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Las batallas del laicismo en el Chile del siglo XXI

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el laicismo más que un concepto, es una forma de vida, basada en la experiencia humana, en la tolerancia, el libre examen, la libertad, la igualdad, la fraternidad, el progresismo y la democracia, llevándonos estos mismos principios laicos a dar una constante y gran lucha, que es la búsqueda de una sociedad justa, progresista y fraternal

En el nombre de Dios y de la Patria se abre la sesión, con esta frase pronunciada por la Presidenta del Senado, Sra. Isabel Allende Bussi, comenzaba el cambio de mando mediante el cual Michelle Bachelet daría inicio a su segundo período como presidenta de la República el 11 de marzo de 2014.  89 años antes, un día 30 de agosto se realizaba un plebiscito para aprobar la Constitución de 1925, mediante la cual se logró su aprobación y la separación de la Iglesia y el Estado… Algo no cuadra.

El laicismo es definido por la Real Academia Española como la “doctrina que defiende la independencia del hombre, de la sociedad, y más particularmente, del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa” por tanto, desde este punto de vista, podríamos decir que desde el año 1925 con la dictación de la Constitución, Chile es efectivamente un país laico. Sin embargo, debemos tener en consideración que el concepto que nos entrega la Real Academia Española, a mi parecer, es algo acotado y prefiero señalar que el laicismo más que un concepto, es una forma de vida, basada en la experiencia humana, en la tolerancia, el libre examen, la libertad, la igualdad, la fraternidad, el progresismo y la democracia, llevándonos estos mismos principios laicos a dar una constante y gran lucha, que es la búsqueda de una sociedad justa, progresista y fraternal, que dicte una enseñanza laica, aconfesional, con instituciones públicas imparciales, garantes de la dignidad de la persona y los derechos humanos, sin exclusiones religiosas, raciales, de origen, políticas, sexuales, en conclusión, de ningún tipo.

Ya teniendo una noción un poco más concreta, más allá del recuerdo, de lo que es el laicismo, es posible sostener que la primera victoria del laicismo fue en la redacción de la declaración de independencia, cuando el Director Supremo, don Bernardo O’Higgins refutó a que se hiciera en su texto alusiones de carácter religioso, dado a que “podía chocar algún día con nuestros principios políticos… los países cultos han proclamado abiertamente la libertad de creencias… Proclamar en Chile una religión excluyente significaría prohibir la emigración hacia nosotros de una multitud de talentos y brazos útiles que abundan en el otro continente” y la última gran victoria en favor de la libertad de conciencia fue la nueva Ley de Matrimonio Civil del año 2004, donde se estipuló el divorcio vincular.

Sin embargo ¿Fuera de la separación formal entre Iglesia y Estado en Chile, existe una separación material?

A continuación enumeraré algunos hechos plenamente vigentes en nuestro país  que nos darán una respuesta:

Oficialismo religioso católico en la Fuerzas Armadas y de Orden, existencia de capillas católicas en instituciones del Estado, enseñanza religiosa católica en las escuelas públicas, ceremonias religiosas oficiales en organismos públicos, simbología católica en entidades del Estado, aportes del erario fiscal para construcción de infraestructura religiosa, concurrencia con poderes y recursos del Estado a actividades internas de la Iglesia Católica (investiduras cardenalicias y proclamaciones de santidad), capellanías con cargo fiscal, liturgias en horarios de trabajo en la administración pública, aportes a entidades educacionales donde el evento pedagógico se declara manifiestamente para asentar la fe propia, y asignación de terrenos fiscales para construir lugares de culto.

Pero esto no es lo único, si hablamos de libertad de conciencia es necesario también estipular como banderas de lucha del laicismo en el siglo XXI; el aborto, el matrimonio homosexual, la eutanasia, la despenalización de la marihuana y la derogación del decreto N° 924 que obliga a la realización de clases de religión en los colegios.

Como vemos aún existen muchas banderas de lucha para el laicismo, no siendo este solo parte de la historia de Chile, sino que es algo vigente y que cada día retoma la fuerza que tuvo cuando los que tomaron sus banderas fueron grandes hombres como O’Higgins, Bilbao, Santa María, Aguirre Cerda y Allende entre otros.

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Comentarios

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Rodrigo Riveros Brondi

09 de julio

Sin duda que el laicismo que tanto pregonaron los ilusos de los años 25′ fue una ficción jurídico-constitucional, una victoria ganada en el papel y no en los hechos. Llevamos 89 años desde aquel entonces, y aún seguimos iniciando las sesiones en nombre de dios, y aún nos obligan a jurar en la Corte como futuros abogados.

Hay un problema más profundo que estrictamente legalista: Un problema de cultura. Está bien visto que dentro de un colegio público exista un rincón dedicado al catolicismo, que dentro de los hospitales exista una parroquia, que incluso dentro del mismo Palacio Presidencial exista una. La pregunta del millón sería ¿Cómo podemos armonizar nuestro profundo laicismo como forma de vida, en contraposición con lo que el pueblo de Chile cree que es lo correcto? Si lleváramos al pié de la letra nuestro compromiso laico quitando los símbolos religiosos de las instituciones públicas, y considerando que, estrictamente a modo de ejemplo, se realice un plebiscito consultando ello, y más del 80% del país diga que está en contra de la medida, ¿Qué haremos?

Eso, a fin de cuentas, es gobernar. Es decirle a unos, que hay otros que tienen prioridad y/o que merecen nuestro respeto. Y para llegar a ello, para llegar a un completo laicismo de parte de las instituciones del Estado, primero, se debe lograr un proceso educativo y cultural profundo, y que al fin se puedan dividir y separar las cosas. Para que la gente entienda de una vez por todas que no se encuentran bien “gracias a dios” ni que “si dios quiere” haré determinada cosa. Eso que lo crean en su intimidad, en su privacidad, somos libres para creer en lo que queramos, pero no dentro del marco de la tolerancia y el respeto que debiese emanar de una institución del Estado.

Como dijo don Pedro Aguirre Cerda “Gobernar es educar”. Como seguimos diciendo los radicales, después de 75 años : “Gobernar sigue siendo educar”

Un abrazo cordial y fraterno.

Rodrigo Riveros B.
Ayudante Dº Politico y Constitucional
Presidente Grupo Universitario Radical UCEN

Marcelo Balboa Rocha

17 de julio

Interesante artículo e interesante también el cometario. Se podrá decretar que el Estado es laico. No obstante la laicidad de los gobernantes, hasta ahora, sigue siendo un aspecto personal. El Estado es laico, aún cuando los gobernantes sean creyentes. Basta revisar cuantas veces el anterior presidente invocaba a su dios en sus discursos y el volumen del erario fiscal destinado a financiar capellanías. Esto sucede porque no se opera políticamente con un concepto laicista. Además los medios de comunicación otorgan una artificial cobertura a los comentarios de obispos y cardenales, incentivando por esa vía la mantención de un igualmente artificioso estatus de opinión.

Saludos.

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