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Lo bonito que suenan las palabras en derechos humanos

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Hay palabras que suenan bonitas. Muchas de ellas están relacionadas con derechos humanos. Inclusión, visibilidad, empoderamiento, y tantas otras que aparecen una y otra vez en diarios, discursos, incluso en normas, siempre suenan bien y en papel parecen bonitas. Otra cosa es que entendamos lo que significan y cómo aplicarlas correctamente en nuestra vida diaria.


Si vamos a construir una sociedad mejor, habrá que enseñar que los derechos humanos son más que palabras bonitas o aspiraciones, sino que conllevan responsabilidades y obligaciones para todos. Incluyendo a los que beneficia.

Por ejemplo, la palabra “igualdad”. Que linda palabra, pero ¿Qué significa?, ¿Se entiende lo que implica? No. Como tampoco se entiende lo que implica “desigualdad” que para todos tiene una connotación negativa. ¿Se entiende lo que significa? No. No si al mismo tiempo que se habla de un “combate” contra la desigualdad se refuerza la “individualidad” no solo como algo positivo, sino como un fin en sí mismo, ignorando totalmente el hecho que “individualismo” y “egoísmo” (que es la fuente de la desigualdad) son cosas que van de la mano.

La realidad es que no se puede ser individualista si no se es egoísta, y no se puede ver a los demás como “iguales” si se es egoísta. Para ser iguales tenemos que no ser egoístas, o sea, para ser iguales, para tratarnos como iguales, tenemos que renunciar a cosas que incluso podemos considerar parte de nuestra “individualidad”. Complejo asunto.

El no entender lo difícil que es respetar los derechos humanos puede llevar incluso a normas que suenan lindas, pero que su aplicación es nefasta porque plantea ideas contradictorias. Un caso es la Ley de Inclusión. Esta indica, por ejemplo, que el uso del uniforme escolar no es obligatorio porque se considera al uniforme como un inhibidor de la individualidad, asociando erradamente “individualidad” con “identidad”. Pero al mismo tiempo se supone que la Ley de Inclusión lucha contra la desigualdad, sin considerar que precisamente el uso del uniforme favorece a la igualdad. Esto, que parecía hace unos años un discurso retrógrado y mera excusa para mantener atados a los pobres alumnos al feo uniforme, ha ido comprobándose que no es así  en países como Francia, España, y Gran Bretaña, aunque las pruebas no pueden ser más terribles. ¿Cuáles? El epidémico aumento del suicidio juvenil producto del acoso escolar, sumado a los daños sicológicos de las víctimas.

Cada año, según cifras recientes de las Naciones Unidas, se suicidan en el mundo alrededor de 600 mil adolescentes entre los 14 y 18 años. De ellos, más de 300.000 lo hacen producto del acoso escolar que sufren por sus propios compañeros. Pero hablamos de los que han muerto. Las víctimas, sólo en la Unión Europea, son 24 millones. 24 millones de menores de edad y jóvenes. Al año. Lo curioso es que, al estudiar la situación, se ha comprobado que el acoso escolar lo sufren más los alumnos que no usan uniforme que los que sí lo usan. Algo que se ha hecho evidente sobre todo en España, lo que esta llevando seriamente a reconsiderar la medida contra el uniforme, porque la principal causa de acoso es el aspecto, como ratifica el informe de Save the Children del 2016

Pero más interesante aún es el debate que se realizó en Japón, que está embarcado en un proceso de reforma educativa. Se consideró en la década de los 90’s que se sometía a los alumnos a un enorme estrés. Así se aplicó la yutori kyōiku, la “educación relajada” (escuela-sin-meter-prisa-a nadie), basada en la misma idea que inspira a la Ley de Inclusión, o sea desarrollar la capacidad de los alumnos de pensar por ellos mismos. En papel la idea es buena y llevó al 98% de escolaridad. En la realidad, Japón constató que, lejos de solucionar el problema, se han creado otros peores.

El más grave es que la yutori kyōiku fomentó la desigualdad y la mediocridad. No importó la cantidad de recursos invertidos, no importó el esfuerzo con el profesorado: los alumnos son mediocres porque la gran mayoría no estudió al no verse en la obligación de hacerlo, ya que nadie se la impuso, y la mediocridad es fuente de desigualdad, agravando el problema que se resume en la infame fórmula 7 – 5 – 3 de la postguerra: en primaria 7 alumnos de cada 10 entienden lo que se esta enseñando; en secundaria son 5, y en cursos superiores solo 3, los 3 que serán élite. Debido a esto, Japón perdió competitividad, económicamente entró en declive, su sociedad se hizo más conflictiva y tampoco solucionó el problema del suicido juvenil, porque los jóvenes siguieron suicidándose, aunque ahora no por el desafío de estudiar, sino por las agresiones que sufren de sus otros compañeros. Japón tuvo que aceptar que es verdad el viejo dicho que dice “de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno”.

Las palabras en derechos humanos suenan bonitas. Pero no se pueden hacer normas mirando solo el concepto. La filosofía de los derechos humanos no es lo mismo que la aplicación de los derechos humanos. Y eso es lo más difícil de entender. Las medidas que se adoptan mirando los derechos de las personas (que son la mayoría) no pueden hacerse pensando en un potencial beneficio que solo es posible en papel ya que parte de un concepto abstracto fundado en “las buenas intenciones” de los involucrados, al estilo “mano invisible” de Adam Smith.

Si vamos a construir una sociedad mejor, habrá que enseñar que los derechos humanos son más que palabras bonitas o aspiraciones, sino que conllevan responsabilidades y obligaciones para todos. Incluyendo a los que beneficia.

TAGS: #DerechosHumanos #Desigualdad Acoso Escolar

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Comentarios

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05 de marzo

En mi opinión esta sobreexplotación de los “Derechos Humanos” como el gran lema y paradigma universal obedece a mezquinos intereses políticos y económicos. Los derechos de las personas se basan simplemente en no hacer a otros lo que no le gusta que le hagan a uno y punto. La única igualdad que hay que conservar es que todos seamos iguales ante la ley. Lo de igualar recursos económicos entre las personas viene de slogans mas que trasnochados de ideologías fracasadas hace muchas décadas que no tienen nada que ver con derechos humanos. Y el individualismo no tiene ninguna contraindicación para atender los Derechos Humanos siempre y cuando se entienda que la libertad de un individuo termina justo antes de perjudicar la libertad de otro.

Pero esta sobreexplotación del tema sí puede ser muy dañino. Los chicos actualmente hasta se suicidan por burlas escolares que en generaciones anteriores no tenían tanta significancia en la vida de la gente. Hay grupos sociales dispuestos a asesinar por atropellos a lo que ellos entienden como derechos humanos.

En fin, lo que ahora se pregona sobre Derechos Humanos es un cuento absolutamente creado y manipulado por intereses políticos.

Saludos

06 de marzo

Así planteado, igualdad y desigualdad están relacionados a maldad y bondad, porque si el acoso genera suicidios, suicidios genera la maldad del acoso.

Y vaya que somos malvados. Nos gusta lo diferente, pero, que no sea tan diferente. Por eso el dicho japonés: si eres diferente, atraes problemas.

Luego, todo el daño que se ocasionan las personas por sus diferencias, proviene de la maldad. Una maldad provocada en gran medida por falta de conocimiento y por un asunto de supervivencia.

Por eso se les dice a los niños: No sea malo con su compañero, porque es más pequeño, porque le cuesta ver, o no camina o corre tan rápido como tú, o porque no entiende las materias.

En resumen: NO SEAS MALVADO…

Entonces, esta sociedad malvada que genera niños malvados, ¿podría ser capaz de mirar a otro ser humano como igual y comportarse con él o ella de una forma que el otro-otra no sufra su maldad producto de las diferencias?

No… Fundamentado está que somos malos, en resumen, perversos.

Además, claro está que SOMOS DIFERENTES.

Hemos mezclado el hecho de ser o pertenecer a una misma especie, con creer que somos iguales.

Recordemos que las especies se dominan unas a otras. Que el ser humano las domina a todas y que entre seres humanos o seres de una especie, también hay seres dominantes, unos que conducen las manadas, otros que las alimentan y otros que las asedian…

Más realista sería: “Los seres humanos nacemos esclavos del sistemas y diferentes”…

06 de marzo

Luego, tal vez el tema sea la solidaridad y la justicia relacionada a ella.

Sea solidario con su compañero, porque es más pequeño, porque le cuesta ver, o no camina o corre tan rápido como tú, o porque no entiende las materias. Sostenlo, condúcelo, espéralo, enséñale…

Tiene sentido, porque si aspiramos a ser solidarios unos con otros, las relaciones humanas podrían ser mejores.

Aparte de ello, se necesita un sistema también solidario que reparta bien lo que se tiene de manera que todos toquen de una forma justa.

De esto se puede decir que la antisolidaridad la promueve el sistema político, el económico y la manada de congresistas que no soluciona el problema.

Además, que la promueve el conocimiento humano. Luego, por este lado se hace necesario “bien educar” a las personas en torno a las relaciones humanas. Léase la Biblia para mejor comprensión y profundizamiento de la idea.

Para lo anterior, se hacen necesarios una serie de cambios, porque hay personas que dicen que no tienen dinero para el uniforme. Otros, compran uniformes de baja calidad, aunque sea uniforme.

Entonces, ¿el sistema puede proveer uniformes?. Podría si quisiera, pero, no quiere. De hecho, tampoco quiere simplificar la industria del sistema educativo y pareciera que por donde hay que atacar el problema es por medio de una vía política que mejore los sistemas y al mismo tiempo instaure un régimen democrático basado en la razón.

Si lo queremos, podemos lograrlo, pero …

Juan Valenzuela

24 de marzo

Reflexioné un rato por qué estoy en desacuerdo con varias de tus columnas y comentarios. La razón es que veo que buscas respuesta a tus hipótesis con argumentos puntuales, sin ver el cuadro general.

Por ejemplo, el egoísmo si es necesario para la igualdad porque te permite reconocer tus necesidades personales y comunes al grupo al que perteneces. La igualdad es que respeten nuestros derechos como a los otros pese a nuestras diferencias.

Y en lugar de decir que la solución a la problemática del aumento bullying y los suicidios juveniles es mantener los uniformes, deberías concluir que se respete la dignidad humana promoviendo la celebración de nuestras diferencias (o semejanzas) naturales.

De los 600 mil adolescentes que se suicidan la población de mayor riesgo es la LGBT y no nos podemos “sacar” el uniforme gay ni tampoco cambiar nuestra expresión de género.

Es cierto que no se deben aplicar leyes sin entender el impacto de estas, sea cual sea. Pero para entender hay que ver la realidad aplicada (y no datos solos) y las razones de ella. Ni el uniforme es el problema ni la aplicación irreflexiva de los DDHH, el problema somos nosotros, adultos, que seguimos discriminado por diferencias. Me a pasado toda mi vida y lo veo en la realidad.

Y por último, esta es la eterna discusión del derecho es si se deben crear las leyes para cambiar una realidad injusta o no.

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