La silenciosa transformación cultural de Chile

Chile, al igual que América Latina en general,  históricamente se constituyó bajo un patrón de relación verticalista-paternalista cuyo origen social se encuentra en la hacienda en la que la relación entre el patrón y el peón se guiaba por una serie de prestaciones sociales-laborales en pos de protección y sustento.

Este tipo de relaciones se ha ido perpetuando en el tiempo y fijando posiciones sociales entre las personas que permiten establecer vínculos y relaciones sociales bajo un patrón verticalista en el que cada cual “sabía qué lugar tenía que ocupar en la sociedad”, lo que permitía que las relaciones sociales fluyeran sin mayor cuestionamiento. Ejemplo de ello es la sanción moral y social que se imponía a las personas que trasgredían estos códigos, como la niña de buena familia que se enamoraba del obrero o la empleada que se casaba con el patrón de la casa.

Esta forma de relación era sustentada por una sociedad fuertemente desigual, ligada a adscripciones heredadas. En el marco del desarrollo de una sociedad de mercado, que ha tenido un fuerte crecimiento de la clase media, este modelo pierde sustento, la ventana que abre el desarrollo económico es la posibilidad de movilidad social y de ser más mediante el propio esfuerzo personal. Por lo tanto, abogar por posiciones sociales prefijadas de antemano parece estar volviéndose algo anacrónico en nuestra sociedad.

Esto explica la fuerte polémica que se ha establecido a propósito del condominio de Chicureo y su trato a las empleadas domésticas. Da cuenta de que como sociedad estamos cada vez más dispuestos a cuestionar este patrón de relación jerárquico que durante mucho tiempo fue fundamento cultural de nuestras relaciones sociales.

Es así como la desigualdad en el plano material hoy no es sinónimo de desigualdad en el plano de las relaciones sociales, donde se “exige” una relación horizontal y donde un grupo de personas cuestiona fuertemente a quienes develan de manera abierta este trato desigual. Es así como los vínculos sociales se van rearticulando bajo nuevos códigos, que pueden desencajar a varios por no compartirlos, por ende, la relación con el distinto se vuelve conflictiva, tensa, al no saber cómo tratarlo o encasillarlo. 

Algo tan cotidiano como nuestra forma de relacionarnos con otros está mostrando un tremendo cambio cultural, al que no todos asisten de la misma manera ni les genera las mimas reacciones. Estamos en un momento de cambio en la forma de relacionarnos y esa impredictibilidad del otro suscita variadas reacciones en la que el miedo se hace frecuente, lo que limita las posibilidades de encontrarnos o establecer vínculos con los extraños.

Y a pesar de que no todos comparten esta forma de relación –por algo nos encontramos con muchas Inés Pérez en la vida cotidiana- una interpretación posible que nos deja este acontecimiento es que una clásica figura latinoamericana como es la relación patrón- empleada se reformula en función de buscar un trato igualitario  y digno para todos, al menos por una parte de la población.

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Foto: Bradanovic.blogspot.com

maria paz trebilcock