.

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